Alvaro
Contreras
Nació en El Mineral de Cedros en 1839. Bachiller en
Filosofía en la Universidad Central de Honduras. Fue
redactor del periódico que dirige Celeo Arias. Trabajó
como Jefe de Sección en 1862 durante la administración
de Victoriano Castellanos. Fue nombrado Redactor
Oficial de "La Gaceta". Expulsado de
Honduras por la administración del General José María
Medina. Se radica en San Salvador. Secretario privado
del General José Trinidad Cabañas. Emigró a Panamá
y fundó el periódico "El Centroamericano".
Se radicó en Costa Rica y se desempeña como profesor
del Colegio de San José. En 1865 trabajó como
periodista en La Gaceta Oficial y en La Estrella de
Irazu en la República de Costa Rica. Fundó el periódico
llamado "El Debate". Electo diputado en
Costa Rica, redacta un proyecto de Constitución. Se
asentó en San San Salvador en 1871. Electo diputado
por Chalatenango en 1872. Trabajó como redactor del
El Boletín Oficial y fundó el periódico "La
Opinión". En 1875 creó el periódico "La
América Central". En 1876 se domicilió en la
ciudad de León, República de Nicaragua y funda el
periódico "La Libertad". Expulsado de
Nicaragua se trasladó a Panamá. En 1882 regresó a
El Salvador. El 15 de septiembre de 1882 el presidente
salvadoreño Rafael Zaldivar lo designó para
pronunciar el discurso en el acto solemne de la
inauguración del Monumento en Memoria del General
Francisco Morazán en San Salvador. Se casó con
Manuela Cañas y falleció el 9 de octubre de 1882.
PREMIO ALVARO CONTRERAS
DECRETO No. 34
El Congreso Nacional
Decreta:
Artículo 1o.- Facultar al Poder Ejecutivo para que
haga imprimir por cuenta del Estado la obra científica,
política y literaria del eminente orador
centroamericano, don Alvaro Contreras.
Art. 2o.- La obra publicada en número de tres mil
ejemplares, corresponderá al Estado para su
distribución en los centros docentes del país.
Art. 3o.- La persona que haga la compilación será
gratificada con un mil pesos plata, que erogará la
Tesorería General de Instrucción Pública.
Dado en Tegucigalpa, en el Salón de Sesiones, a los
quince días del mes de febrero de mil novecientos
veintiséis.
V. CALLEJAS
Presidente
G. A. CASTAÑEDA S., J. M. ALBIR,
Secretario Secretario
Al poder Ejecutivo.
Por tanto: Ejecútese.
Tegucigalpa, 18 de febrero de 1926.
M. PAZ BARAONA
El Secretario de Estado en el Despacho de Gobernación,
Justicia y Sanidad.
José María Casco
DISCURSO PRONUNCIADO ANTE LA
ESTATUA DE MORAZÁN POR ALVARO CONTRERAS
"Estamos en presencia de la personificación en
bronce del primer héroe centroamericano.
El cincel del artista ha venido a inmortalizar la
noble imagen del hombre extraordinario que por
maravillosa manera supo improvisarse el señor de la
victoria, el numen del patriotismo, el genio de la
libertad, el inmortal favorito de la guerra.
Desde que Morazán entre en escena deja de ser un
hombre para convertirse en una misión.
Su figura gigantesca no se puede medir por la falta de
los caudillos, porque ha venido de lo ignorado con la
fuerza prodigiosa de un destino que deslumbra, que se
impone para realizar una grande idea, para ser el alma
de un sistema, para luchar y morir por la
transfiguración de un pueblo.
Esa idea es la unificación compacta de la
nacionalidad centroamericana.
Ese sistema es el gobierno de la libertad, organizado
en instituciones que promueven la constante ascensión
del hombre hacia una vida superior.
Esa transfiguración es la imagen de la Patria
engrandecida por el desarrollo integral de todas sus
fuerzas, de todas sus facultades, de todos sus
elementos de perfección y de poder.
Suprimid el genio de Morazán, y habréis aniquilado
el alma de la historia de Centroamérica.
Sin la acción del héroe desaparece el drama de
nuestra vida nacional.
Sin ella no es posible hallar clave de filosófica
expresión al biografía de la familia
centroamericana.
Protagonista de una gran tragedia, nuestro gran Capitán
se destaca fascinador desde su primer campo de
batalla, de donde se le ve en todas partes, llevando
sobre su frente aquella aureola de los predestinados
que se hacen sentir de un modo misterioso pero
formidable.
El es el sol que se alza en el Oriente de nuestra
existencia como nacionalidad emancipada.
Desde su aurora hasta su ocaso, no es posible verle
con el ojo sereno de la indiferencia.
El no puede menos que causar deslumbramientos.
En unos, el éxtasis profundo de la admiración.
En otros, la insania de la cólera desesperada por su
impotencia.
En los espíritus jóvenes y sedientos de progreso,
ese deslumbramiento es algo como los embelesos de
ideal que llena la imaginación de pintorescas
ilusiones.
Es algo como las perspectivas lontananzas de lo
porvenir, en que las palmas y las coronas de la gloria
forman la primera visión de la almas elevadas.
Por eso el General Morazán es saludado, en acordes de
admiración y simpatía por el partido de la libertad,
desde que se revela como el genio tutelar de la
revolución emancipadora, como el apóstol armando del
pueblo que quiere adelantar, como el reformador que
necesita la sociedad para destruir los errores y las
iniquidades que rebajan su naturaleza.
El último disparo del triunfo en el campo de La
Trinidad, al Sur de Honduras, le proclaman por decreto
de la Providencia, el más eximio representante de la
Patria en sus ardientes impulsos de civilización y
libertad.
¿En dónde aprendió la táctica, en dónde de la
estrategia el que tan alto levantó el pedestal de su
fama en una rápida carrera de triunfos inmortales?
Morazán se hizo táctico y estratégico en presencia
de sus enemigos, al vencerlos.
El tenía el arte de la guerra escrito en el libro
invisible de su genio, que reveló sus páginas al
mundo en constantes y maravillosas instituciones.
El General Morazán vuelve de Guatemala con su cabeza
coronada de laureles y se oculta modestamente en el
silencio de su hogar.
No tiene mando alguno cuando la Patria Vieja, la
Patria Grande le aclama como Presidente de la República
Federal de Centro América.
Gobernante de una gran Federación, descuella como el
más avanzado reformador de su tiempo en la América
Española.
Ningún héroe, ningún patriota, ningún repúblico
ha muerto con más fe que Morazán en el progreso
indefinido de la libertad.
Ninguno, que yo sepa, ha pedido a la juventud que
imite su ejemplo sublime de sacrificarse por la
patria.
El se declara inculpable y sin rencores en presencia
de sus verdugos, y con acento de apocalíptica
tristeza afirma que los últimos latidos de su
poderoso corazón se llevan a ultratumba su invencible
amor a Centro América.
El patíbulo del General Morazán es para él una
luminosa transfiguración; es "esplendente nube
en que puso firme el pie para remontarse al
cielo".
¡JUVENTUD, a quien el prócer encomendó la coronación
de sus esfuerzos malogrados! Apercíbete a desarrollar
con valentía los gérmenes de nuevas creaciones y de
vida nueva que llevas en tu alma, porque la sombra de
Morazán estará moviéndose inquieta hasta que un espíritu
de los suyos vuele como la paloma de Noé, llevándole
el mensaje de la resurrección de la Patria, mientras
llega la procesión de los nuevos mártires que deben
ir a confundirse con él en la inmortalidad."