Introducción: La Europa
del siglo XVI
LA
EXPANSIÓN EUROPEA HACIA AMÉRICA.
La expansión de los europeos hacia el continente americano
no fue el resultado de casualidades de la historia, sino que el
fruto de la situación de Europa a finales del siglo XV.
La
Toma de Constantinopla por los turcos (u otomanos) en 1453, provocó
un serio revés a las actividades comerciales que los Estados
europeos mantenían con Oriente. De allí, la necesidad
de buscar nuevas rutas comerciales que permitieran restablecer
esas relaciones económicas.
Fueron
los portugueses y los genoveses, quienes emprendieron viajes marítimos
(antes que los españoles, holandeses e ingle¬ses) para
explorar por el Mediterráneo y el Océano Atlántico,
por las costas de Africa. En este continente, empezaron las redadas
de, africanos, impulsando el tráfico de esclavos.
Desde
los siglos anteriores, en medio de las relaciones feudales,
se fueron incrementando un nuevo tipo de relaciones económicas,
nuevas formas de producción y de explotación de recursos
humanos y naturales, lo cual estimuló el comercio.
Entre.
las circunstancias que propiciaron la expansión europea hacia
América, podemos mencionar:
1.
Desde el siglo XIII, se estrecharon las relaciones comerciales
entre Europa y Asia. El intercambio comercial entró en un
proceso de crecimiento en los siglos posteriores. Esta situación
fue bruscamente alterada en 1453, con la Toma de Constantinopla.
Esto, creó la necesidad de encontrar nuevas rutas comerciales.
2.
Los avances en las ciencias y las artes, estimulados por el Renacimiento
(movimiento cultural), reafirmaron las concepciones geográficas
y el perfeccionamiento de instrumentos de navegación.'
Esta
percepción del mundo, dio un fuerte impulso a ciencias, las
cuales se fueron desembarazando de las ataduras escolásticas,
las cuales dominaron el pensamiento medieval en Europa durante más
de mil años. Los intentos de navegar por el occidente para
llegar a Catay (China), India, Cipango (Japón) y otras partes
de Asia, no eran, recientes. Pero fue una tarea apremiante a mediados
XV, por las circunstancias políticas que. afectaron el marítimo
por el Estrecho del Bósforo hacia Oriente.
3.
En el s. XV, en el seno de muchas sociedades europeas incrementaron
las relaciones de producción capitalista producción
mercantil y la actividad comercial adquirió un mayor desarrollo,
expresado en: la intensificación comercio, aumento del consumo
de productos elaborados y la ampliación gradual de los mercados.
Esto, implicó creciente necesidad de más recursos
y mercados.
4.
El avance del capitalismo en los siglos XV y XVI, consigo el aumento
de las diferencias sociales y la formación de nuevos sectores
y clases sociales. Algunos se
de la nobleza europea se fueron fusionando con la emergente burguesía
comercial. Se inició la proletarización una porción
de la población rural; y después, el empobrecimiento
de sectores sociales del campo y la ciudad. En s. XVI, las presiones
demográficas y sociales en Europa, tuvieron su válvula
de escape en la migración hacia América, ampliando
los procesos de conquista y colonización europea en este
continente.
5.
La grave situación comercial y económica en que q
sumida Europa, tras su aislamiento de los centros comerciales de
Oriente, al quedar Constantinopla en manos
los turcos. Con el decaimiento del intercambio comercial, se produjo
también una alteración sustancial de las actividades
manufactureras en las ciudades donde era un importante rubro. El
movimiento, comercial que abarcó desde Segovia, Medina del
Campo (en la península Ibérica, Londres, Bristol,
Flandes, Hamburgo, Novgorod, M Florencia, Venecia, Génova,
etc... hacia otros centros comerciales asiáticos, fue afectado
seriamente al ser obstaculizada una de las principales vías
de acceso marítimo y terrestre entre Europa y Asia. ,
En
estas circunstancias históricas, los europeos buscan estabilidad
de sus sociedades mediante el fortalecimiento sus economías,
a través del restablecimiento de las relaciones con Oriente,
interrumpidas por la Toma de Constantinopla.
Pero
de todos los países Europeos ¿porqué España?
A
principios del siglo VIII no existían ni Portugal ni España;
de hecho se encontraban divididos en pequeños feudos en una
etapa inicial de feudalismo, hecho que fue aprovechado por los musulmanes
para invadir y tomar la península. A partir del año
718 se inicia el proceso de reconquista. Importante para ello fue
la unión de los reinos más grandes de España,
Castilla y Aragón, que unificaron también el resto
de los reinos y enfrentaron a los árabes en una campaña
que culmina el 2 de enero de 1492 con la caída del Emirato
de Granada.
Castilla
jugó un papel importante en la reconquista: llegó
a ocupar dos de las tres partes de la península. Los bienes
y propiedades de eclesiásticos y señores feudales
aumentaron considerablemente; las estructuras económico sociales
tuvieron cambios importantes a partir del siglo XIII; de la misma
manera Aragón tuvo un proceso de acumulación similar.
En ambos reinos el incremento de las relaciones monetario mercantiles
les llevó a ocupar un importante lugar en el comercio europeo.
Sin embargo el proceso de reconquista había endeudado al
país y detenido el desarrollo mercantil. Aunque había
mucha tierra no había quien la trabajara ya que la mayoría
de los hombres eran soldados desmovilizados, no campesinos. La única
solución era obtener colonias pero…¿Dónde?
Ante
esta quiebra económica es posible que los reyes hayan visto
una alternativa de “todo o nada” en el negocio que propuso el Almirante
Colón a la Corte Española: financiar un viaje sin
garantías de éxito.
EL
PROYECTO COLOMBINO
¿Conocía
Colon América antes de 1492?
H
ay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo
de las Capitulaciones, de que Colón, cuando elaboró
su plan descubridor, sabía más de lo que decía.
Tal convencimiento, que se extendió ya desde el principio
entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con el
llamado "Predescubrimiento de América". Parece
que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó
de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias,
algo trascendental, que él califica de "milagro evidentísimo",
le sucedió, si hacemos caso a sus palabras: "Me abrió
Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era
hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió
la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine
a Vuestras Altezas".
Los
defensores del predescubrimiento de América sostienen que
ese algo trascendental, repentino y milagroso que le sucede a Colón
en cualquier momento de estos años fue que alguien, con conocimiento
de lo que decía, le informó de la existencia de unas
tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba
detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales,
sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias.
Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o
castellano (la conocida como "leyenda del piloto anónimo")
que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta
las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró
con Colón, le informó y murió.
Según
otra teoría, la información colombina procedería,
no de un europeo, sino de algún grupo indígena que
en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado a desviarse
océano adentro hasta encontrarse con Colón. Ambas
teorías coinciden en señalar que tal encuentro debió
producirse a bastantes leguas al Oeste de las Canarias, Azores o
Madeira, en una zona que por aquel entonces frecuentaba. Cristóbal
Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir
aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar
su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era
cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante
los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.
Las
Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492)
Después
de muchas tentativas de que intercediera favorablemente de nuevo
el monasterio de La Rábida y fray Juan Pérez, los
Reyes Católicos, en un acto personal, no científico,
decidieron respaldar el plan colombino. El 17 de abril de 1492 se
firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato, que
estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón
haría el viaje descubridor. El documento tiene dos partes,
un preámbulo sorprendente que dice así: "Vuestras
Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna
satisfacción de la que ha descubierto en las Mares Océanas
y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas
en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen". Ese
"ha descubierto" es, para los partidarios de la teoría
del Predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón
se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en el océano
que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de
lo cual estos le corresponden dándole una serie de privilegios,
que forman la segunda parte del documento:
1º)
El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario,
en todo lo que descubra o gane, y según el modelo del almirante
mayor de Castilla.
2º)
Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra
o gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir los cargos en
las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.
3º)
La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en
su almirantazgo.
4º)
Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda
resolver él o sus justicias. Este punto nunca se cumplió
porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.
5º)
El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier
armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios.
Con
este documento capital y otras mercedes, se dirigió a la
villa de Palos a preparar la flota descubridora.
Los
preparativos - Los preparativos del viaje de Colon (1492)
Entre
los documentos expedidos por los Reyes Católicos el 30 de
abril de 1492 podemos destacar una provisión dirigida a los
vecinos de Palos de la Frontera, que les ordenaba servir con dos
carabelas durante doce meses, en virtud de unas penas impuestas
con autoridad.
El
costo de la expedición fue estimado en 2.000.000 de maravedís,
más el sueldo de Colón. En contra de la idea popular
de que fue sufragado por «las joyas de Isabel la Católica,
hemos de aclarar que la mitad de dicho dinero lo prestó el
ya citado Luis de Santángel con fondos de la Santa Hermandad,
la cuarta parte la aportó el mismo Colón -que a su
vez los pidió prestados-, y la cantidad restante probablemente
la derramaron banqueros y mercaderes italianos residentes en Andalucía.
La
provisión del 30 de abril de 1492 fue leída el 23
de mayo de dicho año en la iglesia de San Jorge, en Palos,
en lo que podemos considerar el principio de la cuenta atrás
de la partida de la expedición.
Asimismo,
Colón comunicó las órdenes reales que traía
para las otras autoridades de los demás puertos del Atlántico
andaluz, conminándoles a que le auxiliasen en cuanto fuera
menester.
De
todas formas, ni los hombres de Palos de la Frontera, ni los de
los demás puertos se mostraron dispuestos a prestarle su
colaboración. ¿Por qué? Por dos motivos, fundamentalmente.
Por el objetivo indeterminado del viaje y, sobre todo, por el hecho
de que Colón fuese desconocido para los marineros de la zona,
lo que hacía que no confiasen en absoluto en él.
En
estas condiciones, resultó fundamental la ayuda que le prestaron
los hermanos Pinzón, cuya amistad le procuraron los monjes
de La Rábida. Los Pinzón eran marinos que habían
ganado grandes riquezas y prestigio como comerciantes de salazones
-desde los mares del norte hasta Italia-, como corsarios e, incluso,
por haber participado en las recientes guerras contra Portugal.
Colón también contó con la ayuda de los Niño
y de los Quintero.
Martín
Alonso Pinzón tuvo una intervención tan decisiva tanto
en la recluta de hombres como en la de barcos que Colón le
prometió que partiría con él las ganancias
de la expedición.
Si
bien Colón mandó embargar unos barcos en Moguer, no
los debió utilizar. Al parecer, fue Martín Alonso
Pinzón quien contrató los barcos definitivos, pues
él conocía bien las condiciones de los navíos
de la región, y hasta es posible que los hubiera tenido a
su servicio.
Como
es conocido, la expedición partió con tres barcos,
dos carabelas y una nao, sí, una nao (una flota de configuración
similar a la utilizada por Bartolome Dias en 1487-1488).
La
nao era La Gallega, rebautizada como la Santa María, propiedad
de Juan de la Cosa, natural de Santoña, pero vecino del Puerto
de Santa María. La carabela de menor tonelaje era la Santa
Clara, rebautizada como La Niña, propiedad de Juan Niño,
vecino de Moguer, y la pagaron los vecinos de Palos. La Pinta era
de Cristóbal Quintero, vecino de Palos, y probablemente fue
requisada, pues sabemos que su dueño iba en el viaje «de
mala voluntad». Sobre las características técnicas
de estos barcos, hemos de decir que hay estimaciones bastante divergentes,
entre otras razones, porque a veces es difícil señalar
las equivalencias entre las medidas antiguas y las actuales.
La
Santa María tenía una eslora de 29 metros, tres palos,
velamen redondo y un tonelaje que Morrison estimó en más
de 100 tm. de arqueo -capacidad de carga de 100 toneles-, y que,
en cambio, Molinari afirmó que era de 325 tm. Fue comandada
directamente por Colón, su contramaestre fue Juan de la Cosa
y los pilotos Sancho Luis de Gama y Bartolomé Roldán.
La
Pinta tenía una eslora de 22 metros, tres palos, velamen
redondo y la mitad de tonelaje que la Santa María, aproximadamente.
Fue capitaneada por Martín Alonso Pinzón, el contramaestre
fue su hermano Francisco Martín Pinzón y el piloto,
Cristóbal García Sarmiento. La Niña tenía
una eslora de 24 metros, desplazaba un tonelaje algo menor que el
de La Pinta. Tenía tres palos con velas latinas, pero fueron
cambiadas en la escala de Canarias por otras redondas. Fue mandada
por Vicente Yáñez Pinzón, su contramaestre
fue Juan Niño y el piloto, quizá, Pero Alonso Niño.
En
total, según las informaciones de Alicia Gould, partieron
87 tripulantes, cuya identificación es segura, y otros 9
marinos sobre los que se tienen dudas. No obstante, otros investigadores
han elevado la cifra de expedicionarios hasta 120 hombres.
En
su mayor parte, los tripulantes eran andaluces, de Palos y localidades
vecinas, aunque había algunos vascos y hombres de otras procedencias.
También resulta destacable que viajaron cuatro penados -un
homicida y tres acusados de cohecho- porque su existencia, y con
una generalización abusiva, ha hecho que algunos estudiosos
digan que España, desde el primer viaje, envió a América
a individuos marginales de su sociedad. Asimismo, podemos reseñar
que la expedición contó con un médico, un cirujano,
un escribano, un intérprete que conocía el árabe
y el hebreo; y que, en cambio, no se embarcó ningún
sacerdote, lo que ha dado lugar a toda una serie de disquisiciones
sobre los objetivos del viaje y la mentalidad de Colón.
Primer
viaje de Colon: Mayo-Agosto, Palos: 23 de Mayo
El 23 de mayo de 1,492, los vecinos de la pequeña villa de
Palos fueron
convocados en la iglesia parroquial de San Jorge, donde en presencia
de Colón y fray Juan Pérez se leyó la orden
real. El pueblo de Palos era requerido para abastecer y armar dos
carabelas, a fin de que Colón pudiera salir donde los soberanos
le enviaban. La Corona pagaría por anticipado cuatro meses
de sueldo a las tripulaciones, en la cuantía normal para
la navegación de altura.
Se
consiguieron la Pinta (de Gómez Rascón y Cristóbal
Quintero) y la Niña (de Juan Niño). Seguramente fue
Juan Pérez quien atrajo a la causa a los hermanos Pinzón,
pertenecientes a una antigua familia de marineros y armadores de
Palos. Las tripulaciones afluyeron incluso para la tercera unidad,
la nao la Gallega ( de Juan de la Cosa), fletada por Colón
y rebautizada con el nombre de Santa María. Tanto Santángel
como Colón pidieron considerables cantidades de dinero a
préstamo.
Una
circunstancia que contribuyó a retrasar el viaje fue la expulsión
de los judíos. En principio se había decidido que
todos los judíos no conversos abandonarían el país
antes del 30 de junio, pero la imposibilidad de cumplir dicho plazo
hizo ampliar la fecha límite hasta el 2 de agosto. Los judíos
más ricos fletaron barcos en todos los puertos españoles
y los cargaron de gente y efectos personales. Quizá los armadores
de Moguer y Palos pensaron que podían obtener mayores beneficios
si los dedicaban al transporte de judíos, y por ello no estuvieron
bien dispuestos a fletar sus carabelas a Colón, quien a menudo
se quejó de las malas cualidades marineras de la Santa María.
Según las versiones la cifra de judíos expulsados
en 1.492 oscila entre 160.000 y 800.000.
Colón
aguardó hasta el último momento a fecha de expulsión,
y entonces fijó su salida para el 3 de agosto. Las tripulaciones
subieron a bordo la tarde del día 2.
En las tres naves embarcaron noventa hombre, aunque algunos hablan
de ciento veinte. En la nao capitana acompañaban a Colón,
capitán general, el maestre y propietario Juan de la Cosa
y el piloto Peralonso Niño. En la Pinta iba el capitán
Martín Alonso Pinzón; Francisco Martín Pinzón
era maestre, y Cristóbal García Sarmiento, piloto.
La Niña era mandada por Vicente Yáñez Pinzón;
el propietario de la nave, Juan Niño, iba como maestre, y
Sancho Ruiz de Gama como piloto.
Primer
viaje de Colon: una larga travesía, 32 días.
El
6 de septiembre la flotilla zarpó de Canarias y se adentró
en el océano. Las embarcaciones navegaron bien, impulsadas
por los alisios: casi 50 leguas diarias. El mismo 9 de septiembre,
Colón adoptó la táctica de informar menos leguas
de las que recorrían, tal y como nos dice Las Casas: "y
acordó de contar menos de las que andaba, porque si el viaje
fuese luengo, no se espantase, ni desmayase, la gente". El
viaje entró en fase rutinaria en los días siguientes.
El día 13, los pilotos comprobaron que la brújula
no señalaba exactamente a la estrella polar. Habían
descubierto la declinación magnética, gracias al avance
en longitud. La aguja imantada señalaba el polo magnético
terrestre, no a la estrella polar. Colón apaciguó
a los pilotos como pudo y se puso a pensar en el asunto, al que
le dio una interpretación próxima a la realidad cuatro
días después.
El
16 de septiembre llegaron al Mar de los Sargazos y el 22 cambió
el viento. Colón escribió en su "Diario"
: "Mucho me fue necesario este viento contrario, porque mi
gente andaba muy estimulados, que pensaban que no ventaban estos
mares vientos para volver a España". El 25 los pilotos
hicieron sus cuentas y llegaron a la conclusión de que como
mínimo estaban a unas 500 leguas de Canarias, ya que habrían
recorrido entre 30 y 40 leguas diarias. Debían haber encontrado
el Cipango o Japón, por consiguiente. Colón comentó
el asunto con Martín Alonso y concluyó que posiblemente
las corrientes les habían desviado de ruta hacia el noreste.
Aquella
noche se produjo la primera psicosis descubridora. Los ánimos
fueron decayendo y el 6 de octubre ocurrió el primer intento
de motín, cuando Colón se negó a seguir el
consejo de Martín Alonso de variar el rumbo hacia el suroeste,
con objeto de alcanzar Japón. Al llegar la noche, muchos
de los marineros de la nao se negaron a seguir el viaje. Colón
mandó disparar la lombarda y se le unieron las carabelas.
Los contramaestres, capitanes y pilotos lograron hacer entrar en
razón a los descontentos, asegurándoles que se cambiaría
de rumbo para alcanzar unas islas. Así se hizo, en efecto,
al día siguiente, cuando se repitió otra psicosis
descubridora. El 9 de octubre se agotó la paciencia de los
marineros, que pidieron a sus contramaestres poner fin a aquel viaje.
Estos se reunieron en junta y se presentaron ante Colón para
pedirle, requerirle, como se decía en la época, que
ordenase el regreso a España. Colón se negó
y los contramaestres cogieron las armas, dispuestos a obligarle.
El
testimonio de Francisco Morales en los pleitos colombinos sobre
lo que escuchó a Juan Niño acerca de este particular
parece bastante fidedigno: "el dicho almirante les dijo que
no hiciesen aquello que querían hacer (matarle), porque en
matarlo a él o a sus criados, que eran pocos, no harían
mucho... que le diesen término de tres o cuatro días,
y que navegasen el viaje que llevaban, e si en este tiempo no viesen
tierra, que hiciesen la vuelta que quisiesen". Colón
iba emplazado de hallar tierra antes del 13 de octubre. Después
del incidente navegaron sin problemas los días 10 y 11. Al
llegar aquella noche el Almirante mandó vigilar con mucha
atención, pues pensaba que podía aparecer pronto la
tierra. El mismo creyó divisarla a las diez de la noche,
aunque seguramente lo imaginó. La tierra apareció
a las dos de la mañana y la vio primero el marinero Juan
Rodríguez Bermejo, según se desprende de los Pleitos.
Estaba de guardia en la proa de la Pinta y divisó la arena
de una punta de playa que brillaba a la luz de la luna, dando entonces
el grito de ¡Tierra! Se disparó la lombarda y la flotilla
se agrupó. Amainaron las velas y se pusieron a la corda,
a dos leguas de distancia de aquella anhelada tierra, que había
aparecido tras 33 días de navegación ininterrumpida
por el Océano. La gente se fue a dormir y muchos soñaron.
¿Cómo sería la India?
Primer
viaje de Colon: el descubrimiento - Primer viaje de Colon: el descubrimiento
(1492)
Colón
se aproximó a tierra al amanecer el 12 de octubre buscando
un lugar para desembarcar. Fue bordeando lo que parecía una
isla hasta su litoral occidental donde halló un sitio adecuado
junto a un poblado. Era cerca de mediodía. Pidió la
barca armada y rogó a los otros capitanes, Martín
Alonso y Vicente Yáñez, que le acompañaran.
Una vez en tierra, tomó posesión de ella en nombre
de los Reyes Católicos ante el veedor Rodrigo Sánchez
de Segovia. El escribano Rodrigo de Escobedo levantó el acta.
Luego españoles y naturales se contemplaron con mutuo asombro
y se inició un absurdo diálogo (cada cual en su lengua),
del que Colón dedujo que estaba en una isla llamada Guanahaní
("isla de la iguana"). La bautizó como San Salvador
y parece (todavía no lo sabernos con exactitud) que es la
misma que los ingleses llamaron luego Watling, una de las Lucayas.
Le preocupó que aquellos naturales no parecían indios,
ni chinos, ni japoneses. Iban desnudos "como su madre los parió",
tal como anotó en el "Diario". Los miró
y remiró y concluyó que eran "de la color de
los canarios, ni negros, ni blancos", y observó que
eran "de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras. Los cabellos
(tienen) cortos, casi como sedas de cola de caballos". Lo que
más le alarmó fue su pobreza, pues iba a un país
riquísimo y encontró con unos indios pobrísimos
que sólo parecían tener algodón, papagayos
y azagayas. Desconocían hasta las armas. Colón concluyó
que debía estar en alguna isla de la antesala del continente
asiático. Al comprobar que algunos indios mostraban señales
de heridas sentenció "y creo que aquí vienen
de tierra firme a tornarlos por cautivos". En cualquier caso,
estimó que los naturales resultarían buenos siervos
y podrían convertirse fácilmente al catolicismo, ya
que no parecían tener religión alguna. Colón
permaneció todo el día 13 anclado frente al poblado
indígena de Guanahaní, hablando y observando a los
indios. Al día siguiente decidió seguir en busca de
Cipango.
Primer
viaje de Colon: explorando San Salvador (1492)
Terminó
de rodear San Salvador, verificando que era una isla y al anochecer
siguió hacia otras islas de las Lucayas; Santa María
de la Concepción (quizá Cayo Rum), Fernandina (quizá
Long Island), en donde desembarcó, Isabela (quizá
Crooked Island), en la que estuvo varios días. Colón
buscaba denodadamente el Cipango, oro y especias. El 21 de octubre
tomó la decisión de partir hacia la isla grande de
Cipango, que según intuía debía ser la misma
que los indios llamaban Colba, "en la cual dicen ha naos y
mareantes muchos y muy grandes". El 28 de octubre arribó
a la costa septentrional de Cuba, que bautizó como Juana
en honor del príncipe de Castilla. La recorrió con
dirección Este y al ver aquella costa infinita concluyó
que era una península asiática. El 21 de noviembre
desertó la Pirita, pues su capitán Martín Alonso
decidió buscar el oro por su cuenta. Colón pasó
luego con la nao y la Niña a la isla cercana de Haití,
que llamó La Española, por recordarle España.
La recorrió asimismo por su costa septentrional y con rumbo
Este. Al llegar a la bahía de Acul recibió algunos
presentes de oro de un cacique, seguramente Guacanagari. Prosiguió
su singladura y en la Nochebuena la Santa María encalló
en un banco de arena. Toda la marinería se había ido
a dormir, tras una cena más copiosa de lo usual, dejando
el timón en manos de un inexperto grumete que no vio el banco.
Afortunadamente no hubo víctimas. Al día siguiente
Colón ordenó construir con los restos de la nao el
fuerte de la Navidad, donde decidió dejar 39 hombres que
no podía llevar consigo.
Regreso
a España - (1493)
Tras
despedirse de Guacanagari, a quien ingenuamente encomendó
el cuidado de los españoles (debía haberlo hecho al
revés), prosiguió su viaje el 4 de enero de 1493.
Dos jornadas después apareció la Pinta en Monte Christi.
El Almirante recibió contrariado a Martín Alonso,
quien se disculpó diciendo que todo había sido contra
su voluntad, pero se abstuvo de hacer ningún escarmiento.
Colón quería seguir descubriendo, pero las carabelas
hacían agua. Aprovechando que soplaban vientos favorables
para regresar a Europa ordenó el tornaviaje. Para ello tuvo
la intuición de remontarse hasta los 32 y 35 grados de latitud
N. con objeto de coger los contralisios que le condujeron a las
Azores. El regreso fue muy rápido, aunque lleno de contratiempos.
Una gran tormenta hizo que se perdiera la Pinta, que fue a parar
a Bayona. Colón condujo la Niña hasta la isla de Santa
María, en las Azores, donde los portugueses estuvieron a
punto de apresarle. Finalmente logró proseguir viaje y el
3 de marzo arribó a Cintra. Escribió al rey de Portugal
comunicándole su arribada y solicitando una audiencia que
se le concedió el 8 de marzo. El monarca portugués,
tras escucharle, le comunicó que las tierras a las que había
llegado pertenecían a Portugal en virtud del tratado existente
con Castilla. Antes de partir de Lisboa Colón escribió
la primera relación de su viaje, conocida comúnmente
como la "Carta de Colón". No la dirigió
a los Reyes Católicos, como era de esperar (nadie sabe por
qué razón), sino a dos altos personajes de la Corona
de Aragón, don Luis de Santángel, escribano de ración,
y don Gabriel Sánchez, tesorero de dicho Reino, al último
de los cuales llamó equivocadamente Rafael Sánchez,
pese a que debía conocerle bien. La relación parece
extractada del "Diario de a bordo", pero con inexactitudes
e incluso errores posiblemente intencionales sobre el descubrimiento.
Está fechada en Canarias (otro dato erróneo), a bordo
de la carabela, el 15 de febrero de 1493. La carta se publicó
en castellano en Barcelona el año 1493. En los meses siguientes
se hicieron once ediciones de la misma (varias en latín)
impresas en Roma, Amberes, Basilea, París y Florencia. Por
ellas supo el resto de Europa la noticia del descubrimiento. Colón
levó anclas en Lisboa el 13 de marzo y dos días después
entró en el puerto de Palos. Unas horas más tarde,
aquel mismo día, atracó la Pinta. Martín Alonso
Pinzón la había llevado hasta Bayona, en Galicia,
desde donde notificó a los Reyes el descubrimiento y pidió
permiso para ir a verles, pero los monarcas le ordenaron regresar
a Palos. El capitán andaluz venía muy enfermo, según
las Casas de avariosis, y murió a poco en el monasterio de
La Rábida. Nadie explica por qué el Almirante no fue
a recibirle, ni a verle. Colón permaneció quince días
en Palos, al cabo de los cuales se puso en camino hacia Barcelona
para entrevistarse con los Reyes. Su comitiva, un verdadero circo
con los indios, los loros, las plumas de colores, las armas extrañas,
etc., cruzó la Península y arribó a la ciudad
condal. El Almirante informó verbalmente a los Reyes de su
hallazgo y les presentó algunas muestras de lo que había
en sus nuevos dominios. Los Reyes confirmaron a Colón todos
sus títulos y honores, añadieron otros para sus parientes
y le pidieron que colaborase en el apresto del segundo viaje, que
corría prisa para socorrer a los españoles que habían
quedado en la Navidad.
Cuarto
Viaje de Colon: Jamaica y Colombia (1502-1504)
El
24 de julio fondearon en una isla del Jardín de la Reina
(quizás el actual Cayo Largo) y el 1 de agosto descubrieron
la América Central a la altura de la punta de Caxinas (cabo
Honduras). El Almirante no buscaba un estrecho, como pretendió
Hernando Colón cuando ya era notorio que existía un
breve istmo de separación entre el Atlántico y el
Pacífico, sino un cabo, el más meridional de la provincia
de Chiamba, la larga península que constituía el límite
oriental de Asia. Costeando sucesivamente los actuales países
de Nicaragua, Costa Rica y Panamá, las cuatro carabelas barloventearon
hacia el Este. Cuando los indios le hablaron de la dorada tierra
de Veragua y de Ciguare, al otro lado de la cadena montañosa,
Colón entendió que Ciguare era lo mismo que Chiamba
y que había llegado al lugar donde la península era
más estrecha. Supuso que de allí a once días
de viaje por las montañas se encontraba el Índico.
Asombrosamente, la prolongada península desmentía
los mapas asiáticos y torcía al Sudeste y al Este,
en vez de hacerlo al Sudoeste y al Oeste.
Durante
la navegación fondeaban de noche donde podían o se
aguantaban al pairo. Tras zarpar de río Cativa (río
Cherebequi) lucharon con temporales durante dos meses. Del 17 al
20 de diciembre anclaron en Puerto Grande (bahía Manzanilla
en el moderno Colón, a la entrada del Canal de Panamá).
Concentró entonces el Almirante sus esfuerzos en la búsqueda
del oro y desde la parte oriental de Panamá, retrocedió
al Oeste hasta la tierra que los indios llamaban Veragua, donde
le habían informado de la existencia de minas. Este retroceso
se convirtió en una de las etapas más duras del viaje,
a causa del mal tiempo y de la comida agusanada. Finalmente, el
6 de enero de 1503, fondearon junto al río Belén.
Encontraron yacimientos de oro y se dispusieron a fundar una colonia,
Santa María de Belén, que quedaría a cargo
de Bartolomé. Sin embargo, los indios se manifestaron tan
hostiles y los elementos tan inclementes que, tras perder una docena
de hombres, el Almirante desistió de la empresa.
El
15 de abril Colón partió de Río Belén
con la Capitana, la Santiago y la Vizcaíno; la Gallego, más
dañada por el temporal y la broma, fue abandonada. En Puerto
Bello renunciaron también a la Vizcaíno y continuaron
costeando hasta cabo Marmóreo, probablemente el actual cabo
Tiburón, en la frontera entre Panamá y Colombia, para
seguir al Norte de regreso a La Española. Pasaron junto a
Las Tortugas (Little Cayman y Cayman Brac) y fondearon en la costa
sur de Cuba. El 25 de junio, la Capitana y la Santiago, ya inútiles
a causa de la broma, quedaron varadas y apuntaladas en la playa
de Santa Gloria (St. Ann´s Bay), Jamaica. El 7 de julio Colón
terminó su carta a los reyes, que diez días después
entregaría a Diego Méndez, criado del Almirante y
a Bartolomé Fieschi, antes capitán de la Vizcaíno,
que marcharon a buscar socorro a La Española. Iban en canoas
nativas, a las que le añadieron batemares, falsas quillas
y velas.
Quiso
el Almirante mantener una estricta disciplina para evitar conflictos
con los nativos y prohibió que la tripulación bajara
a tierra sin su permiso. Mediante un organizado sistema de trueques
obtenía víveres de los indios. Más de cien
hombres yacían amontonados en las cubiertas y toldillas,
protegidos con hojas de palmeras; unos cuarenta padecían
desnutrición y fiebres. El 2 de enero de 1504 se declaró
un motín, encabezado por los hermanos Francisco y Diego de
Porras. Sólo el temor al castigo real salvó la vida
de Cristóbal Colón y de su hermano. Los amotinados
intentaron alcanzar La Española en canoas, pero fracasaron
y de regreso a Jamaica establecieron su propio campamento.
Viendo que los extranjeros se habían debilitado por las discordias
y, hartos de cuentas, cascabeles y bonetes, los indios manifestaron
que no les proporcionarían más víveres.
Colón
resolvió el problema de un modo espectacular. Leyó
en el Almanach Perpetuum, de Abrahám Zacuto que en el plazo
de tres días, el 29 de febrero, se produciría un eclipse
total de luna y advirtió a los indios que iba a pedir a su
Dios que los castigara, privándoles de la luz lunar. En la
tarde anunciada, cientos de indígenas se congregaron ente
los barcos. Cuando salió la luna ya estaba parcialmente oscurecida
y el pánico cundió entre los nativos al verla menguar.
Rogaron al almirante que la hiciera volver y éste pidió
a cambio la reanudación de los suministros. Colón
aprovechó el eclipse para calcular la posición de
Santa Gloria: determinó la latitud con precisión notable,
pero se equivocó en la longitud, situando Jamaica en un punto
que correspondía al Pacífico, al Oeste de la costa
mexicana. Ocho meses después de la partida de Fieschi y Méndez,
algunos hombres que habían permanecido fieles al Almirante
planearon un nuevo motín. En plena conspiración les
visitó un navío enviado por el gobernador Ovando para
conocer su situación, pero sin intención de rescatarles;
les llevaron, al menos, una carta de Diego Méndez, que prometía
un pronto socorro.
En
vista de la carta, el Almirante ofreció amnistiar a los amotinados.
Pero estos quisieron imponer sus condiciones. Rehusó Colón
y, anticipándose, envió al Adelantado al mando de
cincuenta hombres armados. Hubo combates: murieron algunos rebeldes
y el resto huyó. Francisco de Porras fue capturado y puesto
en el cepo. Hasta fines de junio no llegó el navío
fletado y pertrechado por Méndez. Habían permanecido
más de un año en Jamaica. El viaje fue lento, en contra
del viento y las corrientes y el 13 de agosto arribaron a Santo
Domingo. Allí Colón fletó otro navío
y el 12 de septiembre partió de aquellas Indias a las que
nunca regresaría.
El
26 de noviembre de 1504, tres semanas después de la llegada
del Almirante a Sanlúcar, fallecía la reina Isabel.
Colón quería visitar al rey, pero estaba demasiado
enfermo para cabalgar y se entretuvo enviado cartas a su hijo Diego,
describiendo sus recelos sobre el desarrollo de las Indias y exagerando
sus dificultades económicas. Hasta mayo de 1505 no pudo realizar
el proyectado viaje a Sevilla. Cuando el rey Fernando le recibió
en audiencia, Colón reclamó los privilegios que antaño
le habían sido concedidos en Santa Fe.
La corte se trasladó a Salamanca en octubre y en abril a
Valladolid. Colón y sus allegados la siguieron, pero el rey
tenía poco tiempo para atender al Almirante y, seguramente,
se sentía molesto por sus cartas reiterativas, a las que
contestaba con evasivas y cumplidos.
En un último intento por que se hiciera justicia, Colón
se dirigió a Juana, la heredera de la corona de Castilla
y a su esposo Felipe de Habsburgo, ofreciéndoles sus servicios.
El 19 de mayo firmó testamento el Almirante, viendo el fin
de su vida próximo y el 20 de mayo de 1506 falleció
en Valladolid, siendo enterrado en primera instancia en el convento
de San Francisco.