Los
Inmigrantes de Medio Oriente, Judíos y Chinos en Honduras
Por Alejandra G. Guerra
INTRODUCCIÓN
Para los hondureños, hablar de desarrollo socio-económico y
político del país, es hablar frecuentemente de aquellas familias de
ciudadanos que se destacan y despuntan por ser los principales líderes y
empresarios de los más importantes emporios comerciales locales, mismos que
a su vez los hace acreedores, tanto del poder económico como de una gran
influencia política dentro del país; entre ellos figuran, de acuerdo a la
actividad que realizan: 1).- En lo Político (Mario Canahuati,
Adolfo y Mario Facuseé, la familia Rosenthal, Starkman, Goldstein, Maduro;
William Chong Wong; Rigoberto Chang Castillo; Leticia MaTay, entre otros),
2).- En lo Económico y Comercial (Juan Sifaffi, Seidel,
Schacher, Andonie, Bendeck, Kaffaty, Hasbum, Kaffie, Kattán, Asfura, Mena,
Mahomar, Barjúm, Salamé, Atuán, Nasralla; los Wolozny, Kestembaum; los Yip,
Quinchon León, Quan y Yu-Shan) <<la comunidad china presionando porque
Honduras entre en tratos comerciales con China continental>> y 3).-
En lo social (Lidia Handal, Juliette Handal, Emilio Larach; Rodrigo
Wong Arévalo, Napoleón Ham, Sergio Chiuz).
Lo anterior evidencia que dichas familias tienen su propio
origen y no se han integrado a la sociedad hondureña, sino al círculo social
que ejerce labor de dominación sobre esta sociedad; por ende, estos
”extranjeros nacionales” a su vez han compartido la inaccesibilidad al
gobierno propuesta por ese círculo local, contribuyendo a alejarla del resto
de hondureños que vive sin asociaciones con ninguno de ese círculo. La
inserción de estas subculturas en la cultura hondureña no ha provocado una
interacción totalmente positiva: si bien es cierto sus costumbres, modo de
vida y en algunos casos hasta la dieta alimenticia, han pasado ha formar
parte de la hondureñidad actual, también es cierto que la forma en que se
adscriben a nuestra sociedad, no sólo han permitido su posicionamiento
social como económicamente poderosos sino que también han pasado a formar
parte de los grupos políticos de nuestro país; en otras palabras, el poseer
el poder económico les ha permitido pactar con los detentores del poder
político en detrimento del hondureño nativo, que se vuelve incapaz de
ejercer su propio dominio, manejar las situaciones de su propio desarrollo
económico e inclusive disfrutar de su propia nacionalidad. Es cuando ser
hondureño, se vuelve un acto de fe.
Por otra parte la mayoría de estos inmigrantes vienen al
norte de Honduras, ante la posibilidad de que las compañías bananeras
pueden ser un polo de desarrollo individual por el capital que allí se
genera; o al sur de Honduras, que brinda la oportunidad de crear situaciones
controladas de desarrollo capitalista en una tierra virgen a este tipo de
influencias. ¿Por qué entonces encontramos inmigrantes en Tegucigalpa?
¿Porqué deciden radicarse aquí? Para fines del siglo XIX Tegucigalpa aunque
ya es capital de la república, no deja de ser el apacible pueblo que tuvo su
gloria en antiguas minas de plata, restos de ese pasado señorial pueden
verse aún en las edificaciones locales y en la estructura de la ciudad, cuyo
trazado es tan ausente como el de cualquier cetro minero colonial. Pero
aunque es el centro político no es el centro comercial del país: de hecho la
ciudad no ha terminado de morir gracias a la explotación de la Mina El
Rosario en la comunidad de San Juancito, varios kilómetros al este de la
misma. LA situación no cambiará sino hasta la segunda mitad del siglo XX,
¿Por qué entonces tantos inmigrantes durante la primera mitad del mismo
siglo?
Fue este fenómeno lo que llamó nuestra atención para iniciar
esta investigación. La misma se realiza en base al establecimiento de
ciudadanos de origen Árabe, Palestino, Chino y Judío en la ciudad de
Tegucigalpa, Municipio del Distrito Central, del Departamento de Francisco
Morazán, dada la importante, innegable e influenciable participación que
dichos grupos han adquirido en este nuevo siglo (XXI, en actividades de
orden: Consecuentemente, la presente investigación nos invita a plantearnos
una serie de interrogantes como ser, ¿De donde surge la oportunidad y la
posibilidad para estos grupos, de insertarse en la sociedad hondureña?
¿Desde cuando mueven sus intereses a Tegucigalpa, si vox populi es
conocido que estos grupos iniciaron sus actividades en la Costa Norte o en
el Sur de Honduras? ¿En que momento dan el salto de lo económico a lo
político? A fin de responder estas preguntas, procuramos obtener información
que nos sirviera de base para conocer mejor el establecimiento y desarrollo
de estos grupos en la ciudad de Tegucigalpa.
Indagando el pasado a partir del surgimiento de Honduras a la
vida nacional, es decir desde la independencia, encontramos que, la
inmigración de estos grupos humanos figuran con énfasis particular en el
gobierno de Soto quién es el que legisla a favor de la inmigración y
políticas relacionadas. De ahí que, prioritario en esta investigación, es
para nosotros, el tratar de obtener testimonios de primera mano, de
contemporáneos al fenómeno así como de la visión que los hondureños de la
época y sus descendientes pudieran haber tenido del mismo.
Como fuentes iniciales de consulta se consideraron libros y
documentos concernientes al tema, en particular los elaborados por el
Historiador Jorge Alberto Amaya Banegas y de grupos de Bachillerato de la
carrera de Historia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras;
entrevistas con algunos de los principales empresarios, políticos y otras
figuras del medio en Tegucigalpa, originarios de las culturas investigadas;
consultas con otros Historiadores que han hecho estudios sobre el tema, como
ser, el Master Mario Argueta, y el Dr. Rolando Zelaya y Ferrera. La idea
central es tener la visión general del proceso de inmigración de todos los
grupos a fin de lograr ubicar espacio temporalmente el desarrollo de los
grupos enunciados en este trabajo, al interior de la sociedad hondureña y su
relación con otros grupos inmigrantes.
Al final, el documento que yace en sus manos, resume,
precisamente, esa visión general que nos permitirá partir en busca de las
respuestas a las preguntas enunciadas al inicio de esta introducción.
MARCO
TEÓRICO
Inmigrantes Árabes, Palestinos, Chinos y Judíos en
Tegucigalpa.
La
inmigración es el traslado voluntario de personas de un país a otro a fin de
establecerse en forma definitiva o prolongadamente para ejercer una
actividad de beneficio personal. En el caso de la inmigración europea hacia
América, desde mediados del siglo XIX esta tuvo un carácter colectivo, pues
los países jóvenes y recién independizados se vieron en la necesidad de
aumentar su número poblacional ofreciendo como contraparte el aliciente de
la riqueza y el trabajo que brindaban ricos y despoblados territorios. En
América los inmigrantes gozarán de una serie de ventajas y privilegios que
en la generalidad de las constituciones latinoamericanas aparecieron para
estimular el poblamiento y mejorar los horizontes económicos().
Desde la
época de la República Federal, tanto José Cecilio del Valle como Francisco
Morazán estuvieron abiertos hacia las políticas de colonización que vinieran
a impulsar el desarrollo económico de la región, siempre y cuando se
respetaran los fueros soberanos y la dignidad de nuestros pueblos. Francisco
Morazán, en particular, estuvo interesado en estrechar los lazos políticos,
económicos y amistosos con los liberales de la vieja guardia napoleónica y
con los liberales de la Francia constitucional del período del “Rey Burgués”
Luis Felipe de Orleáns ().
La misma Constitución Federal establecía que “la república es asilo sagrado
para todo extranjero, y la patria de todo el que quiera residir en su
territorio”.
En
Honduras, el proceso de inmigración se iniciará cuando, durante el gobierno
del general José María Medina, se promulga la primera Ley de Inmigración,
el 26 de Febrero de 1866. De acuerdo a investigaciones realizadas por
estudiosos de la historia de nuestro país, el primer inmigrante en poner
pies en suelo hondureño fue Carlos Dárdano, natural de Cerdeña, Italia,
iniciándose así la llegada de extranjeros desde 1838(),
quienes se instalaban en su mayor parte en la Costa Atlántica y el Sur de
Honduras. Una muestra más clara de ello, es el hecho de que, atraídos por la
oportunidad que daba el gobierno con los trabajos para la construcción del
ferrocarril, el 3 de Mayo de 1867 arribaron a San Pedro Sula 61 inmigrantes
norteamericanos; otro lo es el que Carl Von Scherzer haya sido el primer
viajero alemán que visitó y dejó testimonio escrito de Honduras en su
recorrido por la América Española en 1853().
El gobierno reformador de Marco Aurelio Soto (1876 ) y los
que le siguieron, coincidieron temporalmente con el fenómeno de la
inmigración masiva de Europa hacia América que surgió entre 1860 y 1930, la
que se debió en su mayor parte a la desocupación y el marginamiento
socioeconómico provocado por la Revolución Industrial y por las
persecuciones ideológico – políticas del momento. Aprovechando la situación,
la renovada proyección socioeconómica y política que se estaba gestando en
Honduras contempló estimular y atraer parte de esa inmigración europea a
territorio nacional para imbricarla en el desarrollo nacional, especialmente
en el ámbito productivo y comercial. La idea era que la llegada al país de
los inmigrantes, atraería consigo no sólo capital sino también técnicas
agrícolas y artesanales modernas. De acuerdo al censo general de la
República de Honduras verificado el 15 de Junio de 1887, los extranjeros se
resumían a 185 norteamericanos, 77 españoles, 72 franceses, 1,033 ingleses,
43 alemanes, 4 rusos, 2 suizos, 13 italianos, 4 belgas, 2 daneses, 1
holandés, 1 portugués, 1 brasileño y 1 chino, sin contar los
centroamericanos y otros hispanoamericanos como México y Colombia.
Honduras recibió una corriente migratoria, mayoritariamente
procedente de Europa, Oriente Medio y los Estados Unidos, la cuál pasó a
insertarse en actividades productivas comerciales en el ámbito urbano y en
un menor grado en el ámbito agrario como se muestra en la incipiente
economía bananera de la Costa Norte durante ese período. Las iniciales
actividades económicas de los inmigrantes, fueron beneficiadas por el auge
de la producción primario – exportadora, de tal manera que lograron en poco
tiempo ampliar rápidamente sus actividades, constituyéndose en un poder
económico secundario (luego del enclave bananero) en el país; los árabes y
judíos en el Norte y los alemanes y otros europeos en el Sur. Según Murga
Frassinetti “fueron sobre todo los inmigrantes alemanes y secundariamente
italianos y franceses, quienes aprovecharon el auge minero de fines de siglo
pasado entre 1880 y 1895, que dinamizó las regiones ubicadas entre el centro
del país y el Puerto de Amapala.”. Si bien es cierto el Sur de Honduras se
vio ocupado en su mayoría por europeos, cierto es también que en la Costa
Atlántica, árabes y palestinos, apoyados en la Ley de Extranjería del 10 de
Abril de 1895, engrosaron el caudal de extranjeros en el país, siendo su
momento de mayor apogeo entre 1880 y 1930.
Es en el sur de Honduras donde comienzan a surgir casas
comerciales, bajo las denominaciones y propiedad de José Rossner, Teodoro
Kohncke, Roberto Motz, Jorge Schmuck, Luis Stiehle, Enrique Kohncke,
Francisco y Ernesto Siercke, Pablo Ulher, Erick Paysen, Federico Dreschel,
Pedro César Abadie, A. Leitzelar, Ricardo Streber, Otto Eurcher, A. Bermhort,
Federico Werling, Juan Stradtmann, Carlos Dárdano, Hugo Rinker, José y
Miguel Tavarone, Hipólito Agasse, Juan B. Gattorno y Demetrio Bennedetto. En
términos generales, los grupos de inmigrantes europeos incluían familias o
individuos criando sus hijos en estas tierras, otros contrajeron matrimonio
con jóvenes de la localidad o mantuvieron relaciones extramaritales con
mujeres a quienes regalaban casas y propiedades. No parecían ajenos a la
sociedad local y a diferencia de la zona norte, el proceso de integración
fue increíblemente acelerado, al grado de que en los primeros 25 años de
este siglo ocuparon puestos políticos de importancia en las comunidades
donde se situaban, a manera de ejemplo podemos mencionar que en 1909
Francisco Gattorno se encargaba de guardar las colectas de los derechos
municipales en importaciones y exportaciones de mercaderías.
Pese a que, sobretodo los europeos, lograron tener cierta
influencia en el campo político, la Ley de Extranjerías de 1895 prohibía a
los inmigrantes extranjeros inmiscuirse en las disensiones civiles del país,
por lo cual su acción política estaría limitada a guardar prudencia. Sin
embargo, las guerras civiles ocurridas durante el primer cuarto de siglo XX
involucraron a los inmigrantes involuntaria o voluntariamente. Es sabido que
en Pimienta, Cortés, algunos palestinos fueron colgados por los dedos y su
dinero robado a punta de pistola en vista de que el comandante local les
había pedido una contribución de quinientos dólares a cada uno, a lo cual se
habían opuesto. En el caso de aquellos inmigrantes que se vieron
involucrados voluntariamente la forma más común fue integrar a militares de
carrera, en los procesos de militarización, de tal manera que unos fueron
contratados como asesores para el gobierno de Honduras como fue el caso de
Alfredo Labró, Luis Oyarzún; otros fueron aventureros, como Lee Christmas.
No solo
europeos disfrutan de las ventajas de las nuevas leyes de migración
hondureñas, también algunos americanos se ven beneficiados como el caso de
Antonio Maceo y Máximo Gómez (),
exilados de Cuba al fracasar la primera etapa de la guerra de Independencia
Cubana. A Gómez el gobierno de Marco Aurelio Soto le confirió el grado de
General en 1876 y recibió del Congreso Nacional de Honduras la cantidad de
cinco mil pesos para hacer llegar un grupo de exilados cubanos entre ellos,
además del mismo Gómez, Antonio Maceo, José Joaquín Palma y Francisco de
Paula Flores ().
En el caso de Gómez y Maceo, Soto los pondrá a cargo del Ministerio de
Defensa con miras a constituir el Ejército Nacional; Tomás Estrada Palma –
quién llegaría a ser presidente de Cuba - se hizo cargo del Correo Nacional
().
En el caso de José Joaquín Palma, llega a Honduras el 3 de Julio de 1878 y
veinticinco días después es nombrado Secretario Privado y Poeta de la Corte
en el gobierno, además de Secretario de la Sociedad de Amigos, de la
que Rosa mismo era presidente ().
Con el apoyo del gobierno en 1882 publicó el primer libro de poesía en
Honduras: Poesías ()
con un prólogo de José Martí, quién visitó Honduras en 1878 y una
introducción de Marco Aurelio Soto. Años más tarde, en 1910, Paulino
Valladares afirmó que “el poemario se vendió en todas las oficinas
administrativas gubernamentales del país y por esa causa el libro fue
conocido hasta en los lugares más apartados” ().
Esto muestra un poco el resentimiento de los hondureños hacia los
extranjeros, cosa que también reconocen los poetas Martí y Rubén Darío
posteriormente ().
Estos privilegios también se verían reflejados en la inserción de los mismos
en el aparato productivo nacional.
Aunque esta inserción privilegiada en el sistema productivo y
educativo nacional fue eficaz, también es cierto que durante la Primera y
Segunda Guerras Mundiales, los ciudadanos alemanes e italianos se vieron
afectados por embargos que el Gobierno de Honduras realizó como política de
los aliados a los Estados Unidos para con los ciudadanos de países
considerados enemigos en los conflictos. Más vigorosa fue la segunda
confiscación: en el año de 1941 el Gobierno de Honduras ordena el
congelamiento de todos los bienes de los alemanes residentes en el país y
varios meses después ordena el remate de los mismos, algunos de los alemanes
considerados de mucho cuidado por la embajada de Estados Unidos, son
deportados a campos de concentración en aquel país, a otros se les permite
sobrevivir en suelo hondureño en lo que pudieran trabajar. Los alemanes, aún
después de la guerra, no pudieron recuperar su antigua preeminencia
comercial como resultado de la no-devolución de sus bienes y propiedades por
parte de la administración de Carías Andino. Ellos llegaron a constituir el
sector empresarial más dinámico y pudiente de la región centro y sur del
país, controlando los renglones más lucrativos del comercio de importación y
exportación vía Amapala-San Lorenzo; con una red de sucursales distribuidas
en grandes y medianos centros poblacionales con un exitoso sistema de ventas
al mayoreo y al detalle, expandiendo sus actividades económicas hacia otros
rubros tales como haciendas, beneficios de café, representaciones, banca,
fábricas, embotelladoras, procesadoras y hasta una línea aérea. Más que un
confiscamiento de bienes, el embargo significó un estancamiento económico en
especial de la zona sur del país, que no dejó de afectar el resto de
Honduras.
Los
norteamericanos en principio vinieron como exploradores a conocer el
territorio y sus posibilidades de inversión, como ser John Lloyd Stephens y
William Wells. Entre los primeros residentes temporales con este fin podemos
mencionar a los cónsules que comenzaron a venir desde principios del siglo
XIX como entre los que se destaca E. Geo Squier, quien trajo consigo a los
expertos W.N. Jeffers, S.N. Woodhouse y M.D.C. Hitchcock(),
quienes realizaron un reconocimiento científico de todo el país, aunque no
puede dejarse de lado el hecho de que algunos de ellos participaron en la
actividad productiva al obtener contratas privadas con el estado hondureño
como fue el caso de Augustus Follin quién participó en un monopolio sobre
las concesiones madereras durante las décadas de 1840 y 1850(),
otros cónsules fueron Frank Frye (1875) y Jhon C. Jack (1878) el primero en
residir en San Pedro Sula. En vista de las facilidades dadas por el gobierno
hondureño para otorgar concesiones a extranjeros. Conociendo los resultados
de las exploraciones antes mencionadas, llegaron norteamericanos a dedicarse
a la explotación de minas como Washington S. Valentine, Rafael Weddle, Juan
Drummond, Sidney H. Wilcox, Daniel Williams, otros vendrán en los años
subsiguientes y primeros de este siglo a incorporarse a otras acividades
como Miguel Brooks, Adan Gordon, Keneth Matheson, J.F. Lewis, Allan Padgett,
Julio Villars, W.S. Crossman, Arthur Kilgore, J.W. Richardson. De
importancia para estas migraciones son las compañías United Fruit Co. y la
Rosario Minnig Co. quienes reclutaban sus mandos superiores e intermedios en
los Estados Unidos para traerlos a trabajar temporalmente a Honduras, así
como mano de obra barata para la construcción del ferrocarril.
Caso contrario ocurrió con los palestinos en el norte del
país. Ellos lograron insertarse dentro del desarrollo económico promovido
por las empresas bananeras norteamericanas, sin menoscabo de sus actividades
por diferencias internacionales. Si bien es cierto su inserción en la
sociedad local fue más lenta, tampoco se deja de lado su intención de no
abandonar sus costumbres tan fácilmente, por lo que se vuelve tradición
traer las esposas del lejano oriente; sin embargo, se dan casos de
palestinos que se casan con hondureñas integrándose de esta forma más rápido
al contexto social hondureño. La denominación “turco” como mal se llama a
estos inmigrantes, se debió a que en un inicio ellos portaban pasaporte con
tal nacionalidad por estar Palestina adscrita por la fuerza al Imperio
Turco, en el momento en que ellos iniciaron su flujo migratorio hacia
Honduras.
Es en la
Costa Norte donde se empiezan a integrar a la sociedad inmigrantes árabes y
palestinos: Constantino Niní (primer árabe registrado en Honduras), Salomón
Handal (primer árabe anunciado como comerciante en San Pedro Sula()),
Jorge José, los hermanos Sikaffi, los hermanos Moisés, Nicolas Gabrie,
Domingo Larach, Elías Yacamán, Miguel Kawas, Salomón Marcos, César Abud,
Abraham Musa, Bishara Handal, Sabas Larach, Constantino Larach, Juan Andonie,
S. Panayotti, la familia Dip, Francisco Saybe, Miguel Handal y Jacobo Jaar
entre otros. Esta comunidad árabe-palestina tuvo un proceso de asimilación
gradual en las tres primeras décadas del presente siglo a diferencia de los
europeos. A partir de 1930 este proceso se aceleró gracias a la inserción de
los hijos de los inmigrantes en diversos sectores del dinamismo social
hondureño, ejemplo de ello son los casos de la compositora musical Lidia
Handal y de la escritora Emilia Yacamán de Bertot.
El caso de
los chinos es muy diferente al de los arriba mencionados: para comenzar no
existe mayor documentación acerca de la entrada de este grupo al país quizás
debido a lo causal de su situación, los primeros chinos ingresan a la costa
Norte del país huyendo de los malos tratos y la mala vida obtenida en San
Francisco y otras ciudades de la costa oeste de California (),
o en busca de trabajos más salobres que el que se efectuaba en la
construcción del Canal de Panamá o en las cañeras de la isla de Cuba ()
, obteniendo visa como residentes temporales o extranjeros en tránsito en
Honduras. Sin embargo, inexplicablemente su presencia no deja mayores pistas
durante la etapa final del siglo XIX ni los inicios del siglo XX; de acuerdo
al censo practicado en 1881 por el Director General de Estadística de la
República de Honduras, la cantidad de extranjeros en Honduras sumaba 1,027
personas concentrados en su mayoría en las ciudades de Santa Bárbara, Copán
y Tegucigalpa (),
para el
censo de 1889 practicado por Antonio R. Vallejo como Director de Estadística
este total había aumentado a 6,167 extranjeros en el cuál aparece por
primera vez en un censo en Honduras, un ciudadano de nacionalidad china
radicado en Santa Bárbara ().
Ya para 1945 habían 307 ciudadanos de origen chino()
y entre los años de 1946 y 1956 sólo se registra la naturalización de seis
ciudadanos de origen chino ():
Samuel Young Puick, José Antonio Quan, Juan César Quan y Julio Ernesto Quan,
Félix Chávez (¿?) y Francisco Pon. La ausencia de nombres chinos se debe a
la costumbre de ellos de tomar nombres comunes al lugar donde residirán como
una forma de facilitar su inserción en el grupo local, de aquí que la
mayoría de los chinos se llamaran Charlie en los Estados Unidos como Juan,
José o Jorge en Honduras y América Latina en general. Por otro lado, los
chinos usan los nombres al contrario de los occidentales: primero indican su
apellido para identificar su familia y después su nombre para identificarse
a sí mismos, de esta manera Quan Chi Ling pasa a ser José Ernesto Quan, más
aceptable para nuestro sistema social. Los inmigrantes chinos en Honduras,
encuentran su nicho en nuestra sociedad a través del establecimiento de
abarroterías en lugares estratégicos de clara proyección con las clases más
necesitadas del país, aparte de buscar los mercados, se ubican en los
barrios de mayor extracción popular; otros se dedican a la cocina,
instalando restaurantes donde se vende comida china y comida hecha por
chinos en San Francisco (Chop Suey).
Los judíos
son el grupo inmigrante minoritario existente en Honduras (actualmente cerca
de 100 familias), su entrada al país podría ubicarse desde fines de siglo
pasado (circa 1880) si seguimos la pista de inmigrantes rumanos, húngaros y
polacos que ya para 1945 sumaban un total cerca de 36 ().
Radicados en su mayoría en la ciudad de San Pedro Sula se dedicaron al
comercio local al igual que los palestinos, de hecho hasta hicieron alianzas
comerciales con ellos. Pese a ser un grupo minoritario, ya para los años
veinte inician un despegue económico importante: Yankel Rosenthal,
inmigrante de origen rumano invierte capital en Honduras al formar en 1930
en sociedad colectiva un establecimiento denominado “Siga la Flecha” en
sociedad con otro judío rumano el señor Manuel Rosemberg(),
“...el establecimiento negocia con mercaderías en general y se especializa
en artículos para caballeros y ropa hecha. Sociedad colectiva. Socios
únicos: Yankel Rosenthal y Manuel Rosemberg. Puerto de desembarque: Puerto
Cortés...”()
Posteriormente se volverán propietarios de la conocida Agencia Barret
propiedad del norteamericano E.J.Barret la que, durante la primera mitad del
siglo XX, fue de suma importancia comercial en San Pedro Sula. Por otro
lado, Boris Goldstein y familia, inmigrantes judíos polacos se establecieron
en San Pedro Sula hacia 1929 iniciando un negocio artesanal en la curtiembre
de pieles y la elaboración de calzado; ya para 1933 Isaac Goldstein
pretendió instalar una nueva jabonera en San Pedro Sula para hacer
competencia a las ya existentes pero no prosperó en vista de la reticencia
de los otros inversionistas ().
Entre otras familias inmigrantes judías podemos mencionar a Jacobo Brandel,
Antonio Ellner, Isaac Fux, Saias Goldental, Moises Knopmäjer, Hermann
Rubinstein, Max Runbinstein, Margarita Steinberger, José Sucrovich y Jacobo
Wolozny ().
La inserción al grupo local siguió el mismo ritmo que la de
los palestinos, grupo con el cuál tuvieron alianzas matrimoniales en forma
frecuente y con el que se identificaron parcialmente, adoptaron los usos y
costumbres hondureñas con mucha más rapidez que los palestinos logrando
pasar desapercibidos por la sociedad local quien les veía como un hondureño
más. Algunas de las familias (como el caso de los Goldstein) se trasladaron
a Tegucigalpa en donde continuaron con sus negocios incluyendo en ellos
nuevas sociedades comerciales en algunos casos con hondureños.
La inmigración ha aportado a Honduras un desarrollo
capitalista definido, aunque polarizado hacia ciertos sectores del país, sin
contar con el enriquecimiento del proceso de mestizaje que caracteriza al
hondureño de hoy. La presencia de los grupos europeos sobretodo alemanes y
los norteamericanos activaron una incipiente economía principalmente
agrícola redirigiéndola hacia la industrialización capitalista a la vez que
propugnaba por la diversificación para poder integrar así ambos rubros, el
tradicional y el naciente. Si bien es cierto los procesos iniciales fueron
abortados sobretodo en el caso de los alemanes en el sur, la labor agrícola
ya no se vio de la forma en que tradicionalmente se hacía; la continuación
de los métodos y técnicas traídas por los inmigrantes continuó
desarrollándose tal y como lo esperó Marco Aurelio Soto cuando creó las
leyes de inmigración; grupos posteriores retomarán la experiencia aunque sus
aportes se vean limitados en el tiempo y llevarán a algunos de estos
inmigrantes a ser personalidades al interior del capitalismo hondureño.
Inmigrantes en Tegucigalpa
INTRODUCCIÓN.
El autor Jorge Alberto Amaya ha sido uno e los primeros en
tocar el asunto de los inmigrantes árabes y palestinos en Honduras. Los
estudia, para comprender, el papel histórico de los inmigrantes árabes,
palestinos y sus descendientes en la sociedad hondureña, en los aspectos
económicos, políticos y culturales.
Expone que, a finales del siglo XIX se establecieron en
Honduras, pero que es hasta 1,900 cuando la inmigración empieza a crecer
cuantitativamente, sobre todo al establecerse las compañías bananeras en la
costa atlántica de Honduras.
El aporte más importante de su libro es: 1.- La
evolución sociocultural de los árabes en el país, y de los
factores que facilitaron su adaptación e integración a la sociedad hondureña,
como ser: la religión, la adopción de la nacionalidad hondureña, su
inserción en el campo deportivo, la ruptura tradicional del factor
endogámico, su integración en el campo político y social a partir del
Gobierno del General Tiburcio Carías Andino. 2.- Explicación del
proceso por el cual logran controlar la red comercial del país, mediante la
caficultura, producción y comercialización del tabaco, industria fabril y
otros.
En el capítulo 2 de su libro, trata las condiciones sociales,
políticas y económicas que propiciaron la
inmigración en C.A. y Honduras a finales del siglo XIX y principios del XX.
1. Antecedentes históricos de los procesos migratorios hacia C.A. y
Honduras a Finales del siglo XIX y principios del XX. 2. Régimen
jurídico mediante el cual se desarrollaron los procesos migratorios hacia
Honduras:
-Reformas liberales (orden y
progreso) son gestadas en América Latina a finales del siglo XIX, se
proponen: 1. Consolidación nacional; 2. Crecimiento económico a, través
de la inversión del capital extranjero.
Ø
-Dictan leyes para atraer la inmigración y
colonización Norteamericana y Europea.
Ø
-Agro exportación desarrolla economía mediante
capital Inglés y Norteamericano.
Ø
-Guatemala 1° país que llevó a cabo una Reforma
Liberal, el 27 de febrero de 1879, bajo el Gobierno de Justo Barrios se
promulgó la 1° Ley de Inmigración (Wagner, Regina. Los alemanes en
Guatemala, Editorial Idea, Guatemala, 1991). En 1880 llegan inmigrantes
Norteamericanos, Ingleses y Belgas a Guatemala, estableciéndose en las
tierras altas del pacífico y en el oeste del país.
Ø
-Presencia árabe y palestina, más numerosa en El
Salvador y Honduras (ver registros de Extranjería del Ministerio de
Relaciones Exteriores de Honduras). De El Salvador provienen a Honduras
debido a la menor competencia y las múltiples ventajas y condiciones
favorables en la Costa Norte <<producción bananera>> (¿Cuáles?) a
principios del siglo XX (1925) Honduras es el 1° productor de Banano.
Ø
-En Honduras el proceso de inmigración cobra fuerza a
partir del gobierno del General José María Medina, promulga la Ley de
Inmigración el 26 de febrero de 1866, y en 1867 llegando la mayor parte
de inmigrantes a la Costa Atlántica.
-La
promoción de inmigrantes no solo fue auspiciada por el Estado de Honduras.
-En
el Gobierno de Manuel Bonilla se promulgó una nueva Ley de
Inmigración y Agricultura (Decreto 76, Tegucigalpa, 1906)
-Inmigrantes
Árabes y Palestinos objeto de recelo y desprecio hacia ellos especialmente
en SPS y La Ceiba…Las protestas y el clima adverso para los inmigrantes
árabes y palestinos obligó al gobierno de Vicente Mejía Colindres a
promulgar una nueva Ley de inmigración en 1929 decreto 101
(maniobra de la élite y los intelectuales de la época), la cual establece
limitaciones para permitir el ingreso al país de extranjeros de ciertas
nacionalidades. Árabes incluidos en la 2° categoría, a quienes se les
cobraba 5,000 pesos x ingresar al país, a diferencia de la 1° categoría
Europeos y EUA.
-Inmigrantes
Árabes y Palestinos adoptan nacionalidad hondureña en 1929 (se denota en las
1° cartas de naturalización)
Continúa con el establecimiento de los inmigrantes árabes y
palestinos en Honduras a finales del siglo XIX y principios del XX.
1.-
Evolución del proceso migratorio de los árabes y palestinos en Honduras.
2.-
El patrón de asentamiento de los árabes y palestinos en Honduras.
3.-
Causas que generaron la inmigración de los árabes y palestinos hacia América
y Honduras:
Ø
Los árabes y palestinos que vinieron al país en los
primeros años del siglo XX, no venían del levante, sino más bien,
habían nacido en países del Caribe como Haití, Rep. Dominicana y Cuba;
de Sur América como Chile y Colombia; y en C.A. de El
Salvador, Guatemala y en menor grado Nicaragua.
Ø
Importante es la primera referencia de la presencia de un
árabe en Honduras, data de 1893,
Constantino Niní, quien arribó a la Costa Norte, procedente de Trípoli (Pág.
48)…1899 hija ilegítima de un Palestino bautizada en SPS.
Se hace un enfoque hacia el proceso de adaptación de los
árabes y palestinos a la sociedad hondureña..
1.-
Breve relación de los aspectos socioculturales de los árabes y palestinos en
Honduras. 2.- La participación de los árabes y palestinos en el
deporte.
3.-
Aislamiento y discriminación.
4.-
Organización y cultura étnica.
5.-
La integración de los inmigrantes árabes y la política..
Concluye la investigación con el desarrollo de las
actividades económicas de los árabes y palestinos en Honduras.
Los otros libros que tratan de Chinos y Judíos en Honduras
siguen el mismo formato en cuanto a la descripción del hecho histórico, la
diferenciación de las personas que efectúan el ejercicio de inmigración a
nuestro país y a la vez el establecimiento no solo físico sino también
social, al mostrar la ubicación al interior de la escala social, los lugares
que van ocupando cada uno de los grupos antes mencionados. Si hacemos una
alusión más completa el caso del libro de los árabes y palestinos, se debe a
que es el primer libro de este autor y si hacemos alusión al trabajo de
Jorge Amaya se debe a que es el único que ha tocado el tema para estos
grupos. Otras investigaciones se han centrado en su mayoría en cuanto a
alemanes principalmente, e italianos, franceses y otros grupos europeos
sobre todo en el sur de Honduras, como el caso de Mario Argueta, Rolando
Zelaya y Ferrera, y Segisfredo Infante.
Aunque se lanzan algunas hipótesis al respecto, el asunto de
porqué vienen a Tegucigalpa es superficialmente tratado por cuanto a no es
el tema principal del libro; de allí que nosotros pretendemos despejar la
misma por medio de la presente investigación. ¿Cuáles son las causas por las
que inmigrantes de estos grupos deciden radicarse en Tegucigalpa si las
mejores plazas comerciales aparentemente están al norte y al sur del país?
Esta pregunta y sus respuestas generaron otras preguntas que serán
contestadas con el presente informe.
Para ello se hizo necesario la revisión de las fuentes
existentes así como del testimonio propio de los actores del fenómeno: los
inmigrantes mismos contando sus propias experiencias y razones por las
cuáles permanecen en esta ciudad capital. A continuación, los primeros
resultados de esta investigación.
EXÉGESIS
NECESARIA
Para los hondureños, hablar de desarrollo socio-económico y
político del país, es hablar frecuentemente de aquellas familias de
ciudadanos que se destacan y despuntan por ser los principales líderes y
empresarios de los más importantes emporios comerciales locales, mismos que
a su vez los hace acreedores, tanto del poder económico como de una gran
influencia política dentro del país.
Muchos de ellos figuran de acuerdo a la actividad que
realizan:
1).-
En lo Político (Mario Canahuati, Adolfo y Mario Facuseé, la familia
Rosenthal, Starkman, Goldstein, Maduro; William Chong Wong; Rigoberto Chang
Castillo; Leticia MaTay, entre otros),
2).-
En lo Económico y Comercial (Juan Sikaffi, Seidel, Schacher, Andonie,
Bendeck, Kaffaty, Hasbum, Kaffie, Kattán, Asfura, Mena, Mahomar, Barjúm,
Salamé, Atuán, Nasralla; los Wolozny, Kestembaum; los Yip, Quinchon León,
Quan y Yu-Shan) y
3).-
En lo social (Lidia Handal, Juliette Handal, Emilio Larach; Rodrigo
Wong Arévalo, Napoleón Ham, Sergio Chiuz).
Sin embargo, basta una mirada para darnos cuenta de que la
mayoría de sus apellidos no son castellanos sino procedentes de otros grupos
humanos radicados en el país: los llamados inmigrantes.
Desde finales del siglo XIX, Tegucigalpa recibió una serie de
inmigrantes de diversas nacionalidades que se incorporaron activamente al
comercio y la industria local de la época; y en años muy recientes a la
política nacional. El primer inmigrante en poner pies en suelo hondureño fue
Carlos Dárdano, natural de Cerdeña, Italia, iniciándose así la llegada de
extranjeros desde 1838, quienes se instalaban en su mayor parte en la Costa
Atlántica y el Sur de Honduras. En Honduras, el proceso de inmigración se
iniciará cuando, durante el gobierno del general José María Medina, se
promulga la primera Ley de Inmigración, el 26 de Febrero de 1866. Así,
Honduras recibió una corriente migratoria, mayoritariamente procedente de
Europa, Oriente Medio. China y los Estados Unidos, la cuál pasó a insertarse
en actividades productivas comerciales en el ámbito urbano y en un menor
grado en el ámbito agrario como se muestra en la incipiente economía
bananera de la Costa Norte durante ese período.
La idea era
que la llegada al país de los inmigrantes, atraería consigo no sólo capital
para inversión sino también técnicas agrícolas y artesanales modernas,
modernizando las técnicas agrícolas coloniales existentes a la vez que
introducía nuevas formas industriales que permitieran a Honduras ir a la
vanguardia e los tiempos capitalistas que se vivían a finales de siglo XIX ().
Las iniciales actividades económicas de los inmigrantes, fueron beneficiadas
por el auge de la producción primario – exportadora, de tal manera que
lograron en poco tiempo ampliar rápidamente sus actividades, constituyéndose
en un poder económico secundario (luego del enclave bananero) en el país;
los árabes y judíos en el Norte y los alemanes y otros europeos en el Sur.
Tres grupos son significativos en este proceso: los árabes o
palestinos, los chinos y los judíos. Los mismos ya han sido estudiados en
cuanto a su papel histórico al interior de la sociedad hondureña, en
aspectos de orden económico, político y socio-cultural.
Pero aún faltan preguntas por responder. En aras de encontrar
las respuestas, realizamos una investigación de carácter micro histórico, al
plantear el tema de los inmigrantes en un espacio único y fuera de sus
contextos habituales: Tegucigalpa.
¿De donde surge la oportunidad y la posibilidad para estos
grupos, de insertarse en la capital?
¿Porqué y desde cuando mueven sus intereses a Tegucigalpa, si
de todos es conocido que estos grupos iniciaron sus actividades tanto en la
zona norte como en la zona sur de la república?
¿En que momento dan el salto de lo económico a lo político?
Como una primera hipótesis al trabajo, planteamos la
posibilidad de que estos inmigrantes se mueven a la capital por ofrecer ésta
ciertas particularidades en cuanto a salud y educación que no se ofrecían en
otras ciudades del país, tales como la Universidad Nacional, el hospital San
Felipe, clínicas y escuelas privadas, mejor clima e inclusive una mayor
cercanía a otros puntos del territorio nacional por estar casi en un punto
equidistante de ambas cosas, lo que facilitaba el comercio marítimo vía
Amapala o Puerto Cortés, aprovechando para ello las políticas migratorias de
los gobiernos de turno.
Una segunda hipótesis a plantear sería la de que los
inmigrantes a partir de la segunda generación se involucran más con el país
por desarrollar un cierto sentido de nacionalidad y pertenencia, pero que
dadas ciertas situaciones de marginamiento social por la sociedad hondureña,
se ven en la necesidad de ingresar en los últimos años a la política a fin
de cuidar sus intereses de grupo. Esta última ha sido mas obvia por cuanto
en los últimos años ha sido mas notoria la presencia de descendientes de
inmigrantes en la política nacional, de aquí la necesidad de tratar de
conocer las razones que los impulsan a hacerlo para conocer si lo hacen cono
parte de un sentimiento de integración hondureñista o si por e contrario lo
hacen como identificación de grupo particular para defender sus propios
intereses, aún a costa de los intereses de Honduras. Metodológicamente,
aparte de la investigación documental y el análisis de las fuentes, se
realizó un muestreo basado en 50 entrevistas representando un 100% de la
población inmigrante en Tegucigalpa, encontramos que los palestinos forman
una quinta parte del total, los chinos una octava parte y los judíos una
veinteava parte.
Inmigrantes del Medio Oriente en Tegucigalpa
¿PALESTINOS Y ARABES?
Árabes y palestinos, apoyados en la Ley de Extranjería del 10
de Abril de 1895, engrosaron el caudal de extranjeros en el país, siendo su
momento de mayor apogeo entre 1880 y 1930. La denominación “turco” como mal
se llama a estos inmigrantes, se debió a que en un inicio ellos portaban
pasaporte con tal nacionalidad por estar Palestina adscrita por la fuerza al
Imperio Turco durante el período en mención, en el momento en que ellos
iniciaron su flujo migratorio hacia Honduras.
Una de las primeras cosas que se descubrieron durante esta
investigación es que la mayoría de los llamados árabes en realidad son
grupos humanos que por una razón u otra estuvieron bajo la égida del imperio
árabe, pero que como grupos humanos pertenecen a diferentes etnias tales
como palestinos, sirios, egipcios y libaneses; ni siquiera el árabe
es su lengua materna sino más bien una segunda lengua que se vieron forzados
a aprender; consideramos entonces, que, por mostrarse como un grupo
cosmopolita de una región en particular del planeta, de aquí en adelante
sería más apropiado hablar de inmigrantes de Medio Oriente, al
referirnos al grupo citado.
En el caso
particular de Tegucigalpa, la mayoría son palestinos originarios de tres
pueblos pequeños: Beth Leghem, Bet Sahur y Bet Jala., en su mayoría
cristianos u ortodoxos, tolerados por los musulmanes para cuidar los lugares
santos evitar las guerras que ponían en peligro la vida de los peregrinos ().
Estos cuidadores de sitios santos se dedicaron no sólo a dicha tarea, sino
también que trabajaron como pequeños propietarios de hotelería o artesanos,
elaborando objetos religiosos de concha nácar. Al verse privados de la
libertad de escoger donde vivir, aunque hablaban su lengua madre, también se
vieron obligados a aprender a hablar el árabe para entenderse con los del
lugar. Precisamente, esto explica el porque los inmigrantes no le enseñan
árabe o su lengua nativa a sus hijos, sino por el contrario, hacen todo lo
posible por olvidar una lengua que les recuerda el haber vivido obligados en
un lugar.
La
posibilidad de mejorar sus condiciones de vida emigrando hacia otros países,
permitió a algunos de ellos salir mientras otros fueron obligados a quedarse
para mantener el cuido de los lugares santos. En principio emigran a Francia
en donde agentes enviados por gobiernos de América les invitaban a poblar
sus territorios; en el caso de nuestro país el agente fue Adolfo Zuniga y
logró contactar varias familias que decidieron irse a Honduras más o menos
para 1880 ().
Sin embargo, debemos hacer énfasis que la mayoría de ellos tienen como
objetivo Chile o Colombia, pero durante su tránsito migratorio quedan
atrapados en Honduras y deciden residir aquí ().
Los inmigrantes de Medio Oriente lograron insertarse dentro
del desarrollo económico promovido por las empresas bananeras
norteamericanas en la costa norte de Honduras. Si bien es cierto que su
inserción en la sociedad local fue lento ellos mismos buscan la manera de
acelerarlo, y aunque al principio se crea la tradición de traer esposas del
lejano oriente, por la razón antes mencionada se dan casos de palestinos que
se casan con hondureñas integrándose de esta forma más rápido al contexto
social hondureño.
Por ello, es en la Costa Norte donde se empiezan a integrar a
la sociedad inmigrantes árabes y palestinos: Constantino Niní (primer árabe
registrado en Honduras), Salomón Handal (primer árabe anunciado como
comerciante en San Pedro Sula), Jorge José, los hermanos Sikaffi, los
hermanos Moisés, Nicolas Gabrie, Domingo Larach, Elías Yacamán, Miguel Kawas,
Salomón Marcos, César Abud, Abraham Musa, Bishara Handal, Sabas Larach,
Constantino Larach, Juan Andonie, S. Panayotti, la familia Dip, Francisco
Saybe, Miguel Handal y Jacobo Jaar entre otros.
Esta primera inmigración que ocurre durante los últimos 30
años del siglo XIX, saturo la plaza de trabajo en la costa norte, muchos de
los nuevos migrantes árabes estudian entonces la posibilidad de moverse a
otras partes de la república donde haya más oportunidades de trabajo. Por
otra parte, la malaria y el paludismo en la costa norte era aún el azote de
muchos debido a que el tratamiento no era lo suficientemente conocido por
todos, lo que permitía que aún fuera mortal par la población. Si bien es
cierto las compañías bananeras lograron desarrollar el DDT como un elemento
extinguidor de la plaga de zancudos común en la costa atlántica de Honduras,
también es cierto que como resultado inmediato aumentó la población de
trabajadores e inmigrantes que al final, sobresaturaron la región como plaza
de trabajo.
Ante los
motivos anteriores, el centro del país se volvió un lugar llamativo para los
palestinos que fueron capaces de notar no solo el fuerte trasiego humano
producto de la necesidad de viajar a California por una ruta más barata
(recordemos la fiebre de oro de finales del siglo en dicho lugar ())
sino también el movimiento ocasionado por el laboreo de las minas de el
Rosario y Milla 3 en San Juancito.
De hecho, Comayagua y Tegucigalpa, por ser capital del país y por estar
cerca de la zona comercial de San Juancito. El movimiento era tal que muchos
de los árabes realmente estaban interesados en ubicarse en esta franja del
territorio hondureño, pero debido a falta de capital o de oportunidades se
vieron obligados a quedarse en la costa norte. El centro de Honduras se
volvió el próximo punto a explotar comercialmente con miras a desarrollarse
individualmente. Eduardo Curi, originario de Beth Sahur, Palestina, fue el
primero en llegar a Tegucigalpa para dedicarse al comercio. Otros decidieron
aprovechar las oportunidades de trabajo que se dieron en el momento, como el
abuelo de Don Adolfo Facussé, quién trabajó para las mineras en El Mochito
como ingeniero de puentes durante varios años, aunque posteriormente se
movió hacia la capital con su propio negocio ().
Asentados los primeros palestinos, parientes cercanos y
lejanos empiezan a emigrar hacia Honduras en un flujo migratorio
significante, interactuando con la población local que lo permitía. Debido a
ello, entre 1910 y 1930 este proceso migratorio se aceleró y fue frenado por
el gobierno local con la nueva Ley de Inmigración de 1929 que obstaculizó la
entrada de estos grupos, aunque el proceso de inserción social continuó
acelerándose gracias a la inserción de los hijos de los inmigrantes en
diversos sectores del dinamismo social hondureño, ejemplo de ello son los
casos de la compositora musical Lidia Handal y de la escritora Emilia
Yacamán de Bertot; de deportistas como Antonio Yacamán y Alfredo Belot; o en
el aparato productivo como el caso de la familia Sikaffy y su incursión en
el cultivo del café.
Como
apuntamos antes y a diferencia de otros grupos, los inmigrantes de Medio
Oriente no intentaron transmitir lengua o costumbres más allá de lo
necesario a las nuevas generaciones. Una actitud de incorporación a la
sociedad hondureña como actitud de grupo es visible no sólo en el hecho de
que la mayoría solo hablan español o inglés, sino también en el hecho de
compartir la misma escuela (),
la misma universidad (),
inclusive la misma religión ().
El hecho de que los inmigrantes fueran cristianos les
facilitó su incorporación en Tegucigalpa ya que compartían las mismas
creencias de los locales. Por otra parte, su inserción dentro de la economía
local les brindó rápidamente la oportunidad de codearse con las esferas más
altas de poder económico y político de la localidad. Contrario a otras
ciudades del país, en Tegucigalpa lograron organizarse primero en la
Sociedad Unión Juventud Árabe, publicar un semanario y tener un programa de
radio llamado “La Hora Árabe”. Aunque tampoco podemos hablar de una
aceptación total o si fue mucho más amplia de la que lograron en San Pedro
Sula o Ceiba.
Su primera
incursión en la política fue un hecho casual: durante la guerra civil contra
Rafael López Gutiérrez se acusó a los árabes y palestinos de militar a favor
de Tiburcio Carías Andino, por lo que sufrieron violencia, robo y despojo.
Una vez con Carías en el poder, el caudillo en agradecimiento procuró tener
las mejores relaciones con ellos, tanto que se llegó al extremo de que el
General Carías llegara a ser compadre de Salomón Barjúm. La colonia árabe en
cambio, fortaleció la relación a través de concesiones y regalías a los
grupos de poder de ese entonces ().
Para los años 60, es perceptible su inclusión en la política nacional por
medio de los partidos políticos, no solamente porque se les da la
oportunidad de votar como hondureños (realmente, ya lo eran por nacimiento)
sino también de escalar posiciones de dirección al interior de los
gobiernos.
Con el ascenso a la presidencia del General Tiburcio
Carías en 1933, se percibe por primera vez una vinculación
entre los grupos de poder político del país y los inmigrantes
árabes. Al mismo tiempo, ya no sólo se preocupan por
realizar inversiones en el sector comercial, sino también en
otros rubros de la economía. De esa forma empiezan a invertir
en fábricas textiles, en la industria del tabaco, la
industria azucarera, la caficultura, etc. A partir de 1949,
con
el gobierno de Juan Manuel Gálvez, se impulsa la
modernización económica, política y social del país. Con
ello,
los
árabes y palestinos, así como sus descendientes,
empiezan su consolidación económica, ya que a la par del
desarrollo capitalista que se fomenta en el país, se transforman
en fuertes empresarios, invirtiendo sus capitales acumulados varios años
atrás en el sector industrial, comercial,
financiero y agropecuario del país ()
Este último punto es de vital importancia en la historia
contemporánea de Honduras, tomando en cuenta la
posición que ostenta actualmente el grupo de ascendencia palestina
en la economía nacional.
Hacia finales de la década del 80
los grupos descendientes de los inmigrantes de Medio
Oriente, representaban el sector más importante en la
' estructura de la oligarquía financiera del país, ya que
controlaban el' 26.47% de la inversión financiera,; sobrepasando
la inversión total de las compañías transnacionales,
quienes controlaban el
,22.51
% del total de la inversión
financiera en Honduras ().
Todo esto
ha provocado que, lejos de sentirse árabes o palestinos, las nuevas
generaciones se sientan hondureñas, por haber nacido en este país ().
La mayoría de los inmigrantes de este grupo ya eran tercera generación
familiar en Honduras hacia los años 30 y de hecho ya habían nacido en
territorio nacional, volviéndose por ello hondureños por nacimiento. Así
que, está bien fundamentada la intención de tomar parte en todo lo
relacionado a la sociedad hondureña: arte, educación, deporte, religión o
política, este último con mayor énfasis ahora en el siglo XXI.
De hecho,
actualmente, de cada 22 árabes en Tegucigalpa, apenas 2 son residentes, los
demás son naturalizados o en el mejor de los casos, son nacidos en Honduras;
todos ellos son descendientes llegados al país en las oleadas migratorias de
1915 a 1930, o sea que son cuarta o quinta generación; sus ancestros
provienen de Palestina, Bet Yala, Bet Sahur, Bet Lehem, El Cairo,
Alejandría, Rabat, Marruecos, Yunitta, Líbano, Libia, Sidón, Gizeh y Zaguata..
Interesante es el hecho de que la mayoría vienen auxiliados por familia ya
establecida en el país, unos pocos viajan por cuenta propia, pero todos
viajan en busca de mejora económica, o huyendo de la guerra, pero en muy
pocos casos por razones familiares, es decir, pueden venir ayudados por la
familia pero no para estar con ella, la independencia en busca de destinos
personales se respeta mucho entre ellos. De todos los inmigrantes de este
grupo solo uno trabajo como empleado y por corto tiempo, los demás (la
mayoría) trabajaron por cuenta propia, razón que los mantiene viviendo en
Tegucigalpa permanentemente, aunque comparado con la costa norte, son
solamente una quinta parte del total de inmigrantes de Medio Oriente, los
que residen en la capital ().
Inmigrantes Chinos en Tegucigalpa
Los primeros chinos ingresan a la costa Norte del país
huyendo de los malos tratos y la mala vida obtenida en San Francisco y otras
ciudades de la costa oeste de California, o en busca de trabajos más
salubres que el que se efectuaba en la construcción del Canal de Panamá o en
las cañeras de la isla de Cuba, obteniendo visa como residentes temporales o
extranjeros en tránsito en Honduras. Algunos de ellos eran coolíes,
trabajadores de las cañeras pero la mayoría fueron simplemente chinos que
perdieron su camino original o fueron abandonados a su suerte por
acompañantes que no pudieron continuar el viaje con ellos, llamados chinos
de ultramar por emigrar voluntariamente desde China. De hecho, la gran
mayoría de los que emigran a Honduras lo hacen voluntariamente, de aquí
surgió la necesidad por parte del Dr. Amaya de diferenciarlos de los
coolíes al titular su obra “Los Chinos de Ultramar en Honduras”.
Inexplicablemente su presencia no deja mayores pistas durante la etapa final
del siglo XIX ni los inicios del siglo XX; lo más cercano a alguna mención
aparece en el censo de 1887 practicado por Antonio R. Vallejo en donde se
registraron un total de 6,167 extranjeros y en el cuál aparece por primera
vez en un censo en Honduras, un ciudadano de nacionalidad china radicado en
Santa Bárbara, cuyo nombre responde al de Darío Yip ().
Ya para 1945 habían 307 ciudadanos de origen chino y entre
los años de 1946 y 1956 sólo se registra la naturalización de seis
ciudadanos de origen chino: Samuel Young Puick, José Antonio Quan, Juan
César Quan y Julio Ernesto Quan y Francisco Pon.
La ausencia
de nombres chinos se debe a la costumbre de ellos de tomar nombres comunes
al lugar donde residirán como una forma de facilitar su inserción en el
grupo local, de aquí que la mayoría de los chinos se llamaran Charlie en los
Estados Unidos como Juan, José o Jorge en Honduras y América Latina en
general, aunque es oportuno aclarar que la costumbre de cambiarse el nombre
aparece primero en El Salvador, primer lugar de Centroamérica en recibir
chinos de ultramar ().
Por otro lado, los chinos usan los nombres al contrario de
los occidentales: primero indican su apellido para identificar su familia y
después su nombre para identificarse a sí mismos, de esta manera Quan Chi
Ling pasa a ser José Ernesto Quan, más aceptable para nuestro sistema
social.
Los inmigrantes chinos en Honduras, encuentran su nicho en
nuestra sociedad a través del establecimiento de abarroterías en lugares
estratégicos de clara proyección con las clases más necesitadas del país,
aparte de buscar los mercados, se ubican en los barrios de mayor extracción
popular; otros se dedican a la cocina, instalando restaurantes donde se
vende comida china y comida hecha por chinos en San Francisco. Sin embargo,
el crecimiento migratorio ocurrido en Honduras en el primer tercio del siglo
XX abre las oportunidades para ingresar a cualquier punto del territorio
nacional. De hecho, muchos logran arribar al país entre 1915 y 1929, la
mayoría costeando el viaje por su propia cuenta y amparados a parientes ya
radicados en lugares determinados de la república.
En
Tegucigalpa, las noticias sobre el primer chino que arribo a la capital nos
la brinda el escritor Marco Antonio Rosa en su novela “Tegucigalpa de mis
primeros años”. En ella, hace alusión a un chino de nombre Tan Wan Lung,
pero del que no se ha encontrado documentación ().
El segundo parece ser Joaquín Pon, de quién si se sabe nació
un 4 de agosto de 1869 en la provincia de Cantón e ingresó a Honduras un 5
de mayo de 1898, fundando un negocio que se convirtió en uno de los más
prósperos a principios del siglo XX. Lamentablemente las guerras civiles y
continuas revueltas populares acabaron por dejarlo en la quiebra. También se
asentaron en Tegucigalpa durante la misma época Antonio Ch. Waiss, Ricardo
Yu-Way, Federico Yu-Shan, y los hermanos Vicente y Quinchon León. Estos
últimos ya para 1900 estaban operando el rubro comercial con la casa
Quinchon Leon y Cía. Para 1912 llegaron entre otros Julián Quán, Simón
Castro Wu y Chang Sian Pio. Julián Quan organizó la casa comercial Julián
Quan y Cia, que se volvió una de las principales casa comerciales del centro
de Tegucigalpa.
Para 1945 habían 307 ciudadanos de origen chino y entre los
años de 1946 y 1956 sólo se registra la naturalización de seis ciudadanos de
origen chino: Samuel Young Puick, José Antonio Quan, Juan César Quan y Julio
Ernesto Quan y Francisco Pon. La escogencia de Tegucigalpa solo fue una más
entre las posibilidades que ofrecía el país, por ello encontramos colonias
en igual medida en San Juancito, Choluteca, San Pedro Sula, Puerto Cortés,
Tela, El Progreso, La Ceiba y Olanchito. Lejos de una razón particular, lo
cierto es que los chinos buscan lugares donde haya tráfico comercial
suficientemente bueno para instaurar sus actividades y beneficiarse de
ellas. Tegucigalpa tuvo la gran ventaja de ser el centro político y por
ende, una plaza en crecimiento.
Pese a ello su inserción social fue lenta aún en esta ciudad
debido a lo cerrado de su actividad social y al hecho de que para la mayoría
de los hondureños, los chinos solo venían a hacer dinero para llevárselo. El
celo por el triunfo económico de la gran mayoría de ellos y la insistencia
de los mismos a conservar hábitos de vida opuestos a los nativos, acrecentó
su discriminación en particular durante el gobierno de Vicente Mejia
Colindres. Como se apuntó antes, una forma de paliar el problema puede verse
en la normativa del uso de los nombres por los chinos. La ausencia de
nombres chinos se debe a la costumbre de ellos de tomar nombres comunes al
lugar donde residirán como una forma de facilitar su inserción en el grupo
local, de aquí que la mayoría de los chinos se llamaran Charlie en los
Estados Unidos como Juan, José o Jorge en Honduras y América Latina en
general. Por otro lado, los chinos usan los nombres al contrario de los
occidentales: primero indican su apellido para identificar su familia y
después su nombre para identificarse a sí mismos, de esta manera Quan Chi
Ling pasa a ser José Ernesto Quan, más aceptable para nuestro sistema
social.
Los inmigrantes chinos en Honduras, en un inicio encuentran
su nicho en nuestra sociedad a través del establecimiento de abarroterías en
lugares estratégicos de clara proyección con las clases más necesitadas del
país, aparte de buscar los mercados, se ubican en los barrios de mayor
extracción popular; otros se dedican a la cocina, instalando restaurantes de
comida china. Sin embargo, nadie puede negar por una parte su crecimiento
económico como nos lo demuestran lugares como el Supermercado Yip, las
tiendas El Mandarín o el mismo China Restaurant. Aunado a esto la
participación activa de las generaciones de hondureños descendientes de
chinos que han llegado inclusive a dirigir la economía nacional.
Actualmente, en el muestreo correspondiente, de cada 13 chinos en
Tegucigalpa, apenas 3 son residentes, los demás son naturalizados o en el
mejor de los casos, son nacidos en Honduras; todos ellos son descendientes
llegados al país en las oleadas migratorias posteriores a 1960, o sea que
son tercera generación en su mayoría; sus ancestros provienen de Cantón,
Wugia, China Continental, Shanghai y otras pueblos pequeños. La mayoría
vienen auxiliados por compatriotas chinos (no familia) ya establecidos en el
país, siendo común que el viaje lo hagan por cuenta propia, pero todos
viajan en busca de mejora económica los más nuevos, los más viejos huyendo
de la guerra, pero en muy pocos casos por razones familiares, y aunque
parezca increíble mientras a fines del siglo XIX y principios del XX era
común la inmigración de jóvenes, en la actualidad es más común la de
personas mayores (de 45 años en adelante) debido quizás a que los jóvenes
aspiran más llegar a otros destinos como Estados Unidos. La escolaridad fue
alta en este grupo, 8 de 13 presentan grado universitario y 2 niveles de
post grado a diferencia de los palestinos de los cuales solo 11 entre cada
22 había completado la secundaria. De todos los inmigrantes de este grupo
solo dos trabajaron como empleados y los demás (la mayoría) trabajaron por
cuenta propia, razón que los mantiene viviendo en Tegucigalpa
permanentemente ().
Sin embargo la forma en como estos inmigrantes llegan a Honduras desde
finales del siglo pasado, hace más difícil la investigación debido a que se
vuelven un grupo cerrado a la misma, ya que según el dicho popular la
mayoría son inmigrantes ilegales, por lo que es difícil conocer si realmente
vienen por familia y de que manera llegan aquí. Durante una investigación
del Registro Nacional de las Personas en 1986, en cooperación con el
Departamento de Migración, se logró descubrir chinos residentes que vivían
con el pasaporte extendido a otro ciudadano chino en el siglo pasado, como
fue el caso de Julián Quan, quién contaba en 1986 con 25 años, pese a que en
el pasaporte afirmaba que había nacido en la provincia de Kwuang Tong un 6
de abril de 1860 ().
La poca
existencia de tumbas de ciudadanos de origen chino también arroja preguntas
que inclusive, se intentan contestar por parte de la sabiduría popular que
afirma que “esa es la razón de que hagan bastante Chop Suey en los
restaurantes chinos” o de que “la carne no es de pollo…es de chino”().
Aunque haya “amistad” con alguno de ellos, en el momento en
que se pregunte sobre como vinieron a Honduras, estos se volverán enemigos
suyos y no dirán nada, como pasó a un par de compañeros durante esta
investigación.
Inmigrantes Judíos en Tegucigalpa
Los judíos son el grupo inmigrante minoritario existente en
Honduras (actualmente cerca de 100 familias), su entrada al país podría
ubicarse desde fines de siglo pasado (circa 1880) si seguimos la pista de
inmigrantes rumanos, húngaros y polacos que ya para 1945 sumaban un total
cerca de 36. Radicados en su mayoría en la ciudad de San Pedro Sula se
dedicaron al comercio local al igual que los inmigrantes de Medio Oriente,
de hecho hasta hicieron alianzas comerciales con ellos.
La
evidencia más antigua que encontramos es la de Luis Refsmann, en el
directorio de negocios de la Honduras Pan American de 1899 ().
Un inmigrante judío alemán Ernesto Lázarus llega a principios del siglo XX ().
Samuel Zemurray, famoso por iniciar la explotación bananera en Honduras, fue
otro de los pocos judíos en Honduras a principios del siglo XX. Los sucesos
acaecidos en Europa entre 1905 y 1929 acelerarán el flujo de inmigrantes
judíos hacia nuestro país.
De hecho,
durante el gobierno de Tiburcio Carías Andino, uno de sus hijos le propuso
asentar en el país diez mil familias de judíos europeos, cobrando a cada
familia diez mil dólares, lo que sumaría un total de diez millones de
dólares. El plan nunca se llevó cabo. Sin embargo, Julio Lozano Díaz, en
aquel entonces funcionario del gobierno de Carías, sostuvo que muchos judíos
habían llegado al país luego de que su permiso de ingreso había sido
autorizado por la misma Casa Presidencial().
En efecto, en entrevista concedida por el señor Helmut Seidel al historiador
Jorge Alberto Amaya, el relata que llegó a Honduras en 1939 por gestiones
que hizo el mismo Presidente Tiburcio Carías ante el cónsul de Honduras en
Hamburgo.
Pese a ser un grupo minoritario, ya para los años veinte
inician un despegue económico importante: Yankel Rosenthal, inmigrante de
origen rumano invierte capital en Honduras al formar en 1930 en sociedad
colectiva un establecimiento denominado “Siga la Flecha” en sociedad con
otro judío rumano el señor Manuel Rosemberg, “...el establecimiento negocia
con mercaderías en general y se especializa en artículos para caballeros y
ropa hecha. Sociedad colectiva. Socios únicos: Yankel Rosenthal y Manuel
Rosemberg. Puerto de desembarque: Puerto Cortés...”
Posteriormente se volverán propietarios de la conocida
Agencia Barret propiedad del norteamericano E.J.Barret la que, durante la
primera mitad del siglo XX, fue de suma importancia comercial en San Pedro
Sula. Por otro lado, Boris Goldstein y familia, inmigrantes judíos polacos
se establecieron en San Pedro Sula hacia 1929 iniciando un negocio artesanal
en la curtiembre de pieles y la elaboración de calzado; ya para 1933 Isaac
Goldstein pretendió instalar una nueva jabonera en San Pedro Sula para hacer
competencia a las ya existentes pero no prosperó en vista de la reticencia
de los otros inversionistas.
Entre otras familias inmigrantes judías podemos mencionar a
Jacobo Brandel, Antonio Ellner, Isaac Fux, Saias Goldental, Moises Knopmäjer,
Hermann Rubinstein, Max Runbinstein, Margarita Steinberger, José Sucrovich y
Jacobo Wolozny.
Ante estos hechos, es fácil encontrar el motivo por el cuál
se establecen en Tegucigalpa: centro político de la nación, así como el
punto financiero y de prestación de servicios públicos; aparte de el estar
cerca de quién les podía brindar protección ante cualquier inconveniente: el
gobierno del estado.
El
historiador Mario Argueta en su obra “Tiburcio Carías: Anatomía de una época
1923 – 1948” afirma claramente que “la
venta de pasaportes y visas a refugiados europeos fue otra forma de
enriquecimiento ilícito, aprovechando la necesidad de éstos de salir del
viejo continente para evitar los programas de exterminación ordenados por
Hitler” ().
El Despacho
696 de la legación americana al departamento de Estado en Washington
claramente dice:
"Cuando el Presidente Carías escuchó los detalles del plan,
de acuerdo al señor Lozano (Julio), le dijo a su hijo que no sabía que
contestar y sugirió que el asunto fuera expuesto a la señora Carías y a los
dos ministros de Hacienda y Guerra. Tanto la señora Carías como los dos
ministros opinaron que el plan era inaceptable ya que Honduras no estaba
preparada para admitir diez mil familias judías y que el proponente no era
la persona adecuada para sugerir el establecimiento de un Banco Central, ya
que la banca y las finanzas estaban fuera de la esfera de sus deberes…Julio
Lozano sostuvo que muchos judíos habían llegado a Honduras, luego que su
permiso de entrada había sido autorizado por la Casa Presidencial
(subrayado en el original)…El señor Lozano luego reveló que varios
refugiados judíos recientemente habían sido naturalizados en Honduras en
violación de las estipulaciones de la Constitución en lo relativo a
requisitos de residencia. Dijo que había uno o dos abogados locales que
están haciendo buen dinero ayudando en obtener pasaportes a judíos en
violación de la ley. El sostiene que estos abogados trabajan con la Casa
Presidencial " (subrayado en el original, negritas por los autores
de este informe).
Si somos capaces de detectar corrupción en el gobierno de la
época, esto vuelve más clara no solo la necesidad de los judíos de estar
cerca del poder político, sino también de otros grupos; esto explicaría
porque los grupos exentos como alemanes e italianos que no se apegaron al
gobierno, recibieron la persecución sugerida por el Departamento de estado
que desembocaría en la incautación de los bienes de alemanes e italianos y
su posterior desintegración a favor de nacientes capitales locales o en
otras palabras de los nuevos ricos del gobierno de Carías, surgidos del robo
inmisericorde a los inmigrantes antes mencionados. La cercanía al poder de
Chinos, Judíos y quizás Palestinos permitió que fueran inmunes a esta
cacería de capitales.
Una vez radicados se dedicaron al comercio local al igual que
los palestinos, de hecho hasta hicieron alianzas comerciales con ellos.
Aprovecharon las condiciones económicas que en su momento presentaron la
inversión minera en Tegucigalpa y la bananera en San Pedro Sula. En
Tegucigalpa, los más sobresalientes del período fueron Helmut Seidel, quién
intentó organizar la sinagoga en Tegucigalpa y fue Presidente de la
Comunidad Judía en lso años cincuenta; Ernesto Lázarus, Yaeli Starkmann,
Isaac Palme, Salvador Schacher, la familia Hirsch y la familia Goldstein,
que llegaría a Tegucigalpa procedente de San Pedro Sula, varios años
después. Entre otras familias inmigrantes judías podemos mencionar a Jacobo
Brandel, Antonio Ellner, Isaac Fux, Saias Goldental, Moises Knopmäjer,
Hermann Rubinstein, Max Runbinstein, Margarita Steinberger, José Sucrovich y
Jacobo Wolozny.
La inserción al grupo local siguió el mismo ritmo que la de
los palestinos, grupo con el cuál tuvieron alianzas matrimoniales en forma
frecuente y con el que se identificaron parcialmente, adoptaron los usos y
costumbres hondureñas con mucha más rapidez que los palestinos logrando
pasar desapercibidos por la sociedad local quien les veía como un hondureño
más. Algunas de las familias (como el caso de los Goldstein) se trasladaron
a Tegucigalpa en donde continuaron con sus negocios incluyendo en ellos
nuevas sociedades comerciales en algunos casos con hondureños. De hecho,
pareciera que su interés más relevante, fue el introducirse en política.
De todos es conocido que Samuel Zemurray activó para el
Partido Liberal de Honduras por medio de la Cuyamel Fruit Company, sin
embargo también tuvo ingerencia en el Partido Nacional a través de la United
Fruit Company. Zemurray cuidaba sus intereses y se escudaba en una falsa
persecución de la Cuyamel por el partido opositor. Al final, el fue uno de
los hombres que apoyó la llegada de Tiburcio Carias al poder ya que éste era
“el hombre de la United Fruit Company”.
La primera referencia de un judío participando abiertamente
en política es la de Roberto Lázarus, Ministro de Sanidad y Beneficencia
Pública en 1956, durante el gobierno del triunvirato militar que derrocó a
Julio Lozano Díaz.
A partir
de 1963, Jaime Rosenthal inició su carrera política en el Partido Liberal de
Honduras y permanece activo hasta la fecha. En 1970, los Goldstein se
vincularon a la política por medio del Partido Nacional: Jacobo Goldstein
fue Director del Instituto Hondureño de Turismo, su hermano Gilberto
Goldstein fue secretario privado del gobierno nacionalista de Rafael
Leonardo Callejas durante el período 1990-1994. Moisés Starkmann,
descendiente de judíos, fungió como Director de Setco durante el período de
Carlos Roberto Flores 1998-2001. En el caso de Ricardo Maduro, su familia
realmente llegó a Panamá a finales del siglo XIX, y no es sino hasta finales
de los cincuenta que Osmond L. Maduro se traslada a Tegucigalpa a vigilar
inversiones familiares. Su hijo Ricardo es nombrado Presidente del Banco
Central en el período de Rafael Leonardo Callejas y esto le abrirá las
puertas a la política nacional, que lo llevará posteriormente a la
presidencia de la nación.
Como
puede verse, no muchos activan en política, pero es claramente notable su
presencia en puestos estratégicos de mando en los gobiernos locales así como
al interior de los partidos políticos. De hecho, son las familias con el
mayor poder económico del país las que mantienen nexos casi de propiedad
con los partidos, los Rosenthal y los Goldstein, ubicando a los judíos en
los dos partidos y por ende, con posibilidades claras de influencia y
favores políticos, en ellos independientemente de quién posea el poder en
determinado momento. Mantienen así un equilibrio político para salvaguardar
los intereses de los judíos radicados en Honduras y sus descendientes.
Actualmente, en el muestreo correspondiente, de cada 5 judíos en
Tegucigalpa, 2 son residentes, los demás son naturalizados o nacidos en
Honduras; todos ellos son descendientes llegados al país en las oleadas
migratorias posteriores a 1930, o sea que son quinta generación en su
mayoría; sus ancestros provienen de Alemania, Rumania, Checoslovaquia,
Polonia, Danzig, Rusia, Argelia y posteriormente Israel. La mayoría vienen
independientes, siendo común que el viaje lo hagan por cuenta propia, pero
todos viajan en busca de mejora económica, es común la inmigración de
jóvenes. La escolaridad fue alta en este grupo, 4 de 5 presentan grado
universitario. De todos los inmigrantes de este grupo todos han trabajado
por cuenta propia, siendo vecinos en Tegucigalpa permanentemente ().
Conclusiones
La inmigración ha aportado a Honduras un desarrollo
capitalista definido, aunque polarizado hacia ciertos sectores del país, sin
contar con el enriquecimiento del proceso de mestizaje que caracteriza al
hondureño de hoy. La presencia de los grupos europeos sobretodo alemanes y
los norteamericanos activaron una incipiente economía principalmente
agrícola redirigiéndola hacia la industrialización capitalista a la vez que
propugnaba por la diversificación para poder integrar así ambos rubros, el
tradicional y el naciente.
Si bien es cierto los procesos iniciales fueron abortados
sobretodo en el caso de los alemanes en el sur, la labor agrícola ya no se
vio de la forma en que tradicionalmente se hacía; la continuación de los
métodos y técnicas traídas por los inmigrantes continuó desarrollándose tal
y como lo esperó Marco Aurelio Soto cuando creó las leyes de inmigración;
grupos posteriores retomarán la experiencia aunque sus aportes se vean
limitados en el tiempo y llevarán a algunos de estos inmigrantes a ser
personalidades al interior del capitalismo hondureño.
En el caso de los inmigrantes de medio oriente y oriente, su
imbricación en el desarrollo comercial y posteriormente industrial tiene
gran trascendencia para entender los esquemas económicos que han sido
utilizados como modelos de desarrollo en el país. Nuestra investigación no
sólo ha arrojado posibles respuestas a las hipótesis planteadas al inicio de
este trabajo, sino que también nos ha mostrado grosso modo el lado
obscuro de la inmigración: la corrupción y la necesidad de estar cerca de
los círculos de poder.
Como una primera hipótesis al trabajo, planteamos la
posibilidad de que estos inmigrantes se mueven a la capital por ofrecer ésta
ciertas particularidades en cuanto a salud y educación que no se ofrecían en
otras ciudades del país, tales como la Universidad Nacional, el hospital San
Felipe, clínicas y escuelas privadas, mejor clima e inclusive una mayor
cercanía a otros puntos del territorio nacional por estar casi en un punto
equidistante de ambas cosas, lo que facilitaba el comercio marítimo vía
Amapala o Puerto Cortés, aprovechando para ello las políticas migratorias de
los gobiernos de turno. La poca competitividad en este ámbito permitía el
desarrollo económico de los grupos en cuestión libres de presiones producto
de una sobrepoblación local, sino que por el contrario, con todo un mercado
a la orden del día, una demanda constante con una facilidad de oferta
abundante.
En el caso de la entrevista con Vladimiro Kestenbaum, se hace
claro que el hecho de que ellos se movieron a Tegucigalpa desde El Progreso
se debió a la necesidad de que su tío recibiera tratamiento médico
especializado que sólo se obtenía en esta ciudad. Esto confirma nuestra
hipótesis en parte, pero lo que realmente nos han dejado entrever los
documentos en esta investigación preliminar es como la corrupción alimenta
la necesidad de estos grupos de permanecer cerca del poder para protegerse.
La mayoría de los inmigrantes con excepción de los de oriente medio, fueron
personas formadas universitariamente, su nivel de escolaridad y el haber
crecido en sociedades maduramente capitalistas les permite detectar las
facilidades de un gobierno pueblerino y de cómo aprovecharlas en beneficio
propio. De allí la necesidad de estar cerca del poder.
Una segunda hipótesis que nos planteamos es la de que los
inmigrantes a partir de la segunda generación se involucran más con el país
por desarrollar un cierto sentido de nacionalidad y pertenencia, pero que
dadas ciertas situaciones de marginamiento social por la sociedad hondureña,
se ven en la necesidad de ingresar en los últimos años a la política a fin
de cuidar sus intereses de grupo.
Basados en el descubrimiento anterior, se evidencia que las
familias de inmigrantes no se han integrado en realidad a la sociedad
hondureña, sino al círculo social que ejerce labor de dominación sobre esta
sociedad; por ende, estos “extranjeros nacionales” a su vez, han compartido
la falta de acceso al gobierno propuesta por ese círculo local,
contribuyendo a alejarla del resto de hondureños que vive sin asociaciones
con ninguno de ese círculo.
La inserción de estas subculturas en la cultura hondureña no
ha provocado una interacción totalmente positiva: si bien es cierto sus
costumbres, modo de vida y en algunos casos hasta la dieta alimenticia, han
pasado ha formar parte de la hondureñidad actual, también es cierto que la
forma en que se adscriben a nuestra sociedad, no sólo han permitido su
posicionamiento social como económicamente poderosos sino que también han
pasado a formar parte de los grupos políticos de nuestro país; en otras
palabras, el poseer el poder económico les ha permitido pactar con los
detentores del poder político en detrimento del hondureño nativo, que se
vuelve incapaz de ejercer su propio dominio, manejar las situaciones de su
propio desarrollo económico e inclusive disfrutar de su propia nacionalidad.
No ha habido un salto de lo económico a lo político porque ellos siempre han
estado detrás del poder, lo que ha surgido es la participación directa de
ellos por cuanto a estas alturas es más fácil que les vean como hondureños.
Para los verdaderos hondureños herederos de esta tierra y de su conformación
inicial como grupo mestizo, es cuando ser hondureño, se vuelve un acto de
fe.
Aún falta ahondar en muchas de las situaciones antes
descritas, por cuanto a que este es solo un primer informe de investigación
y sentimos que apenas hemos tocado la punta del iceberg: en este sentido
será necesario conocer de los demás gobiernos y establecer alguna conexión
entre el despacho 696 en tiempos de Carías y el fraude de el Chinazo durante
el período de Carlos Roberto Reina.
Por otra parte, se hace necesario también el investigar las
actividades económicas de los inmigrantes con más detenimiento, para muestra
un botón: de acuerdo a Jorge Amaya los Roshental son dueños del 10% de la
riqueza de este país…¿porqué no lo es un hondureño? ¿Incide en esto la
herencia colonial de los grupos de poder que jamás se han sentido parte del
país por heredar esa ausencia de patria del criollo colonial, misma que han
tratado de encontrar primero en Francia y después en Estados Unidos,
generando con ello una clase política mentalmente extranjera y que considera
que el país es una hacienda de su propiedad y que sólo otros extranjeros
como ellos pueden usufructuarlo en beneficio propio?¿Donde queda entonces el
verdadero hondureño si está regido por extranjeros nacionales que aún por
medio de sus sistemas educativos (bilingües) propugnan por la conservación
de su casta por encima de la nacionalidad y aún del mismo concepto de
nación? De hecho…¿cuál sería entonces en concepto de nación en Honduras?
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