El siglo XIX trajo consigo dos
revoluciones industriales que transformarían las
formas de vida y el modo de pensar de millones de
personas residentes en el mundo occidental. Los
descubrimientos científicos aunados a su aplicación
en el campo de la ingeniería dió prontos resultados
en busca de una mejor alternativa de fuerza motriz
que sustituyera la animal. La máquina de vapor de
Fulton y su aplicación a la industria y los transportes
provocó el salto cualitativo necesario para que
su generación se viera involucrada en la creación
de un mundo cuyo ritmo de vida se iría incrementando
desde entonces hasta cotas cada vez más altas, tan
altas como las conocemos hoy día y que será superada
únicamente por la revolución de las comunicaciones
que acontecerá a mediados del siglo XX.
Aplicado a los transportes, la
máquina de Fulton originó el ferrocarril, bastión
de desarrollo de las naciones desarrolladas del
siglo XIX. El ferrocarril se convirtió en símbolo
de progreso de toda una época, que en el caso de
América, despertaba a su conciencia como naciones
independientes algunas de ellas sin la capacidad
de entender lo que ello significaba en aquel momento
histórico. Pese a ello y con la ayuda de agentes
enviados sobre todo por Inglaterra, pronto se hizo
evidente en Centroamérica que su territorio, aunado
a un ferrocarril, podría generar la suficiente prosperidad
como para que estas pequeñas naciones saltaran a
la palestra mundial como autosuficientes. La búsqueda
de un dique seco que permitiera transportar mercadería
de desde el Caribe hasta el Pacífico por parte de
las naciones colonialistas, era de vital importancia
para minimizar costos y tiempo, acrecentados por
el hecho de tener de traer la mercancía ya fuera
por el sur a través del Estrecho de Magallanes o
dar toda la vuelta por la India y Africa lo que
equivaldría a darle la vuelta al mundo.
En un primer intento, parecía ser
el ferrocarril la llave para resolver el problema.
Después de un minucioso estudio, dos puntos fueron
los seleccionados por los ingenieros británicos:
el norte de Nicaragua, desde el Rio Wans Coco o
Segovia, pasando por un trecho de tierra firme hasta
salir al Pacífico por el Rio Negro; esta brecha
también sería tomada en cuenta para construir un
canal interoceánico posteriormente por Fernando
de Lesseps, pero lo descartó por ser demasiado grandes
las distancias e implicar una obra muy costosa para
la época. El otro sitio fue a través de Honduras,
en un punto de su territorio que fue el último en
salir del mar durante la formación de Centroamérica
en tiempos prehistóricos, la denominada Depresión
Central de Honduras que parte desde el Atlántico
a través del valle de Sula, Comayagua, La Paz y
Nacaome. La idea se proyectó en llevar el ferrocarril
desde Puerto Cortés, pasando por Pimienta, Potrerillos,
Yojoa, Comayagua, Yarumela, hasta llegar a Nacaome
y después desviarlo a San Lorenzo, punto de embarque
del territorio hondureño propiedad del Puerto de
Amapala.

Si bien es cierto, la idea flotaba
entre las mentes de los que ocuparon la Jefatura
del Estado de Honduras, la inexperiencia financiera
de los rectores de la nueva república dio como resultado
que el intento más importante por traer progreso
material al país se convirtiera en un trágico fracaso
por el que Honduras tuvo que pagar un precio más
alto de lo esperado y su primer descrédito internacional.
El presidente José Trinidad Cabañas, el 23 de Junio
de 1853, firmó la primera contrata para la construcción
de un ferrocarril que atravesara el país de Sur
a Norte; se palpaba el negocio en vista de que aparte
del trasiego de mercaderías provenientes de todo
el mundo, podía servir también como lugar de paso
para la ingente emigración que desde la costa oriental
norteamericana y desde Europa, se dirigía a California
en la época de la fiebre del oro, emigración que
contra la creencia general popularizada por los
cinematógrafos, no ocurrió a través de los desiertos
centrales de Estados Unidos sino más bien por la
vía marítima a través del Cabo de Hornos, por el
incipiente ferrocarril de Panamá o a través de los
lagos de Nicaragua, rutas por las que, durante diez
años pasaron 300,000 inmigrantes hacia la costa
norteamericana del Pacífico. Al final de este trabajo,
podrá encontrar una copia de la contrata firmada
por el presidente Cabañas, a fin de que haga sus
propias conjeturas. Cabañas contrató a una compañía
de ingenieros norteamericanos que elaboró los planes
e hizo el presupuesto, pero la naciente compañía
fracasó en sus propósitos de financiar la obra en
Estados Unidos, el señor Squier fue a Europa a gestionar
fondos para ella son éxito. Al final el proyecto
nunca se llevó a cabo debido a que un movimiento
armado que concluiría con el derrocamiento de Cabañas,
no permitió realizar los trabajos necesarios para
iniciar.
El primer intento serio y concreto
se debió al General José María Medina. Durante su
presidencia en 1868 creyó oportuno obtener en Inglaterra
el dinero necesario para llevar a término la construcción
de un ferrocarril interoceánico. La rivalidad por
este proyecto entre Estados Unidos e Inglaterra
existía, sin embargo en aquel entonces y gracias
al trabajo de Chatfield, (cónsul británico en Centroamérica
y quizás uno de los posibles destructores del proyecto
federativo) que logró establecer la hegemonía inglesa
en estas tierras durante el siglo pasado, tal rivalidad
no pasaría a más y permitiría que Medina se avocara
a Inglaterra como financista del proyecto. Quedaron
encargados de la negociación el ministro plenipotenciario
de Honduras en Inglaterra don Carlos Gutiérrez y
el francés Víctor Herrán, ministro plenipotenciario
de Honduras en Francia, autorizados ambos para que
conjuntamente negociasen la construcción de un ferrocarril
entre Puerto Cortés y el Golfo de Fonseca mediante
un empréstito que quedaría garantizado con las entradas
del ferrocarril, las generales de la república y
los terrenos libres del estado.
Gutiérrez y Herrán contrataron
cuatro empréstitos, los primeros con la casa Bischoffsheim
y Goldschmidt de Londres en 1867 por un valor de
cuatro millones de libras esterlinas al 10% de interés,
y los otros en París en 1869 con la banca Dreyfus,
Scheyer y Co. para complementar los obtenidos en
Londres. Los banqueros vieron en Honduras la oportunidad
para obtener beneficios y en forma efectiva sólo
facilitaron 300,000 libras (US$600,000) que sirvieron
únicamente para la construcción del primer tramo
del ferrocarril (menos de 100 kilómetros)y para
otorgar jugosas comisiones a los representantes
diplomáticos hondureños que vivieron principescamente;
intereses que Honduras, sumergida en una permanente
guerra civil nunca pudo hacer efectivos.

Así,
el 20 de Febrero de 1868 el Presidente José María
Medina por medio de un Decreto acepta la ejecución
de los trabajos del Ferrocarril por el empresario
William McCandlish, a quién según Carlos Gutiérrez,
entregó el 10 de Noviembre cincuenta mil libras
esterlinas, para dar principio a la línea férrea
y para entonces, las diferentes compañías navieras
buscaban ser preferidas para el transporte de los
rieles. El ingeniero Enrique O’Hagans llegó con
otro ingeniero, como representante de McCandlish,
el 18 de enero de 1869 a Omoa, quién informó de
su llegada al gobierno y al mismo tiempo expuso
su programa de actividades:"corte del monte
en el trazado del camino y la construcción en varios
puntos, de casas para albergar a los ingenieros
y operarios".
En
Diciembre de 1869 salieron de Londres tres barcos
cargados de rieles y otros materiales para la primera
sección del ferrocarril. Don Francisco Alvarado
en Enero de 1870 que esperaba que la primera sección
de la construcción del "camino de hierro"
estaría concluida en noviembre del mismo año del
que a la sazón "un desmonte imperfecto en la
línea, el muelle y el puente que atraviesa el canal
de la laguna, es cuanto existe en realidad como
fruto del año anterior". El 16 de Abril de
1870, don Francisco Alvarado daba cuenta al gobierno
que el puente de hierro de la laguna estaba por
ser concluído y que ta se buscaba la madera para
los otros puentes.
El 20 de Julio de 1870, James C.
Madeley informó al gobierno de Honduras entre otras
cosas que se ha limpiado el bosque por una distancia
de cuarenta y cinco millas; que el puente de Choloma
se ha concluído y el del Río Blanco está por ser
terminado; además que ya se han puesto rieles en
ocho millas por las cuales transitan los vagones
con una pequeña locomotora de mano. Para esa fecha
habían yá veintinueve mil durmientes cortados y
se anunciaba la llegada de dos buques que desembarcarían
dos locomotoras y el puente de hierro de Chamelecón
así como también materiales para empezar nuevos
trabajos en el Ferrocarril. Desde San Pedro Sula
el señor Madeley afirma que se ha terminado el puente
de hierro sobre sobre el Chamelecón. EL 23 del mismo
mes, J. Reinaud anuncia al gobierno que el puente
sobre el Río Blanco ya fue concluido y el del Río
Bermejo está por terminarse. Y el 30 de Julio desde
Potrerillos, James Bryson anunció al Presidente
que se habían recibido sin averías dos locomotoras
de las cuales la denominada "Medina" sría
puesta a trabajar en pocos días cuando el asiento
de la villa se hubiese hecho. Para el 1º. De Noviembre
dos locomotoras más habían llegado al país, y se
habían rescatado algunos vagones que venían con
la "Regina", que había naufragado. Para
el 8 de Diciembre de 1870 tres locomotoras trabajaban
desde Villa Medina hasta Chamelecón, con ocho carros
cada una transportando balastro para terraplenes
y materiales para la construcción de la línea.

Fue el 20 de Julio de 1870 que
por primera vez llegó a San Pedro Sula un carro
de primera clase del ferrocarril tirado por la "Medina",
cumpliendo por primera vez uno de los propósitos
del naciente ferrocarril. Los viajeros fueron Frank
Turner, algunos ingenieros, el capitán de un vapor
y toda la oficialidad de Puerto Cortés. Sin embargo,
esta euforia sería de corto plazo, ya que los problemas
económicos también llegaban al ferrocarril. En el
mismo año (1870), comenzó a circular la moneda de
níquel según se había acordado con la casa Dreyfus
de París, Francia, lo que contribuyó a empeorar
la ya desbordada inflación puesto que la misma quedó
pronto tan depreciada que nadie la aceptó en el
mercado. La situación se tornó tan grave y el crédito
hondureño cayó tan bajo que el señor Robert Watts,
en una reunión de los protectores de los bonos de
la deuda inglesa, asociación creada para garantizar
el pago de los beneficios a los especuladores, al
ver la imposibilidad del gobierno hondureño para
pagar los intereses, propuso el 3 de Agosto de 1875,
la cesión o venta del territorio hondureño a los
Estados Unidos a fin de que los acreedores resarciesen
sus inversiones. En 1880, los tribunales franceses
condenarían a la Casa Dreyfus por manejo indebido
de empréstitos.
El 25 de Marzo de 1879, el Congreso,
ante las reiteradas reclamaciones internacionales
provocadas por la deuda, exigió responsabilidades
pero el embrollo era demasiado grande; en Honduras
no había personas de experiencia financiera y todos
los participantes en las turbias transacciones eran
extranjeros menos Gutiérrez y aún éste apenas había
vivido en su patria, repartiendo su tiempo entre
Londres y Madrid, en donde representó a Guatemala
ante el presidente Castelar. Marco Aurelio Soto,
el 8 de Noviembre de 1876, heredó este caos financiero
y entre sus primeras medidas ordenó la destitución
de Gutiérrez y Herrán.
Por ello, Honduras sufrió durante
varias generaciones los efectos de aquellos empréstitos
y la situación llegó a ser tan grave, que cuando
el presidente Manuel Bonilla nombró en 1903 al doctor
Angel Ugarte agente en Londres para la liquidación
de los empréstitos, Honduras debía según la Bolsa
de Londres la cantidad de 15,798,617 libras esterlinas
aún cuando sólo se habían recibido 300,000. Cuando
los tenedores de libros comprendieron la imposibilidad
de Honduras para pagar tan exagerada cantidad, que
superaba la renta nacional de aquellos tiempos,
bajo el gobierno de Paz Barahona el 29 de Octubre
de 1925, se llegó en Washington a un convenio tomando
como base del arreglo la cantidad de 1,200,000 libras
(12,000,000 de lempiras en aquel tiempo) otorgándose
igual valor a los bonos de los cuatro empréstitos.
Para su pago, se destinó un impuesto especial del
3% "ad valorem" sobre las facturas consulares
y al año siguiente, Julio Lozano en representación
del gobierno hondureño , y el National City Bank
de Nueva York, suscribieron un acuerdo sobre la
forma de pago. En marzo de 1953, se canceló totalmente
la deuda.
Pese a todo lo anterior, en 1872
se pusieron en servicio los 100 kilómetros construidos
con lo poco que se rescató del empréstito, presentándola
al público como la primera sección de la línea,
aunque diversos arreglos se intentaron posteriormente
para construir más línea y explotarla. No fue sino
hasta el Marzo de 1920 cuando el gobierno y la Compañía
Agrícola de Sula celebraron un contrato por el cual
la compañía le daría en calidad de préstamo UN MILLON
DE DOLARES para la reparación, construcción, equipo
y nuevas construcciones del Ferrocarril Nacional
usando cono garantía al mismo, que pasaría a ser
administrado por la compañía por el tiempo que durase
la deuda, pudiendo el gobierno suspender la administración
en cualquier tiempo mediante el pago inmediato de
la deuda y sus intereses del 8% capitalizables anualmente
en caso de falta de pago. La ganancia neta serviría
para amortizar el capital y los intereses. Dado
que eventualmente la Cuyamel Fruit Co., subsidiaria
de la Tela Rairoad Co., aceptaría el traspaso que
de este le hiciera la Compañía Agrícola de Sula,
la Tela Railroad Company llegó a administrar el
Ferrocarril Nacional por Decreto No.4 del 17 de
Abril de 1920 que aprobara el Contrato de Anticresis.
Garantizando el préstamo, 20 de Abril de 1920, se
realizó la contrata y la Cuyamel Fruit Co. aceptó
el traspaso que le permitía ser la que administrara
y mejorara el Ferrocarril Nacional.

Durante un tiempo la Comisión Interventora
creada por el gobierno para la vigilancia de los
trabajos y liquidación mensual de cuentas, se vió
completamente anulada debido a que habiendo hecho
algunos reparos que la Compañía juzgó lesivos a
sus intereses, dejó de permitir la intervención.
De 1944 a 1945, siendo superintendente John W, Richardson,
el ferrocarril obtuvo una ganancia neta al 30 de
Junio de 1945 de Lps. 45,808.35; tenía más de 355
empleados de los cuales 322 eran hondureños, 4 nicaraguenses,
3 guatemaltecos, 3 norteamericanos, 2 ingleses,
1 griego, 1 ecuatoriano y 1 mexicano.
Si bien es cierto que se mejoró
la línea la misma solo se mejoró en cuanto a los
intereses de las compañías. Para 1930 la línea partía
de Puerto Cortés atravesando el Valle de Sula y
terminando en Potrerillos con un recorrido de 95
kilómetros y 10 estaciones en el trayecto, tenía
ramales a Lima, Progeso y Tela haciendo entonces
un total de 119.5 kilómetros. Contaba con 13 locomotoras,
61 carros de banano, 12 plataformas, 16 vagones,
2 cabuses, 2 carros tanque, 2 campamentos, 3 primera
clase y 3 segunda clase para pasajeros, 2 carros
de equipaje, 1 tranvía urbano, 2 carros para hielo,
1 martinete y 39 carros para caña.
En febrero 10 de 1994 se denunció
la venta de rieles del ferrocarril, a través de
una serie de irregularidades en la venta de 97 rieles
a Guillermo Downing y 97 rieles a Abel Morales.
La doble transacción de este lote de rieles valorados
en Lps. 31,556.00 facturados a la Municipalidad
de Choloma y llevados al una propiedad privada llamada
Rancho El Loco y que llevó a aceptar públicamente
actos de corrupción en el ferrocarril nacional.
El 26 de noviembre de 1993, Arnulfo López Jefe de
Operaciones enteró la cantidad de Lps. 31,556.00
a la Tesorería FCN. El 14 de Mayo Choloma pidió
34 rieles y 289 piezas de acero, Nueva Pimienta
y San Pedro de Zacapa aparecieron como compradores.