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La Administración Villeda Morales
Ramón Villeda Morales, Candidato en 1954
Por Mario R. Argueta
El año de 1954 fue crucial en nuestra
historia: inicial modernización del Ejército mediante la firma de un
acuerdo de asistencia militar con Estados Unidos, en mayo;
derrocamiento del régimen, popularmente electo, de Jacobo Arbenz en
Guatemala, en junio, (prestando Honduras su territorio para el
entrenamiento de las fuerzas "liberacionistas" encabezadas
por Carlos Castillo Armas; huelgas obreras desde el primero de mayo
hasta principios de julio, las más formidables, por su número y
propagación y apoyo ciudadano, que había visto la historia laboral
hondureña y, finalmente, la segunda fundación del Partido Comunista
y la celebración de elecciones en octubre además de las catastróficas
inundaciones.
Nuevamente se presentaban tres candidatos a la lid
electoral. El Partido Liberal presentaba cuadros remozados encabezados
por el Médico-Pediatra Ramón Villeda Morales quien hábilmente había
llegado alcanzando el liderazgo y la nominación tras el virtual
retiro de José Angel Zúniga Huete. Por su parte el Nacionalismo se
presentó dividido: de una parte del Cariísmo presentando nuevamente
como aspirante al Caudillo de Zambrano (para entonces con 78 años de
edad) y un sector minoritario que otorgaba su lealtad al Presidente
Juan Manuel Gálvez: el Movimiento Nacional Reformista. Cuando las
maniobras en el Congreso para conseguir la reelección del Mandatario
no prosperaron (debido a la oposición de Carías y sus diputados),
escogió al antiguo Ministro de Gobernación y ex-Vicepresidente,
Abraham Williams Calderón. Otros factores para el divisionismo fueron
el disgusto con Carías, la oposición de Gálvez para la acción
continuista, antagonismo hacia la vieja guardia del Partido Nacional.
Previo a las elecciones se realizaron negociaciones
tras bastidores. Así un prominente liberal propuso a Donato Díaz
Medina un pacto por el cual ambos partidos acordarían no unirse a
otro grupo político, esto es los nacionalistas para los comicios de
octubre. Los reformistas discutieron la proposición pero decidieron
no contestarla. De acuerdo al politólogo estadounidense John D.
Martz, cuando Williams decidió formar el MNR esta acción culminó la
ruptura entre Williams y Carías que se había iniciado en 1948 cuando
Carías escogió a Gálvez en vez de Williams como su sucesor.
Entre los pre candidatos liberales, además de
Villeda, estaban Celeo Dávila y Santiago Meza Cálix, ambos
pertenecientes a la llamada "vieja guardia"; pero la
Convención, reunida el 26 de abril seleccionó a "Pajarito,
pechito rojo" como era afectuosamente llamado por sus
correligionarios; no todos ellos estuvieron de acuerdo con esa decisión
ya que lo criticaban por haber permanecido en Tegucigalpa, atendiendo
reuniones sociales gubernamentales y practicando su profesión
mientras la mayoría de prominentes liberales estaban en el exilio,
pacientemente esperando por retornar a Honduras. En todo caso, Villeda
ganó la nominación con al menos el apoyo de la mayoría. Después de
veintiún años fuera del poder, los liberales no iban a tirar por la
borda su oportunidad debido a pleitos personales.
Villeda, poseedor de dotes oratóricas y de carisma
personal, visitó muchas regiones del país acompañado de su
candidato a la Vicepresidencia, Enrique Ortez Pinel (padre de Enrique
Ortez Colindres). Si sus niveles de popularidad eran altos, lo eran aún
más en la Costa Norte, donde los trabajadores agrícolas recién
salidos de la Gran Huelga veían en él y a su partido a los que
implementarían sus aspiraciones laborales y sociales: Código de
Trabajo, Reforma Agraria, Seguridad Social. Su propaganda era dirigida
en las páginas de El Pueblo, por el periodista y cuentista Oscar
Flores Midence (padre del actual candidato Carlos Roberto Flores).
En ciertas áreas de Honduras el General Carías
continuaba fielmente apoyado por gran parte de sus conmilitones: su
caudillismo aún impactaba en las mentes y los corazones de miles de
compatriotas. Pero su campaña electoral se limitó a algunas
presentaciones. Existían razones para el optimismo cariísta: había
ganado las elecciones municipales de 1952 con un 76% de los votos. Si
los liberales en 1950 apenas ganaron un gobierno municipal para 1954
ya controlaban 98 de las 237 municipalidades.
A las acusaciones de simpatías con el comunismo
internacional (recuérdese que para 1954 se estaba viviendo en el
climax de la Guerra Fría), Villeda contestaba: "Ni a la derecha
ni a la izquierda: en el centro", dando a entender que su visión
filosófica-política era liberal-democrática. Si Carías ofrecía el
regreso a los viejos, buenos tiempos de paz centralismo, escasa
delincuencia común, Villeda prometía conquistas populares largamente
postergadas que apelaban tanto a los emergentes sectores medios y
populares. Y allí radicaba la clave de su fama y arrastre. Williams
en tanto contaba con simpatías regionales: su nativa zona sur, pero
su popularidad era menor que la de los otros dos contendientes así
como la del "Presidente en mangas de camisa": Juan Manuel Gálvez.
En agosto ocurrieron misteriosos asaltos y ataques
a negocios al punto que el Arzobispo de Tegucigalpa exhortó a los
feligreses para que resolvieran pacíficamente sus desacuerdos y el
gobierno ordenó un desarme general y el cuerpo diplomático intentó
concertar un pacto de no violencia entre los tres candidatos, el cual
fracasó cuando los portavoces de Carías rehusaron argumentando que
no había razón para confiar en la palabra de sus rivales,
particularmente cuando dos semanas antes de los comicios la Policía
anunció que había abortado un intento por eliminar a don Tiburcio.
Puerto Cortés, Nueva Ocotepeque y Amapala fueron
los centros urbanos donde Villeda, Carías y Williams pronunciaron su
último discurso previo a la elección; el daño causado por las
inundaciones (con más de mil muertos y cuatro mil sin vivienda) motivó
a los tres partidos a considerar el posponer los comicios fijados pero
el gobierno respondió que el proceso democrático no debía ser
interrumpido, independientemente de las circunstancias; además, existía
la posibilidad de un incremento en la violencia si eran pospuestos. El
Ministro de Guerra ordenó al Ejército asegurarse de que ningún
votante fuera intimidado en tanto que el de Gobernación advirtió a
las autoridades municipalidades que tomaran toda clase de medidas para
garantizar los derechos civiles.
El censo electoral arrojaba que 411,354 votantes
estaban habilitados para ejercer el sufragio y se calculaba que
depositarían su voto unos 275,000 ciudadanos. La Constitución
vigente (la redactada por la Constituyente de 1936 que perpetuó en el
poder a Carías) establecía: Art. 24. Son ciudadanos: 1º. Todos los
hondureños varones mayores de veintiún años. 2º.- Todos los
hondureños varones mayores de dieciocho años que sean casados. 3º.
Todos los hondureños varones mayores de dieciocho años que sepan
leer y escribir. Art. 25. Son derechos del ciudadano: ejercer el
sufragio y optar a los cargos público, conforme a la ley. Los
individuos de alta en el Ejército o en la Policía no podrán ejercer
el sufragio; pero sí serán elegibles en los casos no prohibidos por
la ley. En tanto el Art. 27 rezaba: El voto activo es una función pública
obligatoria e irrenunciable y el 28: El sufragio se ejercerá de modo
directo y secreto.
Entre las atribuciones asignadas al Congreso
estaban: Convocar a elecciones de Autoridades Supremas (Art. 101,
numeral 7) y Hacer el escrutinio de votos para Presidente y
Vicepresidente de la República y declarar electos a los ciudadanos
que hubieran obtenido mayoría absoluta (numeral 8). En caso de no
haber mayoría absoluta, hacer la elección de Presidente y
Vicepresidente entre los dos ciudadanos que hubieren obtenido para
cada cargo mayor número de sufragios populares. Y si el Congreso no
hiciere la declaratoria o la elección de Presidente o Vicepresidente
dentro de veinte días, contados desde su instalación, lo hará la
Corte Suprema de Justicia dentro de los siete días anteriores a la
fecha señalada par tomar posesión de esos cargos, quedando facultada
dicha Corte, en este caso, para recibir la promesa de ley, a los
electos (numeral 9.) (7).
Los comicios se llevaron a cabo como estaban
programados y, en general, de manera ordenada, si bien transcurrió
casi una semana antes de darse a conocer el resultado oficial de los
mismos: Villeda: 121,213; Carías: 77,041; Williams: 53,041. Al
candidato Liberal le hicieron falta 8,869 votos para lograr la
requerida mayoría absoluta, que sólo alcanzó el 48% del total.
Cuando empezó a circular rumores de que se llevaría
a cabo una coalición de diputados Cariístas y Reformistas para
impedir que el Congreso declara ganador a Villeda, éste públicamente
descartó, al igual que Enrique Ortez Pinel, Ricardo Diego Alduvín.
Oscar A. Flores y otros dirigentes Liberales, que tal posibilidad se
daría y acuñando la frase:
"Hemos ganado la batalla". (9) Pero no
fue así: la alianza si se concretó y al momento en que debía
iniciarse la primera sesión del Poder Legislativo únicamente se
presentaron los asambleístas Liberales. Cierto, llegó a reunirse la
Cámara pero para determinar cuántos diputados correspondían a cada
partido, de acuerdo al resultado final. De un total de 56 diputados
inicialmente se declaró que al liberalismo le habían sido asignados
26 pero al disputarse varios escaños y decidirse la adjudicación
"las milicias eternamente jóvenes" más bien perdieron tres
diputaciones, esto es 23, los Cariístas 22 y los Reformistas 11. La
situación era claramente peligrosa. Si los nacionalistas obtenían el
apoyo de solamente unos pocos Reformistas, Carías podía ser nombrado
Presidente a pesar de la victoria Villedista en las urnas. Si la
decisión era llevada a la Corte Suprema, también allí Carías tenía
una buena posibilidad. Los Magistrados habían sido nombrados para períodos
de seis años cuando Gálvez asumió el poder y fueron electos por el
Congreso Pro-Carías de 1949. De esta forma era probable que el
General fuera nombrado si la decisión era llevada a la Corte Suprema
de Justicia.
¿Qué razones motivaron al Presidente Gálvez a
solicitar un permiso para ausentarse del país? De acuerdo al citado
Martz, "físicamente exhausto por sus esfuerzos por hacer frente
a las recientes inundaciones, el esfuerzo excesivo de los rencorosos
sucesos políticos de las semanas anteriores, cobró su cuota. El 16
de noviembre se anunció que había sufrido un ataque cardíaco.
Posteriormente se supo que su enfermedad era una grave dificultad
interna empeorada por su estado cansado.
Para el historiador Euraque, esta elección hizo
posible que por primera vez, desde la dictadura de Carías, fuera
posible una ruptura en el sistema político controlado pro caudillos y
que el Partido Liberal podía reunir los votos electorales necesarios
para vencer a los nacionalistas, incluso si éstos se uniesen, algo
que no ocurrió hasta 1962.
El 6 de diciembre el Vicepresidente Julio Lozano se
declaró Jefe de Estado, luego de haber continuado el período
presidencial de Gálvez: se iniciaba así el gobierno de facto que
concluyó el 21 de octubre de 1956.
Ciertamente el pueblo hondureño había
evolucionado políticamente: a diferencia de procesos electorales
previos esta vez no se empleó el recurso de las armas: tanto
nacionalistas como liberales habían dejado atrás la guerra
fratricida.
Igualmente, nuevas fuerzas socio-políticas así
como grupos de presión habían emergido: sectores medios, obreros
organizados, industriales, militares, con planteamientos específicos
que reflejaban la creciente complejidad de la sociedad, a media que
las fuerzas productivas crecían, particularmente en la Costa Norte. A
partir de 1949 presenciamos el gradual "Ocaso de los
cacicazgos", en palabras del colega Rodolfo Pastor Fasquelle y se
van formando canales que permiten, al menos parcialmente, dar curso a
reclamos y demandas.
Fuente: Mario Argueta, Diario
El Heraldo, 31 de Octubre de 1997. Tegucigalpa, M.D.C.,
NOTAS
Martz, John D. Central América: the crisis and the
challenge. Chapel Hill, University of North Carolina Press,
1959, p. 142.
Ibid. P. 143.
Ibid. P. 144.
Euraque, Darío. El capitalismo de San Pedro Sula y
la historia política hondureña (1870-1972). Tegucigalpa, Guaymuras,
1997, p. 129.
Mart, op. Cit., p. 146.
Ibid, p. 146-147.
Coello, Jorge A. Ed. El Digestivo constitucional de
Honduras. Tegucigalpa, Soto. 1978, pp. 524, 533.
Mart, op. Cit, pp.147-148.
Declaraciones grabadas gentilmente facilitadas por
Ramón Oquelí, a quien agradezco.
Martz, op. Cit. P. 149.
Euraque, D. op. Cit., pp. 129, 131.
Ramón Villeda
Morales, Presidente
Por Mario R. Argueta
Los militares se estrenaban en el control del poder
tras el derrocamiento de Julio Lozano Díaz el 21 de octubre de 1956.
El nuevo gobierno declaró sin ningún valor el resultado de las
elecciones de Diputados a la Asamblea Nacional Constituyente. En la
Proclama de la Junta Militar de Gobierno, emitida el 21 de octubre se
afirmaba:
" Fieles a estos sentimientos y deberes, las
Fuerzas Armadas de Honduras proclaman a toda la Nación, que su único
y esencial propósito es el procurar que el país vuelva a la
normalidad constitucional, y que todos los hondureños, en forma cívica
y patriótica, cooperen al logro de este objetivo. Alcanzada esta
finalidad, por nuestro honor de militares, prometemos entregar el
Gobierno a un elemento civil de extracción auténticamente popular.
En consecuencia, sólo permaneceremos en el Poder por el tiempo que el
criterio democrático aconseje y el interés nacional exija.
Rafael Bardales Bueso interpreta la frase
"entregar el Gobierno a un elemento civil de extracción
popular" como significando que el elemento civil a quien se
entregaría el Gobierno, debía ser elegido por el voto directo del
pueblo.
Como veremos más adelante esta apreciación es
completamente correcta. Se declaró la amnistía política, se puso en
libertad a los presos políticos, se consultó a Ramón Villeda
Morales y se obtuvo su apoyo así como el del Partido Nacional. Se
formó un nuevo gabinete representativo de diferentes agrupaciones políticas.
Una nueva Corte Suprema de Justicia también fue conformada,
incluyendo también miembros de los principales partidos políticos.
El problema de la Junta Militar era la instalación de una Asamblea
capaz de redactar una Constitución sobre la que pudiera basarse un
gobierno permanente.. La Junta insistió en establecer una base
constitucional para cualesquier gobierno que le sucediera y en esa
dirección concentró su objetivo.. Procedió calmadamente a diseñar
planes electorales y pronto se fijó un calendario que llamaba a la
proclamación de una elección para una Asamblea Constituyente el 21
de septiembre, convocándose su primera reunión para el 21 de
octubre, aniversario del derrocamiento de Julio Lozano.
Planes adicionales fueron diseñados a mediados de
julio, después de la remoción del General Roque J. Rodríguez de la
Junta. El mismo mes la Junta anunció que la sesión de octubre de la
Asamblea le daba la opción de adoptar una Constitución, elegir un
nuevo Presidente o convocar a elecciones generales. Las primeras
elecciones, las de septiembre, se llevarían a cabo, por vez primera,
bajo las estipulaciones de la representación proporcional. Así,
todos los partidos obtendrían diputados en proporción a su fortaleza
nacional. Todos los partidos estuvieron de acuerdo, incluyendo a los
liberales, quienes pudieron haber ganado 80 por ciento de los escaños,
o más, bajo el arreglo tradicional de la pluralidad. Pero los
dirigentes liberales, después de una vacilación momentánea,
aparentemente consideraron que bajo una representación plural su
barrida sería tan completa que podría amenazar a la Asamblea aún
antes de reunirse.
Para septiembre todos los partidos estaban
realizando campaña a nivel nacional en medio de una atmósfera de
libertad y moderación. La Junta estaba cuidadosamente cumpliendo sus
promesas de una lección honesta. Los liberales, en particular,
realizaron su campaña de manera vigorosamente, dirigidos pro Ramón
Villeda Morales quien había regresado luego de un corto período en
Washington como Embajador en los Estados Unidos de América. A menudo
acusado de ser un peligroso extremista de izquierda, si no un
simpatizante comunista, Villeda Morales hizo esfuerzos particulares
para desmentir la acusación. Reiteró su oposición en todos los términos
hacia el Comunismo así como su amistad por los Estados Unidos de América.
Cuando las elecciones se llevaron a cabo, más de
medio millón de electores fue a las urnas. La violencia fue mínima,
si bien cuatro murieron y nueve resultaron heridos en incidentes al
sureste de Tegucigalpa.
De 522.359 votantes habilitados (un poco menos de
un tercio de la población), votaron 339.872, de los que 209.109 lo
hicieron por el Partido Liberal (61.5%), 101.274 por el Partido
Nacional (29.8%, y 28.437 (8.7%) por el Movimiento Nacional
Reformista. La Embajada estadounidense en Honduras " Si bien la
representación proporcional resultó en una representación
desproporcionadamente grande para los partidos minoritarios en algunos
departamentos, la distribución de diputaciones en la Asamblea
Constituyente de 36 Liberales, y 18 Nacionalista y 4 Reformistas
conforma casi exactamente con la distribución nacional del voto en
general, ya que cada partido se benefició de la forma en que la ley
favoreció a la minoría en varios departamentos. Las elecciones
tendieron a confirmar lo que ya se conocía sobre la fortaleza de los
diversos partidos. Por algún tiempo, al menos, los nacionalistas no
estarán en situación financiera para participar en otra elección.
Los reformistas revelaron que no tenían casi ninguna fuerza salvo en
las Islas de la Bahía.
Después de la elección a diputados a la Asamblea
Nacional Constituyente (que redactó la Constitución número 11), se
produjo el 6 de noviembre de 1957 una reunión de delegados de los
partidos políticos, pero fracasa la misma. Al no ponerse de acuerdo
los políticos entre sí, las Fuerzas Armadas pactan con el Partido
Liberal en que sea la propia Asamblea Constituyente quien elija al
Presidente de la República, con lo cual se viola la proclama del 21
de octubre, que establecía que éste sería electo directamente por
el pueblo.
El viernes 15 de noviembre, a las siete de la
noche, la Asamblea elige Presidente de la República a Ramón Villeda
Morales, por una votación de 37 a favor y 20 en contra, y a las ocho
y cuarenticinco, se transmite por radio un comunicado de las Fuerzas
Armadas, acatando la decisión de aquella.
El sábado 16, el dunviro Roberto Gálvez Barnes se
retira de la Junta, declarando no estar de acuerdo "con la nueva
posición del Ejército". Los altos jefes del mismo aceptan su
renuncia y nombran para sustituirlo a Oswaldo López Arellano,
Ministro de Defensa.
Se plantea en el seno de la Asamblea el problema de
cómo podían los militares reorganizar el Poder Ejecutivo,
funcionando el poder constituyente de la Asamblea. Los Diputados Pedro
Pineda Madrid y Abraham Williams Calderón opinaron que si ratificaba
la decisión tomada por aquellos, significaba el reconocer que la
Asamblea había delegado en las Fuerzas Armadas esa facultad. El
jueves 23 de noviembre el Presidente de la Asamblea, Modesto Rodas
Alvarado, entrega a Oswaldo López Arellano la ratificación de su
nombramiento como nuevo dunviro.
Las hondureñas eran por segunda vez en la historia
que había podido hacer uso del derecho al voto ya que fue durante la
Jefatura de Estado de Julio Lozano Díaz, por Decreto No. 29 de 24 de
Enero de 1955, que se reconocieron sus derechos civiles.
¿Por qué no se realizaron elecciones de primer
grado para que la ciudadanía eligiera en forma directa al titular del
Ejecutivo? Los diputados liberales argumentaron, en el seno de la
Constituyente, que ya por dos veces el pueblo hondureño había
mostrado sus preferencias por Ramón Villeda Morales (en las
elecciones presidenciales de octubre de 1954 y en las elecciones para
la nominación de diputados a la Asamblea Nacional Constituyente),
para evitar los gastos que costaría al Estado una nueva elección
presidencial que apenas serviría para agitar las pasiones
partidarias. Sobre el poyo militar a la selección presidencial de Ramón
Villeda Morales, es bastante ilustrativa la nota siguiente:
Cuando el Partido Liberal aseguró su triunfo en
los comicios para la Constituyente apunta un pronunciamiento militar
posterior, empezaron las pláticas para lograr que ese Cuerpo
efectuara en una elección de segundo grado la designación del
ciudadano que, en calidad de Presidente de la República, ocuparía la
Primera Magistratura de la Nación, por un período constitucional,
evitando así a la ciudadanía los riesgos de una nueva justa
electoral a lo que estaban obligadas las Fuerzas Armadas por su
proclama. Todo indicaba que tal designación recaería en vuestra
persona, por lo que se dedicó especial atención a vuestros
pronunciamientos públicos, a los postulados altamente democráticos
del Partido Liberal, y a la forma de Gobierno por vos ofrecida, que no
era otra que un Gobierno de Unidad Nacional, coincidiendo en esto con
vuestra máxima aspiración. Fue por estos motivos que los jefes y
oficiales consideraron formalmente tal posibilidad, y oídos
personalmente los ofrecimientos del candidato, aceptaron la
trascendental decisión de acatar la elección de la Asamblea, firmándose
al efecto, el día 14 de noviembre de 1957, un compromiso formal: por
un lado, jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas, y por el otro, la
Directora de la Asamblea Nacional Constituyente, el Comité Central
del Partido Liberal y el designado a la Primera Magistratura.
Pero Villeda Morales pese a estar él y su partido
en el pináculo de su popularidad y desde una posición privilegiada,
contando con el apoyo de la mayoría de la hondureñidad, a cambio de
acceder al poder otorgaron, en el Artículo 319, título XIII, virtual
autogobierno al estipular:
Las órdenes que imparta el Presidente de la República
a las Fuerzas armadas, por intercambio del Jefe de las mismas, deberán
ser acatadas. Cuando surja alguna diferencia, deberá ser sometida a
la consideración del Congreso, el que decidirá por mayoría de
votos. Esta resolución será definitiva y deberá ser acatada.
Así, el carácter "esencialmente profesional,
apolítico, obediente y no deliberante" de las mismas,
contemplado en el Artículo 315 constitucional quedaba debilitado, en
desmedro del poder civil. Ya para 1963 los liberales comprenderían,
de manera sangrienta, el incalculable daño que habían ocasionado a
la nación y a ellos mismos.
El arreglo entre Ramón Villeda Morales y Oswaldo López
Arellano para dar autonomía a las Fuerzas, de acuerdo a un
historiador nacional, permitiría a los liberales el acceso a las
prebendas gubernamentales de las cuales Tiburcio Carías y Juan Manuel
Gálvez los habían excluido por décadas.
Además se le permitiría a Ramón Villeda Morales
nombrar su propio gabinete y que su Ministro del Interior
reestructuraba los gobiernos municipales del país. En esto estaría
limitado por nuevas exigencias constitucionales más democráticas que
aquellas de la dictadura de Tiburcio Carías, pero la situación le
permitiría designar los líderes municipales en todo el país,
incluyendo los de las ciudades importantes como San Pedro Sula. El
llamado de Ramón Villeda Morales a la clase trabajadora de la Costa
Norte podía también ampliarse para apoyar movilizaciones de este
tipo. El Partido Liberal ganó más del 60% de los votos en 1957. Este
triunfo dio a los liberales el control de la Asamblea Constituyente y
el proceso les permitió explorar las posibilidades del escenario
descrito antes. Los liberales y la Asamblea Constituyente pronto
desplazaron sus fuerzas y eligieron Presidente a Villeda Morales,
incluso antes de que la Asamblea discutiera los artículos de la nueva
constitución. El compromiso de Villeda Morales con las Fuerzas
Armadas, probablemente por la United Fruit Company y la Embajada de
los Estados Unidos de América no era la única amenaza potencial para
el futuro del Partido Nacional. Los nacionalistas seguían acremente
contrariados por el trato hecho entre los liberales y López Arellano
a finales de 1957, cuando el alto mando militar ratificó la elección
de Villeda Morales a la presidencia.
Tras estar fuera del poder desde 1933 nuevamente un
Presidente liberal ascendía a la Primera Magistratura. Pajarito, como
cariñosamente llamaban a Villeda sus correligionarios, tomaba posesión,
en el Estadio Nacional, abarrotado de público, el 21 de diciembre de
1957, Ramón Amaya Amador, en "Destacamento Rojo" concluye
su novela precisamente con este acto histórico en el que parecían
abrirse nuevas perspectivas democráticas para los hondureños. ¿Era
válida la afirmación triunfalista de "Hemos ganado la
batalla", o por el contrario, empezaba a transitarse el período
de la "soberanía militar"?.
Fuente: Diario El Heraldo,
14 de Noviembre de 1997 por Mario Roberto Argueta.
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