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Antecedentes Históricos
Fuerza Aérea Hondureña
Informes de Postguerra de
las poblaciones recuperadas
Línea de Tiempo
- Fin de juego en el Azteca y la
selección salvadoreña se lleva la victoria.
- Hondureños atacados por
salvadoreños en el Estadio Flor Blanca
- Oficiales hondureños obteniendo
información sobre posibles posiciones del enemigo
- Patrulla de avanzada de la OEA
- Matías Hernández, Luque Portillo
y Torres Arias, oficiales hondureños
- Tropas hondureñas combatiendo en
el frente sur
- Slogan pro guerra impreso en
Honduras contra los Salvadoreños
- Aspecto interior del cuartel de
Ocotepeque destruido por las fuerzas militares salvadoreñas que
se habían entrenado allí varios meses atrás.
- Aduana de El amatillo en
Honduras saqueada por tropas salvadoreñas
- Un oficial salvadoreño posa en
las ruinas del cuartel de Ocotepeque
- Tropas del Agrupamiento Táctico
Especial en el Valle de Sensenti, Ocotepeque en Julio 1969
- Restos de un avión salvadoreño
en suelo hondureño
- Miembros del Ejército
Salvadoreño
- El humo se levanta desde la
refinería de Cutuco, recién bombardeada por pilotos hondureños
al atardecer del 16 de Julio 1969
- El pueblo salvadoreño recibió
con júbilo a sus combatientes

Desfile del Dia de la
Victoria el 3 de Octubre de 1969. en primer plano Policarpo Paz García.
- Funcionarios de la OEA
inspeccionan el Cuartel de Ocotepeque
- Monumento al soldado en
Ocotepeque

Firma del Tratado de Paz
en Lima, Perú.
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La Guerra del 14 de
Julio de 1969

La
Crónica: La mal llamada Guerra del Fútbol
La Guerra del fútbol (o
la Guerra de las 100 horas) fue llamada así porque el pretexto para
iniciarla fueron los incidentes derivados de un partido de fútbol que
enfrentó a las selecciones nacionales de Honduras y El Salvador, debido
a las eliminatorias a la Copa Mundial de Fútbol de 1970.
En ella se evidenciaron las tensiones políticas entre estos dos países
que finalmente los llevaron a un conflicto armado. Fue una guerra breve
(duró sólo 6 días). La situación social en ambos países era explosiva y
se buscaba por parte de los militares gobernantes una salida conveniente
para los grupos en el poder político de cada país.
Los latifundistas controlaban la mayor parte de la tierra cultivable en
El Salvador. Esto llevó a la emigración constante de campesinos pobres a
regiones de Honduras cercanas a la frontera con El Salvador. En 1969,
Honduras decidió redistribuir la tierra a campesinos hondureños, para lo
cual expulsaron a los campesinos salvadoreños que habían vivido ahí
durante varias generaciones. Esto generó una persecución de salvadoreños
en Honduras y un "regreso" masivo de campesinos a El Salvador.
Esta escalada de tensión fue aprovechada por los gobiernos de ambos
países para orientar la atención de sus poblaciones hacia afuera, en vez
de los conflictos políticos internos de cada país. Los medios de
comunicación de ambos países jugaron un rol importante, alentando el
odio entre hondureños y salvadoreños. Los conservadores en el poder en
El Salvador temían que más campesinos implicarían más presiones a
redistribuir la tierra en El Salvador, razón por la cual decidieron
intervenir militarmente en Honduras.
El 14 de julio de 1969, el ejército salvadoreño lanzó un ataque contra
Honduras y consiguió acercarse a la capital hondureña Tegucigalpa. La
Organización de Estados Americanos negoció un alto el fuego que entró en
vigor el 20 de julio. Las tropas salvadoreñas se retiraron a principios
de agosto.
Al final de la guerra, los ejércitos de ambos países encontraron un
pretexto para rearmarse y el Mercado Común Centroamericano quedó en
ruinas. Bajo las reglas de dicho mercado, la economía salvadoreña (que
era la más industrializada en Centroamérica), estaba ganando mucho
terreno en relación a la economía hondureña.
Las dos naciones firmaron el Tratado General de Paz en Lima, Perú el 30
de octubre de 1980 por el cual la disputa fronteriza se resolvería en la
Corte Internacional de Justicia.
Los resultados de los encuentros fueron: el 6 de junio de 1969
Tegucigalpa: Honduras-El Salvador 1-0 (0-0 en el descanso)
el 15 de junio de 1969 San Salvador: El Salvador-Honduras 3-0 (3-0)
El encuentro de desempate tuvo lugar el 27 de junio de 1969 - El
Salvador-Honduras 3-2 (1-2 en el descanso, 2-2 en de jornada completa),
jugado en Ciudad de México.
La Historia: La Guerra de las Cien Horas
Para explicar el fenómeno de la
mal llamada
"Guerra de Fútbol" o bien llamada "de las 100 horas", es necesario revisar los
antecedentes de la crisis que tuvo por expresión ese acontecimiento
histórico. Desde la creación del Mercado Común Centroamericano,
Honduras siempre manifestó una debilidad económica y su papel básicamente
fue un mercado de los productos salvadoreños y guatemaltecos. La
infraestructura industrial hondureña no creció y el contexto histórico
de crisis se profundizó por las políticas de cada Estado para
proteger su economía. Por eso, la llamada Guerra de 1969 es la
expresión del conflicto entre ambas economías, sumado a la alta
presencia demográfica de salvadoreños y el permanente e indefinido
status de los limites territoriales. Honduras decidió aplicar drásticas
leyes migratorias y el retorno masivo de salvadoreños estimuló al
gobierno salvadoreño a realizar preparativos bélicos abiertamente
llamamiento a las reservas, formación de milicias, compra de nuevas
armas.
El 25 de junio de 1969 se informó por medio
de un boletín de prensa que se había constituido en aquel país el
Bloque de Unidad Nacional alrededor del gobierno, con la participación
de todos los partidos políticos del país, las organizaciones
sociales y el ejército. Estas noticias fueron conocidas en Honduras y
nuestro gobierno continuó con su política de armonía diplomática.
A raíz de las agresiones físicas de los aficionados salvadoreños a
los jugadores de la selección de fútbol de Honduras obligó el día
25 de junio a la Secretaría de Relaciones Exteriores a emitir un
comunicado en el que se pronunciaba sobre los hechos de violencia
ocurridos el 15 de junio en el Estadio Flor Banca. "No es
necesario remontarse -expresaba el documento- muy atrás para
descubrir que el estallido de violencia antihondureñista fue algo
preparado y cuidadosamente planificado. El partido de fútbol
constituyó la chispa que hizo estallar la dinamita. Esta comenzó a
colocarse hace ya varios años, cuando el gobierno de Honduras, en uso
de su derecho, y, precisamente para evitar futuros males, invitó al
Gobierno salvadoreño para que, en forma conjunta, buscaran solución
al problema que constituye la desenfrenada inmigración hacia nuestro
país, y simultáneamente, empezar a demarcar la frontera entre ambos
Estados".
A estas alturas, aún continuaba el retorno
masivo de los salvadoreños hacia su país, lo que exasperaba a la política
oficial de El Salvador al no poder ubicar de manera satisfactoria a
sus compatriotas y aumentan el gasto social previsto en vivienda,
educación y salud. Por ello, con el propósito de frenar este flujo
amenazante de personas, el gobierno salvadoreño se dirigió a la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en cable del 25 de
junio, quejándose de que los salvadoreños residentes en Honduras habían
sido objeto de "eventos violatorios de los derechos humanos, con
carácter de genocidio, como asesinatos, persecuciones, agresiones, daños
a la propiedad material y expulsiones masivas". La queja
demandaba la presencia de una subcomisión en el terreno de los hechos
con el propósito de investigarlos y ponerles fin. Al día siguiente,
sin la respuesta del caso, El Salvador rompió relaciones diplomáticas
con nuestro país, lo que era un claro indicio de la magnitud que el
gobierno de aquel país le daba a los sucesos, principalmente al
retorno masivo de salvadoreños.
Por su parte, Honduras también se dirigió a la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En cable del 25 de junio
el Canciller de la República, Tiburcio Carías Castillo, denunciaba
que el gobierno salvadoreño había incurrido en violación de los
referidos derechos al permitir el atropello a los ciudadanos hondureños
que habían visitado El Salvador con motivo del encuentro futbolístico
del 15 de junio. La comunicación demandaba, asimismo, la presencia de
observadores en territorio hondureño para estudiar los hechos
denunciados y comprobar que "los ciudadanos salvadoreños
residentes en Honduras no son objeto, ni lo han sido nunca, de
persecuciones ni atropellos de clase alguna". A estos comunicados
respondió el Secretario General de la OEA, Galo Plaza, que pronto
enviaría un subcomité al lugar de los sucesos y que los Ministros de
Relaciones Exteriores de Costa Rica, Guatemala y Nicaragua se habían
ofrecido como mediadores en la disputa.
Tanto El Salvador como Honduras aceptaron, con
fecha 28 de junio, la mediación de los Ministros de Relaciones
Exteriores de los países antes indicados. De inmediato, tales
ministros hicieron sendos viajes a San Salvador y Tegucigalpa con el
fin de entrevistar a altos funcionarios de los respectivos gobiernos.
Al finalizar las pláticas el día 30, emitieron un comunicado e
hicieron ocho recomendaciones sobre la solución pacífica del
conflicto: 1) reasumir la autoridad, por parte de los gobiernos, para
evitar actos violentos contra los ciudadanos del otro país; 2)
renunciar a las actividades bélicas por ambas partes y evitar la
concentración de tropas en una franja de cinco kilómetros a uno y
otro lado de la frontera; 3) tomar medidas para ponerle fin a la
propaganda que incita a la violencia; 4) renovar el cumplimiento por
ambas partes de los tratados vigentes sobre el Mercado Común; 5)
iniciar investigaciones judiciales sobre los crímenes cometidos en
los incidentes que tuvieron lugar en uno y otro país; 6) investigar
los daños a la propiedad y establecer las compensaciones del caso;
7)que ambos gobiernos celebren un tratado de inmigración; y 8)
establecer un mecanismo que garantice el cumplimiento de las
anteriores medidas.
Como los preparativos bélicos de El Salvador eran
manifiestos y en aquel país se había promovido la unidad nacional
alrededor de las posiciones agresivas de su gobierno, el día 27 de
junio se reunieron en Casa Presidencial más de 40 organizaciones políticas
y populares de carácter nacional, cuyo primer comunicado se hizo público
el 30 de junio. El mismo, decía: "por disposición del Gobierno
de la República, el Comité Cívico Pro-Defensa Nacional constituye
la esencia de las Fuerzas Vivas o sea el sector privado nacional. Lo
integran nueve miembros de los distintos grupos político-económicos
y cívicos existentes en el país. Se ha creado a solicitud del
Gobierno de la República con el propósito de que el sector privado
le brinde, en esta hora de emergencia, su contingente humano,
espiritual y económico". El documento daba la siguiente
consigna: "moderación y cordialidad hacia el pueblo salvadoreño,
con énfasis muy especial en el buen trato que el pueblo de Honduras
debe dar a los salvadoreños bien nacidos que conviven y han convivido
por años con nosotros".
El 31 de julio, un avión comercial que
despegaba del aeropuerto de Nueva Ocotepeque fue ametrallado por
tropas salvadoreñas. Al mismo tiempo, unidades del ejército de aquel
país atacaron el puesto aduanero de El Poy, frontera con Guatemala,
mientras varios aviones de combate sobrevolaron nuestro territorio.
Ante tales hechos, el gobierno de Honduras solicitó el 4 de julio una
reunión inmediata del Órgano de Consulta de la OEA, formado por los
Ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros. En
respuesta, el día 4 de julio se reunió el Consejo del referido
organismo para considerar las medidas del caso. Después de una amplia
discusión, se llegó al acuerdo de aplazar hasta el día 10 toda
iniciativa de este nivel con el objeto de esperar los resultados
obtenidos por la comisión mediadora de Costa Rica, Guatemala y
Nicaragua. La decisión fue tomada con el visto bueno del
representante de Honduras, en cuyas manos fue puesto el asunto, lo que
constituyó un evidente error, pues el aplazamiento de medidas más enérgicas
y de mayor nivel solo sirvió para darle tiempo al gobierno de El
Salvador en el desarrollo de sus planes agresivos.
El 4 de julio llegó a San Salvador el subcomité
de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El 6 de julio
terminó sus investigaciones y envió una nota al gobierno salvadoreño,
manifestándole que "requería de tiempo para estudiar los casos
y llegar a una decisión". El 8 de julio arribó a Tegucigalpa y,
después de conocer "in situ" las denuncias contra el
gobierno salvadoreño, manifestó, el día 10, que le era
"necesario tiempo para estudiar los cargos". Esta lentitud
en el manejo del problema era realmente inconcebible, pues, mientras
se analizaban hechos ocurridos un mes atrás, los preparativos de
guerra por parte de El Salvador y sus planes agresivos se hacían cada
vez más evidentes. Honduras, sin embargo, no los tomaba en cuenta y
continuaba confiando en el buen resultado de las negociaciones
encaminadas por los organismos internacionales antes indicados.
La mediación tripartita fue también un
fracaso. El 8 de julio llegaron de nuevo a San Salvador los ministros
mediadores. El día 10 recibieron una respuesta del gobierno salvadoreño
acerca del plan de ocho puntos formulado por ellos el 30 de junio. La
mayor parte de los planteamientos resultaron desaprobados por dicho
gobierno, el que, además, exigió una medida inmediata sobre la
cuestión que más le preocupaba: el retorno a Honduras de las
familias salvadoreñas que abandonaron nuestro territorio o que fueron
objeto de desalojo agrario, así como la indemnización
correspondiente "por los daños físicos y el sufrimiento moral a
que habían sido sometidas". El día 10 de julio viajaron los
mediadores a Tegucigalpa. El 12 recibieron la respuesta hondureña al
plan de ocho puntos. Honduras aceptó con pequeñas modificaciones
dicho plan y el gobierno franqueó nuestro territorio "para que
comisiones observadoras de la OEA comprobaran el cumplimiento del
mismo". La diferencia de actitud entre ambos regímenes era más
que evidente.
La agresión del 14 de julio.
El 10 de julio volvió a reunirse el Consejo
de la OEA. Al discutirse el asunto, se llegó al acuerdo, una vez más,
de no tomar acciones de nivel superior para permitir a la comisión
mediadora que culminara sus actividades en tal sentido. La disposición
se tomó, igualmente, con el acuerdo del delegado hondureño, lo que
hacía más grave el error antes dicho, pues a esa altura ya era más
que evidente el fracaso de los mediadores. Así lo confirmaron los
hechos ocurridos el 13 de julio, cuando las tropas salvadoreñas
atacaron con fuego de morteros el resguardo de El Poy y dispararon
contra la población civil de la zona. Ante tales sucesos, Honduras
solicitó la reunión inmediata del Consejo de la OEA, lo que se
produjo el día 14. Es hasta esta oportunidad que nuestro país declaró
fallidos los esfuerzos de la comisión mediadora y exigió que se
reuniera "de inmediato el Órgano de Consulta, dada la extrema
urgencia de tomar medidas efectivas ante la inminencia de un conflicto
bélico de gran escala que puede producirse entre ambos países".
El Consejo decidió convocar el Órgano de
Consulta para "una fecha que oportunamente se fijaría",
asumiendo, por su parte, las funciones de aquél con carácter
provisional. Pero mientras se discutía este asunto a las ocho de la
noche del día 14, el representante de Honduras anunció que El
Salvador había iniciado una agresión en gran escala contra nuestro
país. El ataque, ciertamente, se produjo a las seis de la tarde de
ese día. Aviones salvadoreños bombardearon simultáneamente las
ciudades de Tegucigalpa, Gracias, Nueva Ocotepeque, Santa Rosa,
Juticalpa, Amapala, Choluteca, Catacamas, Nacaome y Guaymaca. Al mismo
tiempo, unidades de infantería invadieron el territorio hondureño
por siete puntos fronterizos: Nueva Ocotepeque, Valladolid, Mapulaca,
Sabanetas, Aramecina, Langue y El Amatillo. Los ataques continuaron
los días 15 y 16 y como los mismos no encontraron mayor resistencia,
pues Honduras había confiado más en las negociaciones diplomáticas
que en su propia defensa, los agresores ocuparon durante esas cuarenta
y ocho horas una faja de casi diez kilómetros de ancho y lo largo de
la frontera.
Sin
embargo, al rehacerse de la sorpresa, el ejército hondureño, ayudado
en forma heroica por el pueblo, inició una contraofensiva generalizada.
A las cuatro de la mañana del día 16 se contraatacó por el frente
sur, de modo que, al final del día, los invasores fueron expulsados
de sus posiciones. Lo mismo ocurrió por el sector de El Paraíso,
donde un destacamento de doscientos paracaidistas salvadoreños y
muchos civiles de aquel país pretendieron avanzar sobre nuestro
territorio, pero fueron totalmente derrotados con la participación
del pueblo, el que dio buena cuenta de los colaboradores. En el
frente occidental tampoco tuvieron mucho éxito las fuerzas agresivas,
ya que, pasados los efectos de la sorpresa, el ejército hondureño
logró detener su avance hacia Santa Rosa y reducirlas a la ocupación
de Nueva Ocotepeque.
El Consejo de la OEA, reunido el 15 de julio,
resolvió demandar el cese del fuego a ambas partes y el retorno al
statu quo ante bellum, es decir volver al asunto antes del conflicto.
El punto número uno de la resolución correspondiente, dice: "de
conformidad con el Artículo 7 del Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca, instar a los Gobiernos de El Salvador y
Honduras a suspender las hostilidades, restablecer las cosas al estado
en que se hallaban con anterioridad al conflicto armado y tomar las
medidas necesarias para restablecer y mantener la paz y la seguridad
interamericanas y para la solución del conflicto por medios pacíficos".
Honduras aceptó este punto de vista ante una delegación del Comité
de los Siete que visitó Tegucigalpa el mismo día 15. Sin embargo, El
Salvador sostuvo que el cese del fuego y el retiro de las tropas a su
situación anterior eran dos cosas muy distintas y que, si bien
aceptaba lo primero sin condiciones, lo segundo debería quedar sujeto
a negociación. El día 17 se precisó la actitud salvadoreña cuando
dicho gobierno expresó lo siguiente: "aceptar el cese del fuego,
siempre que la Comisión de la OEA pueda establecer los mecanismos que
garanticen la seguridad de los salvadoreños que se encuentran en
territorio de Honduras".
Por fin, el Consejo de la OEA, reunido el día
18 de julio, acordó el cese del fuego a partir de las diez de la
noche de esa fecha, así como el repliegue inmediato de las tropas,
"de manera que estas operaciones se terminen dentro de un plazo
de 96 horas, contadas a partir de las 22 horas del día 18 de julio de
1969, hora local centroamericana". Aunque el cese del fuego se
aplicó, El Salvador no puso en práctica ninguna medida para retirar
sus tropas y más bien movilizó paracaidistas el día 21, de modo
que, al llegar las diez de la noche del día 22, las mismas aún se
encontraban en los territorios ocupados. El pretexto para asumir tal
actitud era "obtener garantías efectivas, a satisfacción de El
Salvador, sobre la vida y derechos de los salvadoreños residentes en
Honduras, en igualdad con los nacionales hondureños".
Finalmente, después de estas injustificadas
dilatorias, el 26 de julio se efectuó en Washington la decimotercera
reunión del Órgano de Consulta de la OEA. Durante la misma, El
Salvador tuvo la audacia de presentar la solicitud de que se aplicarán
sanciones a Honduras por el supuesto delito de "genocidio" y
que, conforme a los artículos 7 y 8 del Tratado de Río, todos los
estados miembros rompieran relaciones diplomáticas con nuestro país
para montarle después un bloqueo económico. Esto indignó a los
Ministros de Relaciones Exteriores, quienes prepararon de inmediato
una resolución declarando "Agresor" al Estado salvadoreño,
con las consiguientes medidas de castigo. Ante tal amenaza, el
gobierno de El Salvador renunció a sus pretensiones absurdas y aceptó
una resolución "moderada", es decir, sin represalias para
ninguna de las partes, sobre la base de retirar las tropas de nuestro
territorio. Esta operación comenzó a efectuarse el 1 de agosto,
mediante el procedimiento de entregar a la OEA las poblaciones
ocupadas para que dicho organismo las depositara, a su vez, en manos
del gobierno hondureño.
LAS CONSECUENCIAS DEL CONFLICTO.
Inmediatas:
La muerte de
aproximadamente 4.000 personas.
La finalización de esfuerzo de integración regional conocido como
Mercado Común Centroamericano (MCE), diseñado por EE. UU. como una
contraparte económica regional para contrarrestar los efectos de la
Revolución Socialista en Cuba.
El refuerzo del papel político de los militares en ambos países. En El
Salvador, en las elecciones legislativas que siguieron, la mayoría de
candidatos del Partido de Conciliación Nacional (PCN) de El Salvador, en
esa fecha en el gobierno, salidos del Ejército, hicieron una enorme
apología de su papel en el conflicto y por consiguiente resultaron
victoriosos en las elecciones de diputados y alcaldes de la época.
El agravamiento de la situación social en El Salvador, producto de las
deportaciones desde Honduras, ya que el gobierno tuvo que facilitar a
estas personas la reinserción económica, que no se logró satisfacer
adecuadamente. Aumentó la presión social que derivó en la guerra civil
que viviría el país centroamericano.
“... el fútbol fue una excusa para crear un conflicto armado que ambos
gobiernos militares necesitaban...”, recuerda Gregorio Gundio Núñez,
entrenador del aquel seleccionado de El Salvador.
Siete años antes de la guerra entre Honduras y El Salvador, los países
africanos de El Congo y Gabón entraron en un duro litigio luego de un
partido de fútbol más que accidentado.
Generales:
La guerra Honduras-El Salvador produjo,
naturalmente, serias consecuencias. En primer lugar está la pérdida
de numerosas vidas humanas y la destrucción material. Aunque no se
tiene estadísticas precisas, es común hablar de que el choque antes
referido causó un total de seis mil víctimas, entre muertos y
heridos. Asimismo, produjo la destrucción de pueblos enteros a lo
largo de la frontera y la ruina de numerosos centros de producción
agropecuaria, muchos de ellos saqueados por las bandas de maleantes
que acompañaban a las tropas invasoras. Pero, además de todo esto,
el conflicto alteró profundamente las relaciones entre ambos países
y entre los dos pueblos. Respecto a lo primero ocurrió que los
estrechos vínculos estatales, fortalecidos por una común valoración
de la gesta morazánica, se rompieron rotundamente después del 14 de
julio de 1969. Referente a lo segundo, sin duda alguna hubo un cambio
sensible: terminó la fraternidad abierta entre los ciudadanos de uno
y otro país. El sobrenombre de "guanacos", dado
amistosamente a los salvadoreños en otras épocas, se volvió un
insulto intolerable dentro de Honduras inmediatamente después de la
guerra. Lo mismo pasó con el apodo de "catrachos" con que
se nos conoce a los hondureños en Centroamérica y que se tornó una
gran ofensa en territorio salvadoreño.
Desde el punto de vista económico, la mayor
consecuencia del conflicto fue la ruptura de la Integración
Centroamericana, un programa que ya se mencionaba como ejemplo en su género.
Honduras, ciertamente, no sólo suspendió todo intercambio comercial
con El Salvador, sino que también cerró sus fronteras para el paso
de mercancías de otros países hacia aquél. Esta actitud,
justificada plenamente, significó la desintegración el Mercado Común,
pues los demás países centroamericanos no pudieron mantener con
cuatro miembros una estructura que había sido concebida y organizada
con cinco. Por ello, y dados los altos beneficios que para algunos de
esos países significaba dicho aparato, casi inmediatamente después
de concluida la guerra comenzaron los esfuerzos para tratar de
convencer a Honduras de que volviera a darles vigencia a los
organismos y a los tratados integracionistas.
El 4 de noviembre de 1969 se reunieron en el
aeropuerto El Coco, de San José, el Presidente de Costa Rica y el de
Nicaragua. Ambos resolvieron convocar a una reunión de Ministros de
Relaciones Exteriores de Centroamérica, a fin de encontrar "los
medios de restablecer el funcionamiento del proceso de integración
económica y los organismos del programa". Los Cancilleres
efectuaron esa reunión el 9 de noviembre en la capital costarricense.
Allí se acordó "realizar consultas con sus respectivos
gobiernos…, a fin de lograr la consolidación de la paz, la
reestructuración del Mercado Común Centroamericano y restablecer el
funcionamiento de los órganos y mecanismos del proceso de integración
económica". El 3 de diciembre volvieron a reunirse los
Cancilleres centroamericanos, oportunidad en la que acordaron estudiar
el establecimiento de un modus operandi para "el actual
funcionamiento del Mercado Común", con cuyo fin fue creada una
comisión ad hoc.
Durante la tercera reunión de Ministros de Economía
de Centroamérica, celebrada del 21 al 25 de julio de 1970, Honduras
presentó sus puntos de vista sobre cómo debería ser el "modus
operandi" sugerido por la reunión de Cancilleres del 3 de
diciembre de 1969. En dicho planteamiento, la delegación hondureña
expresó que el referido mecanismo no sólo debería considerar los
problemas suscitados a raíz del conflicto Honduras-El Salvador, sino
también las dificultades observadas en el funcionamiento del esquema
integracionista desde su inauguración en 1960. De esta manera nuestro
país proponía, en el fondo, una reestructuración total del Mercado
Común Centroamericano, al contrario de lo que planteaban otros países,
entre ellos El Salvador, Guatemala y Costa Rica, que limitaban sus
demandas únicamente al arreglo de las dificultades surgidas a partir
de julio del 69.
La formula hondureña, por lo tanto, encontró
el rechazo de "aquellos países que a lo largo de la negociación
propugnaron por mantener incólume la libre decisión empresarial y
cierto tradicionalismo en la interpretación y aplicación de los
Tratados". Por eso fracasó el arreglo sobre el "modus
operandi" y a Honduras no le quedó otro recurso que tomar
medidas defensivas de tipo unilateral. El 30 de diciembre de 1970, el
Congreso emitió el Decreto No.97, por medio del que nuestro país
rompía prácticamente con el Mercado Común Centroamericano y
adoptaba la política de los "convenios bilaterales de
reciprocidad comercial con los países centroamericanos con quienes
mantiene relaciones y con otros países del mundo". Naturalmente,
el referido decreto produjo una reacción airada en los demás países
firmantes -Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua- deberá
adoptar medidas de carácter unilateral ni suscribir convenios
bilaterales con la República de Honduras".
Finalmente, debemos decir que el conflicto
tuvo consecuencias de carácter político dentro de Honduras. Nuevas
fuerzas sociales emergieron con mayor protagonismo y los cambios por
democratizar el país dos años más tarde se concretaron en el
gobierno de unidad nacional. El conflicto con El Salvador finaliza en
octubre de 1980 cuando se firma el Tratado General de Paz y el
diferendo fronterizo por la Sentencia de la Corte Internacional de
Justicia de la Haya, Holanda, en septiembre de 1992
EL TRATADO DE PAZ.
Con la mediación del jurista peruano José
Luis Bustamante i Rivero, se firmó un Tratado General de Paz entre
las Repúblicas de El Salvador y Honduras, el 30 de octubre de 1980.
De esa manera, después de once años de permanecer en latente estado
de guerra, ambos países restablecieron sus relaciones de manera
oficial. Por supuesto, para resolver en forma definitiva los problemas
que dieron origen al conflicto armado de 1969. Por eso el documento
antes dicho prevé una serie de medidas que tienden a canalizar la
solución de dichas dificultades. El texto comprende nueve títulos,
con los siguientes temas: I) Paz y Tratados, II) Libre Tránsito, III)
Relaciones Diplomáticas y Consulares, IV) Cuestiones Limítrofes, V)
Mercado Común Centroamericano, VI) Reclamaciones y Diferencias, VII
Derechos Humanos y Familia, VIII)Compromiso de Fiel Cumplimiento y IX)
Ratificación y vigencia. Sobre cada uno de estos asuntos se formulan
respuestas concretas en el Tratado, por lo que el mismo reviste una
importancia extraordinaria.
Sobre las cuestiones limítrofes, uno de los puntos
más candentes, el Tratado plantea dos soluciones: 1) "delimitar
la frontera entre ambas Repúblicas en aquellas secciones en donde no
existe controversia", con cuyo fin el mismo documento señala
siete secciones a lo largo de toda la línea, dejando entre ellas los
puntos conflictivos; y 2) se nombra una Comisión Mixta de Límites
para que, en el plazo de cinco años a partir de la firma del Tratado,
demarque "la línea fronteriza en las zonas en controversia, una
vez concluida la delimitación de dicha línea". Asimismo, es
tarea de esta Comisión Mixta de Límites" determinar la situación
jurídica insular y de los espacios marítimos", así como la
demarcación de la frontera definida. Los miembros integrantes de la
misma tienen el rango de diplomáticos y gozan de la correspondiente
inmunidad.
En cuanto a la posibilidad de recurrir a la
Corte Internacional de Justicia, el Tratado dispone: "si a la
expiración del plazo de cinco años establecido en el artículo 19 de
este Tratado, no se hubiere llegado a un acuerdo total sobre las
diferencias de límites en las zonas en controversia, en la situación
jurídica insular o en los espacios marítimos, o no se hubieren
producido los acuerdos previstos en los artículos 27 y 28 de este
tratado, las partes convienen en que, dentro de los seis meses
siguientes, procederán a negociar y suscribir un compromiso por el
que se someta conjuntamente la controversia a la decisión de la corte
Internacional de Justicia". El documento le da el carácter de
inapelable al fallo final de la Corte y señala que seis meses después
de emitido el mismo, la Comisión Mixta de Límites deber hacer la
demarcación de la línea fronteriza establecida por el fallo
internacional. La Corte Internacional de la Haya pronuncia la
sentencia en septiembre de 1992.
-
en la sección Investigo con TIGO de este
mismo sitio web.
Fuentes Primarias:
1. Quiñonez Edgardo y Argueta Mario, Historia
de Honduras, capítulo XII El Conflicto Armado Honduro-Salvadoreño,
Editorial ESP, Cuarta Edición, Mayo 1986, pág. 135.
2. Becerra Longino, Evolución Histórica de
Honduras, 10.Guerra Honduras-El Salvador,Editorial Baktún,
Colección Próceres No. 2, pag.182.
3. Sierra, César Elvir, El Salvador, Estados
Unidos y Honduras: La gran conspiracicón del gobierno salvadoreño para
la guerra de 1969, 2a. Edición, Litografía López,Tegucigalpa
4. Overall, Mario, La Guerra de las Cien Horas,
traducción del
Mayor M.G. D.E.M. Wilfredo Castro Oyuela, LAAHS Guatemala, 1998.
Fuentes Secundarias:
-
Archivo Nacional de Washington, Correspondencia
entre las Embajadas de Estados Unidos en Honduras y El Salvador y el
Departamento de Estado, años 1963 - 1973.
-
Ardón, Juan Ramón, Días de Infamia, segunda edición
1970, Tegucigalpa.
-
Anderson, Thomas P. La Guerra de los desposeídos, El
Salvador-Honduras, 1969, UCA editores, 1984.
Becerra, Longino, Evolución Histórica de Honduras,
Baktum Editorial, Tegucigalpa, quinta edición, 1982.
Binns, Jack R., The United States in Honduras
1980-1981, An Ambassador's Memoir, McFarland Co. 2000.
Bruno Bologna, Alfredo, El Conflicto Honduras-El
Salvador, Colección Proceso, Buenos Aires. 1977.
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Honduras : El Día, Extra, El Cronista, Revista Política,
La Tribuna La Prensa El Heraldo La Gaceta
El Salvador: El Mundo, Prensa Gráfica.
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