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La Independencia

Por Alejandra G. Guerra

INTRODUCCIÓN

INDEPENDENCIA Y EMANCIPACIÓN

             Este documento fue resultado de la investigación que tuvo por objetivo presentar al amable lector  los sucesos y situaciones acontecidas como resultado de los históricos movimientos de independencia de Centroamérica, así como, proporcionar a la vez un vistazo general de dicho proceso en Honduras. Lo anterior, en aras de dilucidar si se dio una independencia y emancipación al mismo tiempo, o si por el contrario solo se ha dado una de ellas y, en caso de ser así, cual. Para dar soporte y sustento fehaciente de los hechos históricos  adjuntamos a la presente investigación, documentos pertinentes tales como el Acta de Independencia del 15 de Septiembre de 1821 así como las actas de adhesión de las diferentes provincias y documentos de primera mano para el lector, asimismo anexamos de forma breve un esbozo de quienes pudieran considerarse como precursores de una lucha de independencia y un recuento de las principales figuras que formaron parte de todo este movimiento sociopolítico de los primeros años del siglo XIX en Centroamérica.

Iniciamos la investigación formulándonos la siguiente inquietud: ¿Es la independencia sinónimo de emancipación, o por el contrario, nos encontramos ante dos fenómenos distintos destacados históricamente por la importancia que ambos representan para entender la realidad actual latinoamericana y hondureña en particular? Para tratar de entender mejor tal cuestión, partimos de la siguiente consideración:

Se denomina como Independencia de Centroamérica a la conmemoración —por parte de los actuales Estados de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica— de la firma del Acta de Independencia de la Capitanía General de Guatemala el 15 de septiembre de 1821[1]. Tal Capitanía estaba conformada, en ese entonces, por la Provincia de Guatemala; las Intendencias de Chiapas, San Salvador, Honduras y Nicaragua; y el Gobierno de Costa Rica. La suscripción del documento trajo como consecuencia la independencia del Gobierno Español.

            Desde las últimas décadas del siglo XVIII, en diversas regiones de América Latina, tuvieron lugar varias rebeliones en contra del dominio español, algunas más exitosas que otras. En Centroamérica, el sentimiento de independencia comenzó a crecer entre los criollos, que influidos por las ideas liberales de la Ilustración, veían en el proceso de independencia de los Estados Unidos y en la Revolución Francesa, un ejemplo a seguir. Se sabe que líderes del movimiento independentista centroamericano como José Matías Delgado, José Simeón Cañas y José Cecilio del Valle, eran conocedores de las ideas de libertad individual e igualdad ante la ley, propugnadas por la Ilustración.

            En la primera década del siglo XIX, las autoridades coloniales españolas, realizaron una serie de medidas fiscales y económicas impopulares, como el aumento de tributos y la consolidación de deudas estatales, para financiar las guerras europeas de la Corona española. Estas medidas acrecentaron el sentimiento de independencia entre los criollos.

            Los historiadores consideran que el fenómeno que sirvió como detonante al proceso de independencia de Centroamérica, fue la Invasión Napoleónica a España en 1808 que significó el colapso temporal de la autoridad real. Se inicia entonces una escalada de acontecimientos que desembocaran en la tan ansiada independencia. ¿Pero de quién o de quienes?

            Frente a la concepción mediática “occidental” acerca de la incapacidad de las masas para encauzar sus destinos, se levantan dirigentes nacidos de los diversos sectores de blancos, negros, indios, mestizos, dispuestos a gobernar con y para el pueblo. Ponen a un lado la idea errónea de considerar la politización como un acto paternal, consistente en bellos y grandes discursos, y facilitan a los diversos sectores sociales los elementos indispensables para ejercer la dirección, de modo que las masas comprendan que el demiurgo no es un hombre ilustre responsable de todo, sino las manos mágicas del pueblo, verdadero creador de las riquezas, del que dependerá el éxito o el fracaso.

            El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española afirma que, Emancipar son dos aspectos:

1. Libertar de la patria potestad, de la tutela o de la servidumbre.2. Liberarse de cualquier clase de subordinación o dependencia.

Independencia por su parte implica:

1. Libertad, especialmente la de un Estado que no es tributario ni depende de otro.

            Bajo esta perspectiva, podríamos afirmar que las masas no constituyen un conglomerado amorfo, como las presentan los propagandistas del neoliberalismo actualmente, sino que están integradas por los ciudadanos del lugar, los hombres y mujeres que lo habitan, lo construyen. Los pueblos se forman de individuos, y la garantía de la independencia y la libertad de aquellos se sustenta en la de estos. No puede concebirse un pueblo libre compuesto por seres humanos sometidos. Un gobierno decoroso, justo, será posible “si cada ciudadano, en efecto, conquista su independencia personal y aprende a gobernarla en beneficio común”. Esta relación de interdependencia entre el individuo y la sociedad fue analizada por Martí[2], quien expresó: “Un pueblo no es una masa de criaturas miserables y regidas: no tiene el derecho de ser respetado hasta que no tenga la conciencia de ser regente: edúquense en los hombres los conceptos de independencia y propia dignidad: es el organismo humano compendio del organismo nacional”; y concluía líneas más adelante: “las Repúblicas se hacen de hombres.” Estos deben ser capaces de pensar por sí mismos, de valorar las circunstancias en que desarrollan sus actividades, y decidir por sí. La emancipación entonces, no concluye con el logro de la independencia nacional, sino cuando las mentes de los ciudadanos han sido liberadas del lastre neocolonial, cuando los hombres y mujeres desplieguen sin ataduras su gestión como ciudadanos. El logro de la libertad política constituye la “premisa indispensable para alcanzar formas más amplias y superiores de emancipación humana”. [3] América Latina en general y nuestro país en particular pueden haber logrado una independencia, pero el proceso de emancipación continúa.


Notas:


[1] Acta de Independencia del Antiguo Reyno de Guatemala, Archivo General de Centroamérica, Catálogo 16, Periodo Independiente y Federal, pág. 19.

[2] Cintio Vitier: “Martí en la hora actual de Cuba”, en su Resistencia y libertad, La Habana, Ediciones UNIÓN, 1999, p. 154.

[3] Paz, Hidalgo Ibrahim, Independencia y Emancipación, paperback, junio 2007.


 

APUNTES PRELIMINARES

            La independencia de Centroamérica, llamada en aquel entonces Reino de Guatemala, es un hecho meramente accidental. México inicio su proceso independentista en 1805 liderados por José María Morelos y Miguel Hidalgo y Costilla: El movimiento eminentemente criollo desapareció después del fusilamiento de sus dos líderes en 1815[1]. ¿Por qué se da entonces después, la independencia de México?

            Las reformas borbónicas y su legislación vertical que impedía la corrupción y controlaba la producción en América no fue del agrado de los españoles residentes en las Indias Occidentales y acostumbrados más al tráfico de influencias y la corrupción. Para 1818 era obvio que las cosas no cambiarían y la única salida que encontraron estos poderosos fue separarse de España para continuar el régimen colonial fuera de las manos de España. La única alternativa entonces, era resucitar el movimiento independentista y negociar con los criollos su apoyo, a cambio de permitirles introducirse en el aparato de control político-económico de la elite Española. El precio pareció poco comparado con las ganancias a obtener.

            Bajo esta perspectiva, la inclusión de militares de carrera aseguró un ejército organizado que opacó los alzamientos de Morelos e Hidalgo; tan precisa fue la acción militar que desde antes de tomar la ciudad de México, las comunicaciones a la Capitanía General de Guatemala, Chiapas, Soconusco y los Altos fueron enviadas para ser recibidas en el momento que ellos entraran a la ciudad. Así las cosas, México comunico a España que el Virreynato de la Nueva España era Independiente; para los españoles el Virreinato comprendía México y Centroamérica, pero en América el Virreinato que se independizó era solamente México, por lo que Centroamérica quedó en una situación incómoda al no depender de España ni de México, sin estar preparados para ello, sin haberlo pedido y sin haber luchado por ello.

            En este estado de cosas, las causas inmediatas que provocan la independencia en Centroamérica son de dos tipos[2]:

I. CAUSAS INTERNAS

            En los primeros años del siglo XIX en Centroamérica se presentan condiciones propicias para generar el descontento y la transformación:

1. La divergencia de intereses entre los miembros de la clase más poderosa. Por un lado estaban las familias viejas, aristocráticas, de terratenientes, herederas de privilegios coloniales, y satisfechas del estado de cosas colonial pero inconformes con la Casa Borbón y sus políticas administrativas. Los viejos peninsulares, el alto clero y los funcionarios más importantes formaban parte de este grupo, el cual se localizaba sobre todo en las capitales de provincia.

Por otro lado estaban los criollos, hijos de españoles nacidos en América y los nuevos inmigrantes, forjadores de nuevas actividades comerciales, los cuales resentían los entrabamientos impuestos por las autoridades, sobre todo la limitación en la libertad de comercio, la exclusión de puestos claves y los impuestos.

2. Las políticas centralizadoras de la monarquía borbónica, que excluyeron a los criollos de cargos públicos e impusieron una política de impuestos y monopolios que causaban disgusto a la población.

3. Las masas populares, sobre todo indígenas, eran social y económicamente marginadas. Con el resquebrajamiento social se dan movimientos sociales de campesinos mestizos y artesanos.

            Según el historiador Ralph Lee Woodward, "en el proceso de lucha por la independencia se produce una extraña alianza entre las mejores familias y los parias sociales"[3].

1. La contradicción de intereses entre comerciantes y productores, y entre capitalinos y provincianos. En Guatemala, capital del Reino, y también en el resto de provincias, unas cuantas familias monopolizaban el comercio exterior y el crédito, o eran grandes productores, mientras que un grupo de pequeños productores trabajaban en condiciones desventajosas, en un sistema de intercambio desigual. Este era un elemento generador de conflictos.

2. La imprenta y la difusión de las ideas. El constitucionalismo gaditano[4] abrió las puertas a la libertad de imprenta, como expresión de la liberalización del pensamiento. Desde los periódicos se difundieron las ideas independentistas. Destacan los periódicos "El Editor Constitucional", dirigido por Pedro Molina y de corte radical, y "El Amigo de la Patria", dirigido por José Cecilio del Valle, más moderado en sus posiciones.

            Muchas veces, los intereses contrapuestos de la época se han identificado con las palabras "conservadores" y "liberales", asociando a los liberales con los criollos que defendieron la Independencia, la República y la Federación y a los conservadores con los españoles, monárquicos e imperialistas.

            Sin embargo, dependiendo de los intereses en juego, un comerciante podía ser liberal cuando quería exportar sin trabas, pero ser conservador si quería mantener sus privilegios.

            Héctor Pérez Brignoli[5] afirma que las ambiciones personales y el oportunismo llevaron a una falta de coherencia entre las ideas sostenidas y la realidad. En el mismo sentido Lowell Gudmundson sostiene que en la primera mitad del siglo XIX tanto "liberales" como "conservadores" impulsaron políticas esencialmente liberales[6].

II.- CAUSAS EXTERNAS

1. La difusión de las ideas de pensadores europeos del Siglo XVIII sobre los derechos del hombre, de libertad, igualdad y autogobierno, penetraron las mentes más inquietas de la época.

2. El ejemplo de la independencia de los Estados Unidos.

3. La Revolución Francesa, que despertó el anhelo de libertad en los hombres ilustrados.

Las noticias de movimientos de insurrección que se realizaban en otras colonias.

4. Un suceso extraordinario precipitó los hechos: La invasión de Napoleón a España en 1808. Esta provocó la dimisión del Rey Fernando VII, "El Deseado", el debilitamiento de la monarquía y la convocatoria a las Cortes de Cadiz en 1812. En éstas se promulgaron normas democráticas de gobierno que fueron abolidas al volver Fernando VII al poder, pero que dejaron una semilla para el florecimiento de las ideas libertarias.

5. El movimiento de independencia mexicano, y la proclamación del Imperio por parte de Agustín de Iturbide, fueron la chispa desencadenante de la independencia centroamericana. Al recibirse en Guatemala la noticia de los sucesos de México, se solicita ante el Capitán General, Gabino Gaínza, la convocatoria a una reunión para discutir el tema.
 

PRIMEROS MOVIMIENTOS PRO INDEPENDENTISTAS:

Si bien es cierto, la metrópoli intentó controlar el flujo de información acerca de las nuevas ideas políticas surgidas sobre todo de la Francia revolucionaria, también es cierto, que muy poco control se ejerció por parte de los mandos directrices en las colonias para evitar esto efectivamente. De hecho la circulación de las ideas liberales en folletos o publicaciones en diarios fue de lo más común en la Capitanía General de Guatemala, así como también las noticias sobre lo que pasaba en México. En todo caso una tolerancia “necesaria” con el fin de evitar la efervescencia de las mismas entre los diferentes sectores, fue adoptada por el gobierno de Guatemala con el fin de que las ideas cesaran “cayendo por su propio peso”.

            Dos grupos claramente se definen en la Centroamérica del período: por una parte un republicanismo sincero impulsado por el ejemplo de Estados Unidos y su construcción de país y de nación; pero por otro (y lamentablemente la gran mayoría) los más conservadores que temían al estricto control de los Borbon y su sistema administrativo y cuyos verdaderos fines no eran ayudar a construir la república sino a perpetuar el régimen colonial[7]. Esta dualidad marcará severamente la sociedad post independentista y a la vez, será la génesis de la destrucción del proyecto federal: desde su inicio la idea de crear un país estaba condenada al fracaso.

            Pero en el momento, las ideas libertarias y la necesidad de sacudirse las limitaciones de un régimen colonial, darán paso a algunos movimientos en pro de la independencia que en algunas ocasiones fueron traicionados, o no tuvieron el suficiente calor popular como para poder mantenerse a flote. De hecho, muchas de las rivalidades entre las ciudades centroamericanas posterior a la independencia, se generan durante el momento en que algunas de ellas buscan independencia y no son apoyadas por las otras, dejando en el colectivo una idea clara de individualidad y revanchismo.


Notas:


[1] Zelaya y Ferrera, Rolando, Lecturas para Comprender la Historia de Honduras, Pearson Prentice Mexico, 2007, p.158.

[2] Idem, pags. 158 a 159.

[3] Woodward, Ralph Lee, Central America Independence Process, Liberty Bell Publishing, USA, 1994, p56.

[4] Gaditano se llama a la persona natural de la ciudad de Cádiz, Andalucía, España; se refiere aquí entonces a los seguidores de la Constitución de Cádiz de 1812.(N. del A.)

[5] Pérez Brignoli, Héctor, De la sociedad colonial a la crisis del 30, Editorial Nuevo Continente, Tegucigalpa, 1973.

[6] Gudmunson Llowel, Political Movements in Central America during the XIX Century, ABACAB Editors A.C., USA, 1992, p 132.

[7] Karnes, Thomas, Independencia, en la Antología compilada por Oscar Zelaya Garay, Pearson Educación, Tercera Edición, México, 2001, pp151.


ASONADAS: MOVIMIENTOS PRELIMINARES A LA INDEPENDENCIA

JOAQUIN PARDO Y LA ASONADA DE LOS ARTESANOS

Simón Bergaño y Villegas

Deportado a uno de los presidios de España.

Permaneció hasta 1820 en el Castillo del Morro, en La Habana.

Agustín Vilches Permaneció en las cárceles de la ciudad de Guatemala hasta 1810.

ASONADA DE CHINANDEGA

(Abril de 1811)

Encarnación Valladares. Por haber querido sublevar a las milicias, fue remitido en calidad de reo al Castillo de San Carlos, donde permaneció hasta 1814.

INTENTONA DE DOLORES IZALCO

(Julio de 1811)

Martín Torres Remitido a las cárceles de San Salvador.

SUBLEVACION DE SAN SALVADOR

(5 de noviembre de 1811) Manuel José Arce, Juan Delgado, Miguel Delgado.

El corregidor intendente, José María Peinado y el Juez en Comisión, coronel José de Aycinena, substanciaron el proceso, quedaron libres los reos en enero de 1812.

SUBLEVACION DE USULUTAN

(17 de noviembre de 1811)

El subdelegado Manuel Barroetea, remitió los reos a la cárcel de la ciudad de San Miguel.

ASONADA DE SANTA ANA

(17 de noviembre de 1811)

Anselima Ascencio, Juana Evangelista, Juan de Dios Jaco, Lucas Man, Francisco Reina, Bruno Rosales.

Remitidos a la cárcel de Cadenas de la ciudad de Guatemala, puestos en libertad la mayoría en 1812. Sólo el cabecilla Francisco Reinas permaneció preso hasta 1818.

SUBLEVACION DE SANTA ANA

(24 de noviembre de 1811)

José Agustín Alvarado, Leandro Antonio Fajardo, Vicente Fajardo, José Caldámez Morán, Bernardo Letona, Luciano Antonio López, Vidal Antonio López, Juan Ubaldo Ortega, Seberino Posadas, Marcelo Zepeda.

Consignados por las autoridades de Santa Ana, a la Capitanía General de Guatemala, el 3 de diciembre. Sometidos a consejo de guerra, se les sentenció a deportación con destino a los castillos de San Felipe, San Carlos, Trujillo y Remedios (Petén). Libres hasta 1818.

SUBLEVACION DE NICARAGUA

(13 de diciembre de 1811) Juan Argüeño, Pío Argüello, Telésforo Argüello, Cleto Bendaña, Gregorio Bracamonte, Vicente Castillo, Juan Cerda, José Manuel de la Cerda, Manuel Antonio Cerda, Francisco Cordero, Joaquín Chamorro. José Dolores Espinoza, Faustino Gómez, Pedro Guerrero, Miguel Lacayo, Tomás Madrid, León Molina, Manuel Parrilla, José O´Horan, José del Carmen Rivera, Gregorio Robledo, Juan Damasco Robledo, Silvestre Selva, presbítero Benito Soto.

Esta sublevación se inició en la ciudad de León el 13 de diciembre; el 24 del mismo mes en Granada, extendiéndose a Masaya, Nueva Segovia, Villa del Rivas y Fuerte de San Carlos. En las dos primeras ciudades, quedaron organizadas juntas de gobierno, siendo más organizadas juntas de gobierno, siendo más activa en sus resoluciones la de Granada, la cual reasumió, por medio de delegados, a las de León. Quedaron suprimidos los atributos a las alcabalas y los quintetos. Se declaró libre el comercio por el Gran Lago y Río de San Juan.

Desde San Miguel (El Salvador) y desde Olancho, Tegucigalpa y Juticalpa, partieron tropas para reprimir la revolución, cuyos dirigentes ocuparon el Castillo de San Carlos el 12 de enero de 1812; el 12 de abril derrotaron a las tropas realistas en Granada. El 28 del mismo mes, después de un día de ataques y contraataques, los realistas ocuparon la ciudad de Granada.

Los insurgentes fueron enviados a la ciudad de Guatemala, donde permanecieron en calidad de reos, unos en la cárcel de Corte, otros en la de Cadenas; se les sentenció a duras penas siendo la más benigna la de deportación a los presidios españoles situados en Africa.

El indulto de 1818 puso en libertad a algunos el resto fue libertado hasta que cesó ene l mando el capitán general José de Bustamante.

SUBLEVACION DE METAPAN

(24 de noviembre de 1811) Juan de Dios Mayorga. Este cabecilla, tuvo nexos con la sublevación que se preparaba en el Corregimiento de Chiquimula.

SUBLEVACION DE TEGUCIGALPA

(1 y 2 de enero de 1812)

Fray José Antonio Rojas (OFM) y Julián Romero.

Reunía a los descontentos en su celda. La sublevación tuvo por origen exigir la formación de una Junta de Gobierno integrada por criollos y mestizos.

Romero fue el autor de las proclamas sediciosas.

SUBLEVACION DE COMAYAGUA

(ENERO DE 1812) El gobernador intendente, Juan Antonio Fornos, informó que los principios motores de esta sublevación fueron los descendientes de africanos no esclavos que reclamaban se les considerara ciudadanos para ejercer el sufragio.

Permanecieron presos en el fuerte de San Fernando de Omoa y en el presidio de Trujillo.

SUBLEVACION DE CHIQUIMULA

Rafael Arriaza, Pedro Barillas, Manuel Antonio Calderón, Norberto Calderón, presbítero Esteban Carcaño, Ramón Contreras, Francisco Cordón, Patricio Cordón. Mariano León, Manuel María León, Victoriano Madrid, Gabriel Marroquín, Juan de Dios Mayorga, Angel Morales, Fulgencio Morales, Francisco Mariano Moreno, Pablo Moreno, Francisco Ordóñez, José María Orellana, Juan Orellana, José Esteban Paiz, Juan Carlos Paiz, Juan José Paiz, Juan Esteban Paiz, Miguel Paiz, Pío Paiz, Ramón Paiz, Victoriano Paiz, Isidro Salguero, Norberto Urrutia.

Esta sublevación se extendió por los pueblos de Jocotán, Camotán, Zacapa, San Sebastián, Chimalapa, (hoy Cabañas) Magdalena, San Agustín y San Cristóbal Camasaguatián. Los cabecillas Francisco Cordón, Fulgencio Morales y Juan de Dios Mayorga, actuaron en Chiquimula. Los Paiz en Acasaguastlán.

El presbítero Carcaño en Zacapa y los cordón, en la zona de Chimalapa (Cabañas). Varios de estos insurgentes fueron enviados al Morro de La Habana, al presidio de Trujillo, al de Remedios, (Petén) y al de San Fernando de Omoa. El resto permaneció en las cárceles de la ciudad de Guatemala, Hasta el años de 1819.


EL CONFLICTO GADITANO

La invasión Napoleónica a España en 1808 ocasionó la formación de Juntas Provisionales de Gobierno, las que se mantenían leales a Fernando VII. Posteriormente, se constituyó la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino, compuesta por representantes de las Juntas Provisionales, teniendo como sede Aranjuez y, después, en Sevilla.

Cuando Andalucía fue invadida por las tropas francesas, la Junta Central Suprema salió de Sevilla y se trasladó a la isla de León, donde se disolvió y se nombró un Consejo de Regencia. La misión de este Consejo era reunir a las Cortes; así, en enero de 1809 se convocó a las Cortes Generales y Extraordinarias que se debían reunir en Cádiz en 1810. Las colonias de Ultramar fueron invitadas a enviar sus representantes a las Cortes Generales.

En marzo de 1812, las Cortes de Cádiz promulgaron la Carta Constitutiva de la Monarquía Española, consignando preceptos de igualdad y garantías individuales para asegurar libertades públicas entre españoles y americanos.

Al recobrar la libertad el Rey Fernando VII, en 1814, desconoció la Constitución, pero en 1820 se vio obligado a jurarla y envió a las colonias de Ultramar el Manual de elecciones de los diputados para futuras reuniones de las Cortes. Tarde fue la convocatoria ya que las colonias españoles en América entraban en la fase final de su lucha para obtener su independencia.

INDEPENDENCIA DE CENTROAMERICA

            En mayo de 1814, Fernando VII regresó a España como rey, e inmediatamente restableció el absolutismo, derogando la Constitución de Cádiz. Los efectos de las medidas reales se hicieron sentir en Centroamérica, donde el Capitán General de Guatemala, José de Bustamante y Guerra, desató una persecución en contra de los independentistas y los defensores de las ideas liberales, que se prolongaría hasta la destitución de Bustamante en 1817.

            En 1820, la Revolución del General Rafael de Riego[1], en España, restableció la vigencia de la Constitución de Cádiz. El Capitán General de Guatemala, Carlos Urrutia, juró la Constitución en julio de ese año y poco después se convocó a elecciones para elegir ayuntamientos y diputaciones provinciales, además de permitirse la libertad de prensa en el territorio del Reino de Guatemala. Aprovechando el ambiente de libertad, comenzaron a publicarse en Guatemala, dos periódicos nuevos: El Editor Constitucional bajo la dirección del guatemalteco Pedro Molina, que defendía posiciones muy liberales, y El Amigo de la Patria dirigido por el hondureño José Cecilio del Valle, que defendía posiciones más conservadoras.

 

            Dichas publicaciones se volvieron más candentes cuando se divulgo el Plan de Iguala, pronunciamiento político de la Independencia proclamado por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero el 24 de febrero de 1821 en la ciudad de Iguala , Guerrero; declaraba la independencia de México e incentivó las inquietudes independentistas en Centroamérica. Sus tres principios fundamentales fueron:

 

  1. Establecer la Independencia de México de parte de España

  2. Establecer la Religión Católica como única

  3. Establecer la unión de todos los grupos sociales.

 

            Más tarde, estos tres principios (Religión, Independencia y Unión) se convertirían en las Tres Garantías que promovía el ejército que sustentaría al gobierno, al que, por la misma causa, se le llamó Ejército Trigarante. Según este plan, el gobierno que adoptaría como nación independiente sería el de una monarquía moderada, cuya corona sería otorgada a Fernando VII (miembro de la Casa de los Borbones), o en su defecto, a algún otro príncipe europeo. El plan suprimía, además, las distinciones étnicas entre los habitantes de la hasta entonces Nueva España; declaraba la igualdad de todos los individuos y, por lo tanto, en adelante todos tendrían los mismos derechos. Para gobernar al nuevo país en lo que llegaba un príncipe a ocupar la corona, el plan proponía la creación de una "Junta Gubernativa" y, posteriormente, una Regencia que se encargaría de gobernar en lo que se elegía al nuevo emperador. Además convocaría a Cortes para elaborar una Constitución. Finalmente, exhortaba a los insurgentes a incorporarse al ya mencionado Ejército Trigarante, cuyo líder sería Agustín de Iturbide.

            Las noticias llegadas a Guatemala sobre el Plan de Iguala propuesto por Agustín de Iturbide, el 9 de Mayo de 1821, dejó en claro que el poder español languidecía en las tierras del Virreinato de la Nueva España y la América en general a causa de la gran cantidad de frentes de lucha abiertos contra ella. El Capitán General Urrutia quien no era proclive a la independencia de las colonias pero a la vez inactivo en su cargo, poco hizo por luchar contra las ideas libertarias y hasta fue convencido por líderes criollos de delegar su autoridad en el Inspector General Español del Ejército Don Gabino Gaínza; en junio de 1821, el Capitán General Urrutia fue sustituido por Gabino Gaínza cuya personalidad era lo suficientemente flexible como para estar en contra de la independencia en un principio y luego hacer lo posible por  realizarla; igual haría posteriormente con la anexión a México.

 

            El 13 de Septiembre se recibió la noticia de que Chiapas y Tehuantepec se habían adherido al Plan de Iguala, los acontecimientos se precipitaban sin tener idea de que hacer cuando se suscitaran. El viernes 14 de septiembre de 1821 llegaron a Guatemala los pliegos con la noticia de la separación de Centroamérica del Reino Español desde Chiapas. Los documentos fueron llevados inmediatamente al jefe político Brigadier Gabino Gaínza, quien se dirigió al ayuntamiento, (con la sorpresa que también ahí ya tenía el folio José Antonio Larrave[2]), donde se determinó realizar una reunión al día siguiente a las ocho de la mañana. La noche del 14 de Septiembre de 1821, la gente se amotinó en las calles de Guatemala, marchando y gritando "¡Independencia o muerte!". Toda la noche duró aquella agitación popular.

 

            El sábado 15 de Septiembre, grandes multitudes ocuparon el Palacio de los Capitanes Generales hasta abarrotarlo. Todo el mundo a una voz gritaba: "¡Viva la Independencia!". Se inició la junta sin mayor retraso a puerta abierta en el Real Palacio, con la participación de unas 50 personas dentro del salón. Pero en la antesala, el corredor, el patio, portales exteriores y en la plaza se reunieron más ciudadanos. Ya establecida la reunión con las máximas autoridades, lo primero que se hizo fue darle lectura a los documentos y después se escuchó la opinión de los asistentes. Al retirarse las autoridades, las personas quitaron de la pared el retrato del rey Fernando VII. En la plaza, también derrocaron la estatua de Carlos III y otro grupo se dirigió al ayuntamiento para retirar los retratos del monarca español.

 

            Apremiado por los diferentes sectores de la sociedad, Gaìnza abrió la sesión de cabildo abierto para consensuar el derrotero a seguir. Don Jose del Valle, Auditor de Guerra, serviría como moderador a fin de que el secretario tomara nota de aquellas ideas y propuestas que arrojaran luz sobre que hacer en tan inesperadas circunstancias. El General Gabino Gainza, rodeado de todas las autoridades, después de ordenar que se leyeran los documentos sometió a discusión el asunto, sobre si las provincias deberían ser declaradas independientes de España o no. José Cecilio del Valle, fue el primero que no se pronunció a favor de la independencia por ser provincias “sin experiencia alguna en los asuntos de gobierno…ayer ordeñaban vacas y hoy quieren regir pueblos[3]. En ese momento las discusiones giraron en torno al momento en que debían independizarse. José Cecilio del Valle, un hondureño que sentía debilidad por el periodismo y publicaba en el periódico "El Amigo del Pueblo", estaba de acuerdo con la independencia “a su debido tiempo” pero dado que era uno de los pocos que disentía, propuso una consulta con el resto de provincias, debido a que en la reunión únicamente estaba la representación de Guatemala.

 

            Otros en cambio como doña Dolores Bedoya de Molina había realizado toda una serie de preparativos, para festejar con cuetes y música, una vez que se declarara la independencia. Como la reunión en el palacio se extendió mucho y la independencia se dio, las señoras aburridas de los ánimos de los patriotas, de inmediato comenzaron a gritar aupando al pueblo reunido en la plaza para que les hiciera eco. Los señores que discutían el asunto de la libertad, al escuchar los cohetes y los gritos de la gente, creyeron que se trataba de un levantamiento y entonces se apresuraron a proclamar libertad para Centroamérica. La señora de Molina, sin proponérselo, se constituyó en líder de aquel último movimiento que aceleró la proclamación de la independencia[4]. De inmediato, entre los gritos y el entusiasmo del pueblo, José Cecilio de Valle redactó el acta de independencia fijando para el día 16 de Septiembre la juramentación de los funcionarios y empleos.

 

            Luego de varias discusiones se acordó la redacción del Acta de Independencia y que sería firmada por los asistentes y enviada a las otras provincias para su aprobación. Era la primera acta que, según los ideales de ese entonces, pondría fin a tres siglos de dominación española. Valle y el secretario organizaron todas las ideas en un documento que en su inicio se le denomino Concordato de Guatemala[5] y que termino ese mismo día por llamarse Acta de Independencia[6], en una clara manipulación política producto del temor de las élites hacia la reacción del pueblo de Guatemala. Entonces, el 15 de Septiembre de 1821, día de la firma del Acta de Independencia se reunieron en el Palacio de los Capitanes Generales, en la ciudad de Guatemala, diferentes personalidades: representantes del Gobierno Central español, del Ayuntamiento Local, Superiores de las diferentes órdenes religiosas, el arzobispo de Guatemala. Debido a las distancias y los malos caminos, las copias del acta de septiembre 15, tardaron en llegar a los diferentes lugares de antiguo Reino de Guatemala, a Costa Rica por ejemplo, llegaron hasta principios de Octubre.

 

            Así inicia una nueva etapa de la vida independiente de las provincias, aunque desde el punto de vista particular cada una de las actuales Repúblicas de Centroamérica no se alcanzó de manera definitiva la forma política que hoy representa. Al concretarse la independencia centroamericana, solamente le quedaban tres opciones a la naciente unión de provincias: primero, conservar la unidad de las provincias; segundo, independizarse en naciones bien definidas; o tercero, anexarse al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide.

            La noticia de la independencia desconcertó a la mayoría de los grupos conservadores en las distintas provincias y ayuntamientos de Centroamérica. La preocupación de los sectores conservadores se tranquilizó cuando las autoridades de Guatemala recibieron una carta de Iturbide, quien se había proclamado Emperador de México, invitando a Centroamérica a unirse al imperio.

 

            Inmediatamente después de proclamada la Independencia de España, Centroamérica formó parte del Imperio Mexicano Iturbide (enero, 1822 - marzo, 1823) que fue un período caótico y de gran confusión. Luego, al derrumbarse el imperio, se constituyeron en nación soberana bajo el nombre de Provincias Unidas de Centroamérica y se convocó a una Asamblea Constituyente, cuyo primer decreto de 1 de julio de 1823 fue proclamar de nuevo la independencia de España, al igual que México.

 

            Tal asamblea promulgó el 24 de 1824 la Constitución Política de la llamada República Federal de Centroamérica que dejo de existir en 1838 al romperse el Pacto Federal y constituirse cada república en un Estado Independiente. Así nació desde ese año la existencia del Estado de Honduras.

 
EL PROCESO DE INDEPENDENCIA POR PROVINCIAS:
EL CASO DE LA INDEPENDENCIA DE HONDURAS

            A fines del siglo XVIII Honduras (llamada Comayagua en esa época de manera informal, por el nombre de la ciudad que era entonces su capital) y de manera oficial Provincia de Honduras, fue erigida en Intendencia, mediante la unificación de varios corregimientos y alcaldías mayores. De 1812 a 1814 y de 1820 a 1821, durante la vigencia de la Constitución de Cádiz, formó parte de la Provincia de Guatemala. El 1 de Enero de 1812 ocurre la insurrección[7] de Tegucigalpa cuando a las ocho de la mañana, más de cien hombres armados de palos y machetes se presentaron a la plaza de Tegucigalpa a impedir que miembros municipales tomaran sus cargos[8]. En 1821, en vísperas de la independencia, las Cortes españolas erigieron la Provincia de Honduras, que en agosto de ese año instaló su propia Diputación Provincial, con sede en Comayagua.

            El documento tardo en llegar a las comunidades más importantes en Honduras:

  • Gracias                                             22 de septiembre

  • Comayagua y Tegucigalpa                  28 de septiembre

  • Santa Rosa y Omoa                            2 de octubre

  • Trujillo                                                6 de Octubre

  • Juticalpa                                          14 de Octubre

  • Danlí                                                20 de Octubre

  • Santa Bárbara                                   23 de Octubre

            Los ayuntamientos de estas ciudades juran la independencia sino el mismo día, al día siguiente en que se recibieron los documentos. La noticia de que Guatemala había proclamado la separación de España el 15 de septiembre de 1821, la Diputación Provincial de Comayagua proclamó la independencia de Honduras de la Monarquía española el 28 de septiembre de 1821. Dionisio de Herrera es el autor del Acta de Independencia de Honduras, redactada el 28 de Septiembre de 1821, poco después de la llegada de los documentos de Guatemala.

Dos eran las ciudades mas importantes de Honduras: Tegucigalpa y Comayagua. En la entonces Villa de San Miguel de Tegucigalpa del año 1821, es cuando en el mes de abril falleció el último alcalde español don Narciso Mallol situación que permitió la llegada a la jefatura del ayuntamiento al criollo don Tomás Midence ciudadano ejemplar que se había forjado bajo las enseñanzas del presbítero don Juan Francisco Márquez ilustre hijo de Tegucigalpa que además de predicar el evangelio, inculcaba las ideas de libertad para lograr la independencia.

Tegucigalpa no era sede del poder político colonial dependiente de Guatemala ya que la capital provincial se encontraba en Comayagua, pero ello no descartaba que la Villa mantuviera protagonismo por ser Alcaldía Mayor de Minas y porque contaba con insignes patriotas que abogaban por la emancipación política.

Don Dionisio de Herrera, talentoso abogado cholutecano después de haber obtenido su título en la Universidad de Guatemala, se radicó en Tegucigalpa y fue nombrado secretario del ayuntamiento sorprendiéndole aquel 1821 después de la muerte de don Narciso Mallol como el influyente funcionario al lado del alcalde don Tomás Midence.

Herrera fue independentista y formó círculos intelectuales donde se debatían las ideas que conllevaran al logro de la libertad de los pueblos dominados por la Corona de España, grupos que asociaban a distinguidos hombres como don Miguel Bustamante, Matías Zuniga, Simón Gutiérrez, Pablo Borjas, Andrés Lozano, Diego Vijil y entre ellos un joven que actuaba como asistente de Herrera y que comenzaba a perfilarse como un líder de la libertad, Francisco Morazán Quezada.

Aquellos patriotas tegucigalpenses fueron considerados por la autoridad de Comayagua como conspiradores, generando los recelos por fomentar desde Tegucigalpa las ideas contrarias al régimen colonial que ya se encontraba en agonía por la Independencia proclamada por Chiapas y en años anteriores cuando en México en 1810 el cura Hidalgo lanzó en el pueblo de Dolores el grito de Independencia y los pueblos de la Gran Colombia en 1819 se desligaron de España.

El 15 de Septiembre de 1821 se proclamó la independencia de los pueblos del Centro de América y la noticia del suceso llegó a Honduras trece días después al enviar la Junta Consultiva por correo especial de tierra la copia fiel del documento que contenía la declaración firmada por los patricios.

Comayagua recibió los pliegos a tempranas horas de la mañana del 28 de septiembre y la gobernación con los miembros del cabildo se enteraron de la decisión, aceptando la Independencia pero desconociendo la autoridad de Guatemala dando su reconocimiento como lo había hecho Chiapas al Imperio de México.

La Villa de Tegucigalpa se enteró hasta en horas de la tarde de ese día, procediendo de inmediato la Alcaldía encabezada por don Tomás Midence a convocar a todas las  autoridades civiles y eclesiásticas y se llamó al pueblo para que asistiera a la plaza para darles a conocer la significativa noticia.

Se juró la Independencia y el secretario Herrera levantó el acta en la que se hacía constar la lealtad del noble Ayuntamiento de la Villa de Tegucigalpa a la Junta Consultiva de Guatemala.

Desde el balcón de la Alcaldía, los patricios anunciaron la buena nueva, hicieron repicar la campana del Ayuntamiento y en todas las iglesias, la parroquia de San Miguel, San Francisco, Los Dolores, El Calvario y la Inmaculada Concepción el alegre sonar de las campanas inundaba el ambiente del poblado, quemándose pólvora y por la noche Tegucigalpa se vio iluminada por antorchas y las clásicas fogatas frente a las casas.

            Entre las figuras hondureñas más relevantes de la historia centroamericana figura José Cecilio del Valle, redactor del Acta de Independencia suscrita en Guatemala el 15 de septiembre de 1821 y canciller de México en 1823.

            Honduras se separó de la Federación centroamericana en octubre de 1838 y se convirtió en Estado soberano e independiente. Pese a todos estos acontecimientos, España recién reconoció la independencia hondureña el 15 de marzo de 1863, misma que se celebró el 28 de septiembre de cada año, hasta que se cambió la fecha de su celebración para el 15 de septiembre, en el año de 1877[9].


Notas:


[1] El 1 de enero de 1820, las tropas acantonadas en Las Cabezas de San Juan (Cádiz) a la espera de ser transportadas a luchar contra los independentistas americanos, se sublevaron bajo las órdenes del coronel Rafael de Riego. Las tropas lideradas por Riego fueron avanzando por Andalucía en dirección a Madrid para restaurar la Constitución de Cádiz de 1812, pero encontraron poco apoyo, parecía que iban a fracasar.(N. de A.)

[2] Este comentario hecho casi a manera de queja por el Capitán General consta en el acta secretarial levantada en dicho dia 15 de septiembre. (N. del A.)

[3] Funes, Matías, José Cecilio del Valle: su tiempo y el nuestro, Editorial Guaymuras, 2008

[4] Luján, Irma, Doña Dolores Bedoya de Molina, Editorial Nuevos Tiempos, Guatemala, 1995, pag.124. Otros textos publicados en diarios locales bajo la autoría de Mario Argueta, Leticia de Oyuela o el mismo Mario Felipe Martínez, hacen alusión a la participación del personaje mencionado en la independencia de Centroamérica.(N. del A.).

[5] Archivo General de Centroamérica, Catálogo 16, Periodo Independiente y Federal, pag. 19.

[6] Idém

[7] Aunque el término insurrección pueda parecer prematuro, se respeta la redacción del autor citado. (N. del A.)

[8] Vásquez, José V., Álbum Cívico Hondureño, Segunda Edición, Imprenta Gómez, Tegucigalpa, Honduras, 1970.

[9] Mariñas Otero, Luís, Honduras, 1987, Editorial Universitaria, Tegucigalpa, Honduras.

 

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