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Las Cuevas de Talgua

SECRETOS ESCONDIDOS…

hallazgos luminosos

Los arqueólogos han descubierto un depósito de esqueletos y
ofrendas funerarias en un osario del nordeste de Honduras,
que arroja nueva luz sobre el surgimiento de las primitivas
sociedades mesoamericanas

por James E. Brady,
George Hasemann y
John H. Fogarty

 James E. Brady es profesor de antropología de la Universidad de George Washington, en Washington D.C.; George Hassemann era Director de la Sección de Arqueología del IHAH; John H. Fogarty es espeleólogo con muchos años de experiencia en cartografía y en la exploración de cuevas mayas.

 

En abril de 1994 Jorge Yáñez y Desiderio Reyes condujeron a un grupo de casi doce compañeros a la cueva del río Talgua en el nordeste de Honduras. Situada sobre la ribera oriental del río Talgua, la cueva se encuentra aproximadamente a seis kilómetros y medio al nordeste del pueblo de Catacamas en el Departamento de Olancho. Durante generaciones, los residentes de Catacamas han conocido y visitado la cueva, a través de la cual corre un tributario del río Talgua. En realidad, fue planimetrada profesionalmente hace diez años, aunque los jóvenes exploradores no tenían ni idea de lo habrían de encontrar.

 

Mientras el resto del grupo esperaba abajo, Yáñez y Reyes treparon una pared de nueve metros de altura dentro de la cueva y descubrieron un túnel que contenía una gran cantidad de huesos humanos y casi dos docenas de vasijas intactas o que podían restaurarse. Este sorprendente descubrimiento ha contribuido notablemente a incrementar muestra apreciación de la riqueza del pasado precolombino de Honduras. Pero uno de los aspectos más interesantes proviene del hecho de que la región de Olancho está situada sobre la frontera entre las dos grandes zonas de la cultura americana: la cultura mesoamericana del norte y la andina o sudamericana. La región de Talgua puede contener la clave  de cómo estos pueblos sobrevivieron y florecieron entre estas dos culturas.

 

En todas las Américas, las cuevas revestían fundamental importancia para las religiones indígenas, porque se creía que eran entradas a las regiones sagradas. Si bien pocas personas tendrían dificultad en creer que los dioses que controlan la fertilidad de las plantas debían vivir en la tierra, en todas partes de Mesoamérica también se pensaba que la lluvia era un fenómeno terrestre. Se creía que las nubes, los relámpagos y la lluvia se formaban en cuevas antes de que los dioses de la lluvia los enviaran al cielo. De esta forma, las cuevas se asociaban con los elementos más importantes de un pueblo agrícola. También se creía que como las cuevas penetran la tierra constituían entradas al otro mundo donde residen las almas de los muertos. Así, el entierro en las cuevas aceleraría ese via.je y. posiblemente, aseguraría que el alma del muerto no deambulara perdida en el mundo de los vivos.

El descubrimiento del osario de la cueva de Talgua reviste importancia porque sólo se han descubierto unas pocas cuevas funerarias en Honduras, y ésta es una de las primeras en ser investigada cui­dadosamente. Además, nuestras subsiguientes investigaciones también han revelado un nivel de riqueza y sofisticación en una zona que generalmente ha sido considerada marginal desde el punto de vista arqueológico.

 

Tradicionalmente, la atención un Honduras se ha concentrado en las magníficas ruinas mayas de Copán. Conocida por sus espectaculares esculturas y extensos textos jeroglíficos, Copán es la más austral de las importantes ruinas consideradas como parte de los llanos mayas del sur, y una de las pocas  que no está situada en las selvas tropicales de Belice, Guatemala y Yucatán. Se pensaba que Copán era un importante centro comercial en el cual se intercambiaban productos entre la zona maya y el sur de América Central. Aunque las espectaculares ruinas que se admiran en la actualidad pertenecen al período clásico (300-900 d. de C.), el asentamiento más antiguo del sitio data de alrededor del año 900 a. de C.

 

Poco antes de este período, alrededor del año 1000 antes de Cristo, el osario de Talgua ya se utilizaba en los rituales funerarios, los cuales posiblemente tenían elementos prestados de la zona maya a más de 200 kilómetros al oeste. Al poner el asentamiento de Talgua en la perspectiva maya, es posible que en aquel tiempo la población de los talgua inter­actuara con la maya alcanzando un nivel de civilización equiparable a cualquier otra sociedad conocida de la zona maya.

 

A causa del peligro de los saqueos, los jóvenes exploradores fotografiaron varias de las vasijas donde las encontraron, las extrajeron de su contexto e informaron acerca del descubrimiento a Miguel Rodríguez, director del Departamento de Protección del Patrimonio Cultural del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH). Rodríguez visitó inmediatamente el lugar y aceptó las vasijas para registrarlas, estudiarlas y almacenarlas en las instalaciones del IHAH en la capital, Tegucigalpa, donde en  la actualidad se está limpiando, consolidando y restaurando la colección. Al mes siguiente, el IHAH envió su propio arqueólogo para estudiar y documentar la cámara ritual de la cueva de Talgua. Para acelerar la investigación y proteger mejor la Zona, el IHAH autorizó una investigación conjunta para finales de septiembre. Este trabajo coordinado entre el IHAH y una organización privada conocida por el nombre de Proyecto CPI-1 se encargó del registro de la cámara ritual y de cartografiar el poblado cercano de Talgua.

 

Terminamos nuestro estudio de la cueva de Talgua en menos de una semana. Pronto descubrimos que el nuevo túnel en realidad constituía un complejo de tres pasadizos, uno situado verticalmente encima del otro. Se localizaron 23 depósitos de material de esqueletos humanos, por lo menos veinte de los cuales contienen los restos de múltiples individuos. Todos parecían ser sepulturas secundarias, o sitios que contenían restos que probablemente habían sido enterrados en otro lugar durante un cierto período. Por lo menos, se les había quitado la carne y los huesos habían sido colo­cados y envueltos en pequeños bultos antes de ser llevados a la cueva. Por último, todos los huesos estaban pintados de rojo, y se había esparcido un pigmento rojo sobre la tierra debajo de los mismos. El uso del pigmento rojo, que había sido utilizado en tanta cantidad que tiñó varias secciones de la pared de la cueva, constituye un elemento singular entre los pocos osarios conocidos de Honduras. Mediante la difracción por rayos X y un microscopio electrónico de rastreo, el pigmento se identificó como un ocre rojo compuesto de ciertos óxidos de hierro que incluía hematita. (Parece que el pigmento rojo era muy importante en las culturas mesoamericanas. Los templos y hasta las pirámides estaban pintadas de rojo, y he encontrado cuevas mayas en las cuales se habían realizado ceremonias sobre una superficie de barro cubierta de ocre).

 

Encontramos huesos en dos contextos bastante diferentes, encima y debajo del nivel del agua, lo que afectó lo que podíamos aprender de ellos. Las sepulturas situadas sobre salientes y en nichos sobre el nivel del agua estaban muy deterioradas por el proceso natural del agua que gotea a través de la piedra caliza, así como por la elevada humedad, y los saqueadores habían reducido varios de los depósitos a poco más que fragmentos de huesos. Sin embargo, todas las ofrendas que hemos encontrado hasta ahora provienen de depósitos situados sobre el nivel del agua.

 

Los huesos encontrados debajo del nivel del agua habían sido colocados detrás de formaciones llamadas diques de reborde de piedra, que constituyen muros de contención naturales formados alrededor de estanques de agua estancada. La calcita disuelta en el agua se deposita a lo largo del borde de la pared estimulando la formación del dique con el paso del tiempo. Si bien los diques de reborde de piedra son característicos (le las cuevas, los diques de la cueva de Talgua tienen una profundidad de casi un metro, lo que indica que se trata de formaciones muy antiguas.

 

También encontramos que allí se había producido un fascinante  accidente geológico. La calcita disuelta  en el agua se había depositado sobre los bultos y preservado los huesos cubriéndolos con una capa blanca que los había fijado al suelo. Los cristales de calcita brillan a la luz, dando lugar al nombre de "calaveras luminosas". Estos depósitos de huesos blancos y brillantes constituyen una visión espectacular, que ha cautivado la imaginación del público, y aun de los arqueólogos experimentados. En la mayor parte de los trópicos, el hueso se deteriora rápidamente, incluso los cadáveres en las grandes tumbas. Si bien la protección de los huesos por la calcita no es un fenómeno que se limita a esta cueva, en mis quince años de trabajo no he visto ni oído hablar de ningún material esquelético preservado en tal escala. En estas zonas; el material original está, por así decirlo, fijado en la piedra: el registro arqueológico se encuentra completamente preservado. Un contexto de este tipo nos permite reconstruir las prácticas originales de entierro y compararlas con otros osarios conocidos.

En 1889, el pionero estadounidense George Gordon dio a conocer la existencia de una pequeña cueva con cientos de sepulturas situada a unos pocos kilómetros al norte de Copán. Por desgracia, el osario nunca fue excavado cuidadosamente, y quedan muchas preguntas sin respuesta acerca de la índole de estas sepulturas. Un segundo conocido osario, las cuevas del Cuyamel, situadas al norte de Honduras, fue descubierto en los años setenta por Paul Healy de la Universidad de Trent en Ontario. Sin embargo, Healy carecía del equipo necesario para realizar una excavación de la cueva y no pudo hacer más que crear una colección de cerámicas y registrar la presencia de las sepulturas.

Los arqueólogos que trabajaban en Copán en los años 80 pensaron que las vasijas de cerámica recuperadas del osario representan ofrendas comunitarias hechas para los antepasados en general, en vez de ofrendas a determinados individuos. Su conclusión se basaba en las vasijas que encontraron encima de una masa de huesos sin una clara relación con un entierro específico. Supusieron que la sociedad antigua no era altamente estratificada porque existía poca diferencia entre los niveles de riqueza individual, y que, dado que el contexto en Copán es similar a las sepulturas múltiples de Talgua que fueron depositadas encima del nivel de agua, podríamos , argumentar fácilmente la misma interpretación.

Sin embargo, los análisis realizados durante este año han conducido a diferentes conclusiones. En uno de los depósitos, una depresión natural de aproximadamente un metro de diámetro y 950 milímetros de profundidad había, sido cubierta hasta el tope, a juzgar por los huesos colocados a lo largo del borde de la depresión. En un caso, un fémur que se había mantenido balanceándose sobre el borde, ahora está firmemente adherido en esa precaria posición. Siglos de deterioro han reducido al hueso en la depresión a una capa de pasta de tres o cuatro pulgadas de profundidad; y los recientes saqueos han fragmentado lo que queda del hueso. Se encontraron cuatro vasijas encima de la masa de huesos deteriorados. Dos de estas vasijas son grandes jarrones (le mármol cuya fabricación debe haber representado un enorme trabajo, ya que en esa época no se conocían las herramientas de hierro. Se había perforado deliberadamente un agujero debajo de una de las vasijas de mármol, “asesinándola" ceremonialmente, una costumbre generalizada en las ofrendas funerarias. El extenso deterioro lleva a especulaciones sobre si las vasijas representan o no ofrendas particulares.

Las tres sepulturas individuales proporcionan un contexto menos ambiguo y nos convencieron de que las ofrendas encontradas en dos de las sepulturas estaban relacionadas específicamente con determinados individuos. Una de las sepulturas consiste en una pila de huesos cuidadosamente arreglada que han sido adheridos a un pequeño nicho con una calavera, que ahora está deteriorada, colocada encima. Una pequeña vasija de cerámica se halla a unas cuantas pulgadas sobre otro espacio nivelado. La última sepultura se encuentra en un nicho situado a unos tres metros de altura sobre el nivel del suelo. Una vez más, los huesos fueron colocados en una pula paralela y fueron pintados de rojo. Aunque la calavera había desaparecido, descubrimos dientes sobre la superficie, lo que indicaba que había sido colocada encima de los huesos. Con éstos se encontró una vasija de cerámica rota. También se recuperaron dos pedazos  rotos de jade labrado y lustrado en la superficie. Los dos pedazos eran de color muy diferente y obviamente no formaban parte del mismo orna­mento. Como eran tan frágiles, no intentamos mover los huesos para buscar otras ofrendas. Incluso en esta pequeña muestra, las ofrendas incluidas con los muertos variaban, lo cual puede ser una indicación de que en la sociedad ya habían comenzado a desarrollarse diferencias de riqueza.

Creemos que las ofrendas en las sepulturas múltiples tienen conexión con determinados individuos. Si bien es posible que en ciertos depósitos se colocaran varios cadáveres al mismo tiempo, también es probable que la mayoría de los depósitos múltiples se formaran como resultado de repeti­dos entierros en el mismo lugar a través del tiempo. Si esto es así, el tratamiento dado a las sepulturas simples proporciona un buen modelo de lo que ocurrió en el contexto múltiple. Por lo tanto, parece probable que las vasijas encontradas en las sepulturas múltiples las llevaran a las cuevas al enterrar a determinados individuos, y que éstas estén relacionadas con esos huesos. Lamentablemente, al deteriorarse los huesos en una masa informe de fragmentos, se perdió la asociación entre los individuos y sus ofrendas específicas. Sin embargo, en el caso de los depósitos situados debajo del nivel del agua, podría establecerse una conexión entre las ofrendas y los individuos en las sepulturas múltiples, ya que, si se realizaron ofrendas, éstas siguen adheridas exactamente donde fueron colocadas. Pero hasta que se encuentre una forma de quitar la calcita sin destruir el hueso, la pregunta debe quedar sin respuesta.

Cerca de la cueva del río Talgua se encuentra un poblado, situado a lo largo de una antigua terraza sobre la ribera occidental del río, a menos de un kilómetro agua abajo de la entrada de la cueva. El pasado mes de mayo, un examen preliminar de la estratigrafía del lugar indicó que el poblado había tenido un solo asentamiento o componente. Las cerámicas recogidas parecían similares a las del osario. Basándonos en estos des­cubrimientos, concluimos inicialmente que este poblado floreció alrededor de los años 300 a. de C. y 500 d. de C., y era similar a centenares de pequeños poblados contemporáneos de Honduras. Pero como se sabe tan poco sobre la arqueología de la región, no existe una cronología de cerámica establecida; por lo tanto estas fechas no eran confiables. Durante gran parte de su prehistoria, la zona nordeste de Honduras se desarrolló independientemente del resto de la región, y por lo tanto las cerámicas provenientes de otras regiones no pudieron utilizarse para determinar la edad de las veinte vasijas de la cueva.

Sin embargo, nos sorprendió dió que al someter a prueba a dos sepulturas individuales de la cueva utilizando el método del carbono 14, encontráramos que la prime­ra databa del año 800 A.C. y la segunda de 980 A.C., lo cual, en ese entonces, era la fecha más temprana obtenida en Honduras. Estas fechas cambiaron fundamentalmente nuestro punto de vista acerca del poblado de  Talgua. En vez de ser un poblado tardío, nos dimos cuenta inmediatamente de que el poblado databa del período en que comenzaba a desarrollarse una sociedad compleja y ello nos proporcionó un importante dato sobre el desarrollo de la civilización centroamericana.

Pero la determinación de una identidad para estos habitantes se ve complicada por el hecho de que en el siglo XVII la zona del río Talgua se encontraba en el límite de varios grupos étnicos. En 1674, un misionero español, el padre Fernando Espino, indicó que existían doscientas naciones e idiomas diferentes en el valle de Olancho. Si bien el padre Espino puede haber incluido mucho más territorio en su definición del valle de Olancho, resulta claro que ésta era una zona de considerable diversidad. El valle de Olancho se encuentra hacia el este de los mayas, de manera que podemos decir por lo menos con cierta certeza que sus habitantes no eran mayas. Podrían ser los lenca, un grupo generalmente considerado como mesoamericano, y los paya, cuyo idioma está relacionado con la familia lingüística chibcha de América del Sur. Sin embargo, hasta que no se realicen mayores investigaciones, será imposible trazar las fronteras entre los grupos y determinar la identidad de las personas enterradas en la cueva.

Por lo menos el poblado de Talgua representa una población bien organizada y densamente poblada que por sus patrones arquitectónicos, está asociada con Mesoamérica. De acuerdo con los descubrimientos realizados en la cueva, las diferencias en tamaño y complejidad de la arquitectura también sugieren un cierto grado de estratificación social. La presencia de objetos de prestigio como            las vasijas de jade y de mármol, indica que, hasta en comunidades relativamente pequeñas, las diferencias de riqueza y de posición social se estaban o ya se habían desarrollado. Además, ésta no era una zona aislada. Encontramos grandes cantidades de obsidiana, un vidrio volcánico importado de las zonas montañosas, así como jade, que parece provenir de la zona maya de Guatemala. Resulta evidente entonces que la zona de Talgua estaba vinculada a una extensa red comercial que proporcionaba obsidiana no sólo para herramientas sino también para objetos de lujo.

A causa de los vínculos con Mesoamérica, fue sorprendente que el análisis preliminar de los porcentajes de isótopos de carbono estable en la proteína del hueso demostraron que dos de los individuos de la cueva no subsistían a base de maíz. Desde que el surgimiento de la civilización mesoamericana se vincula por lo general con la utilización del maíz, las futuras investigaciones se concentrarán en la naturaleza de la base de subsistencia de la gran población de la aldea. Sospechamos que cultivaban mandioca, una raíz utilizada en el sur de América Central y en las zonas tropicales de América del Sur. La combinación de los patrones culturales mesoamericanos con un patrón de subsistencia del sur de América Central es exactamente lo que se esperaría en una zona que se encuentra a lo largo de la frontera meridional de Mesoamérica.

Cuando se realizó el relevamiento cartográfico del poblado el otoño pasado, se encontraron más de cien estructuras en una zona de por lo menos un tercio de milla. En vez de tratarse de un pequeño pueblo, nos encontramos con el poblado más grande conocido de este temprano período de todo el país. Aunque no se haya expuesto ninguna estructura arquitectónica a través de sistemáticas excavaciones, la forma, el tamaño, el número y la distribución de, las huellas arquitectónicas se asemejan a los patrones de otras partes del sudeste de Mesoamérica. Las estructuras más grandes son plataformas rectangulares de tres a cinco metros de altura y de casi 30 metros de largo. Estas estructuras están colocadas alrededor de plazas rectangulares identificables, corno muchas de las más recientes ruinas Mesoamericanas. Sin embargo, la vasta mayoría de los restos arquitectónicos tiene menos de un metro de altura y de seis a ocho metros de ancho a lo largo de un costado. Pero aún aquí surgen interesantes patrones. Por lo menos en dos casos, estas estructuras menores, más pequeñas y más numerosas, parecen estar agrupadas, formando grupos de montículos claramente distinguibles de otros grupos. No puede aseverarse su significado, pero es posible que estos agrupamientos representen grupos afiliados a parentescos o linajes residenciales.

¿Entonces quienes son los individuos de la cueva, y qué los distinguió de las personas enterradas en el poblado cercano? Las pruebas indican que la cueva de Talgua es una sepultura de linaje. En las zonas montañosas mayas situadas al noroeste, los grupos de parentesco como los linajes se asocian con una determinada cueva, que se cree era el lugar de residencia de los antepasados del linaje que controlan las fuerzas naturales como la lluvia y la fertilidad de los cultivos. El entierro en cuevas constituía un honor conferido a los individuos, lo que significaba que se convertirían en venerados antepasados.

Si bien los interrogantes acerca del osario de la cueva son muy específicos, la mayor parte del trabajo llevado a cabo durante este verano tiene por objeto recopilar los datos más básicos. Después de haber encontrado esta nueva y poco conocida civilización debemos comenzar a preguntarnos: ¿Cuán grande era? ¿Qué territorio abarcaba? ¿Cuántos otros sitios pertenecen a estos pueblos? ¿Cuándo florecieron, cuándo desaparecieron, por qué? El poblado y la cueva que ya hemos visto ciertamente no constituyen los únicos lugares, y no hay razón para creer que eran los más importantes de la zona. Aunque la cueva sea espectacular, el hallazgo sólo representa el comienzo de una investigación que durará muchos años más.

Fuentes:

 

Secretos Escondidos, Hallazgos Luminosos, James Brady, George Hasseman & Jhon Fogarty,publicado en la Revista Américas, Julio/Agosto 1995 con permiso de la revista Archaeology y traducido al español.

 

Harvest of the Bones, James Brady, George Hasseman & Jhon Fogarty, Archaeolgy Magazine, Volume 48, Number 3, May/June 1995.

Fotografías (con excepción de las que tienen crédito incorporado):

http://www.calstatela.edu/academic/anthro/harvest.htm

http://www.calstatela.edu/academic/anthro/Talgua_pre.htm James E. Brady, Christopher Begley, John Fogarty, Donald J. Stierman, Barbara Luke and Ann Scott

http://www.calstatela.edu/academic/anthro/talgua.htm Dr. James Brady

http://web.utk.edu/~herrmann/Riotag.htm, Nicolas Herrman,

 

 

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