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Marcala y sus tesoros escondidos

Por: Mario Cerna ( Mario.CernaSPAMFILTER@elheraldo.hn)


 

Investigaciones. En esta cueva se han encontrado vestigios de seres humanos que vivieron unos diez mil años antes de cristo. Se halló arte rupestre.

Investigaciones. En esta cueva se han encontrado vestigios de seres humanos que vivieron unos diez mil años antes de cristo. Se halló arte rupestre.

Solo 145 kilómetros separan a Tegucigalpa de uno de los tantos paraísos escondidos que posee Honduras. A esa distancia se encuentra Marcala. Nada se puede usar como excusa para no adentrarse en los misterios que aguarda esta región del país.

Es una zona turística poco explotada y poco promocionada. Las caídas de agua natural y las cuevas que hace miles de años albergaron a aborígenes de esta región nos hacen reflexionar que no hay perdón para ese descuido. Es imperdonable no exhibir este monumento a la naturaleza.

Marcala alberga al menos tres sitios donde la madre naturaleza ha sido generosa. Aquí se ha inspirado el mismo creador del universo.

En la Estanzuela, a siete kilómetros del centro de Marcala, es donde se encuentra la mayor atracción. Aquí el aire incluso falta, no por la caminata que se debe hacer para llegar, sino por el paisaje que da la bienvenida. La primera estación obligada en la ruta es una caída natural de agua de unos 20 metros de altura. El invierno ha hecho que el agua se torne turbia, pero en verano su color se vuelve verde esmeralda, asegura el guía. No es para dudarlo, es de las pocas afluencias de agua que libres de contaminación en el país. La aventura continúa en territorios altiplanos para llegar a una de las cuevas más impresionantes, quizá única en el país, la Cueva del Gigante. Está a unos 500 metros de la cascada.

La brisa del día anterior y los nacimientos de agua de la zona son cómplices para generar cierta dificultad para llegar a esa cueva. Caminar por los senderos en este sitio de aventura, de contacto con la naturaleza, solo evoca imágenes hollywoodenses donde el protagonista aspira a encontrar el tesoro perdido en medio de la jungla. Chapalear agua en la verde grama o en el barro es hacer un viaje al pasado, es recordar las potras de niños, es recordar el escape para bañar bajo la lluvia, es recordar, quizá, la época más feliz de la vida. El lodo en los jeans y en los tennis no importa, mucho menos el sudor en la frente ni la falta de oxígeno que la caminata provoca. La brisa de la cascada se siente. Esa es la naturaleza, ese es el atractivo que Honduras ofrecen a los turistas.

Proyecto turístico

En esta riqueza natural han puesto su fe unos 80 mil habitantes de siete municipios de La Paz, donde se desarrolla un proyecto turístico, en conjunto con El Salvador, para impulsar ese rubro. El programa se llama Ruta de Paz Lenca. Los municipios hondureños involucrados en este proyecto que impulsa el programa binacional de la Unión Europea son: Marcala, Yarula, Santa Ana, Santa elena, Nahuaterique, Opatoro y Cabañas. Todos tienen su atractivo y peculiaridad. La ventaja de esta ruta es que los municipios están a pocos minutos de distancia.

Incluso los municipios del lado de El Salvador, incluidos en este programa, están relativamente cerca, a menos de dos horas en vehículo. Estos lugares al otro lado de la frontera son: Perquín, Arambala, Jocoaitique, San Fernando, El Rosario, Torola y Meqanguera.

Para la gente de estas 14 comunidades, marcadas por el abandono (en el lado de Honduras) y por la guerra civil (en El salvador), las fronteras son lo de menos. Pesa más el interés común, la hermandad e incluso los lazos sanguíneos históricos que ellos particularmente han compartido.

Estos pueblos no solo comparten raíces lencas y de una u otra forma la historia, sino también una belleza y riqueza natural poco explotada o promocionada.

Esto es lo que pretende cambiar la Ruta de Paz Lenca. No es para menos. Es casi un pecado no exponer estas bellezas, unas 20 entre catrachas y salvadoreñas, al mundo.

¿Por qué es un paraíso?

El proyecto incluye esfuerzos por lograr que la comunidad se involucre en la prestación de servicios. Es así que en la cascada de la Estanzuela y en la Cueva del Gigante hay cabañas de alquiler a escasos metros. Los precios de renta son accesibles y dependen de la cantidad de huéspedes.

El platillo del día es la sopa de gallina india y vale 50 lempiras.

Si quiere pasar una noche al estilo camping, los pobladores le proporcionan leña para fogata y otras herramientas necesarias a bajo costo. Definitivamente, este es el paraíso escondido de Marcala.

Fuente:  http://www.elheraldo.hn/ez/index.php/plain_site_user/ediciones/2008/07/13/marcala_y_sus_tesoros_escondidos

 

 

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