Solo 145 kilómetros
separan a Tegucigalpa de uno de los tantos paraísos
escondidos que posee Honduras. A esa distancia se encuentra
Marcala. Nada se puede usar como excusa para no adentrarse
en los misterios que aguarda esta región del país.
Es una zona turística
poco explotada y poco promocionada. Las caídas de agua
natural y las cuevas que hace miles de años albergaron a
aborígenes de esta región nos hacen reflexionar que no hay
perdón para ese descuido. Es imperdonable no exhibir este
monumento a la naturaleza.
Marcala alberga al
menos tres sitios donde la madre naturaleza ha sido
generosa. Aquí se ha inspirado el mismo creador del
universo.
En la Estanzuela, a
siete kilómetros del centro de Marcala, es donde se
encuentra la mayor atracción. Aquí el aire incluso falta, no
por la caminata que se debe hacer para llegar, sino por el
paisaje que da la bienvenida. La primera estación obligada
en la ruta es una caída natural de agua de unos 20 metros de
altura. El invierno ha hecho que el agua se torne turbia,
pero en verano su color se vuelve verde esmeralda, asegura
el guía. No es para dudarlo, es de las pocas afluencias de
agua que libres de contaminación en el país. La aventura
continúa en territorios altiplanos para llegar a una de las
cuevas más impresionantes, quizá única en el país, la Cueva
del Gigante. Está a unos 500 metros de la cascada.
La
brisa del día anterior y los nacimientos de agua de la zona
son cómplices para generar cierta dificultad para llegar a
esa cueva. Caminar por los senderos en este sitio de
aventura, de contacto con la naturaleza, solo evoca imágenes
hollywoodenses donde el protagonista aspira a encontrar el
tesoro perdido en medio de la jungla. Chapalear agua en la
verde grama o en el barro es hacer un viaje al pasado, es
recordar las potras de niños, es recordar el escape para
bañar bajo la lluvia, es recordar, quizá, la época más feliz
de la vida. El lodo en los jeans y en los tennis no importa,
mucho menos el sudor en la frente ni la falta de oxígeno que
la caminata provoca. La brisa de la cascada se siente. Esa
es la naturaleza, ese es el atractivo que Honduras ofrecen a
los turistas.
Proyecto turístico
En esta riqueza
natural han puesto su fe unos 80 mil habitantes de siete
municipios de La Paz, donde se desarrolla un proyecto
turístico, en conjunto con El Salvador, para impulsar ese
rubro. El programa se llama Ruta de Paz Lenca. Los
municipios hondureños involucrados en este proyecto que
impulsa el programa binacional de la Unión Europea son:
Marcala, Yarula, Santa Ana, Santa elena, Nahuaterique,
Opatoro y Cabañas. Todos tienen su atractivo y peculiaridad.
La ventaja de esta ruta es que los municipios están a pocos
minutos de distancia.
Incluso los municipios
del lado de El Salvador, incluidos en este programa, están
relativamente cerca, a menos de dos horas en vehículo. Estos
lugares al otro lado de la frontera son: Perquín, Arambala,
Jocoaitique, San Fernando, El Rosario, Torola y Meqanguera.
Para la gente de estas
14 comunidades, marcadas por el abandono (en el lado de
Honduras) y por la guerra civil (en El salvador), las
fronteras son lo de menos. Pesa más el interés común, la
hermandad e incluso los lazos sanguíneos históricos que
ellos particularmente han compartido.
Estos pueblos no solo
comparten raíces lencas y de una u otra forma la historia,
sino también una belleza y riqueza natural poco explotada o
promocionada.
Esto es lo que
pretende cambiar la Ruta de Paz Lenca. No es para menos. Es
casi un pecado no exponer estas bellezas, unas 20 entre
catrachas y salvadoreñas, al mundo.
¿Por qué es un
paraíso?
El proyecto incluye
esfuerzos por lograr que la comunidad se involucre en la
prestación de servicios. Es así que en la cascada de la
Estanzuela y en la Cueva del Gigante hay cabañas de alquiler
a escasos metros. Los precios de renta son accesibles y
dependen de la cantidad de huéspedes.
El platillo del día es
la sopa de gallina india y vale 50 lempiras.
Si quiere pasar una
noche al estilo camping, los pobladores le proporcionan leña
para fogata y otras herramientas necesarias a bajo costo.
Definitivamente, este es el paraíso escondido de Marcala.
Fuente: http://www.elheraldo.hn/ez/index.php/plain_site_user/ediciones/2008/07/13/marcala_y_sus_tesoros_escondidos