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Una aproximación geográfico-histórica
Por Rolando Zelaya y
Ferrera
Tegucigalpa, capital de la república, no posee las características
propias de una ciudad urbanizada; ni siquiera sigue los patrones de las
fundaciones españolas tan comunes en Honduras durante todo el siglo XVI
y ello por una sencilla razón: Tegucigalpa no fue fundada, sino que fue
producto del poblamiento postrero de una zona en la que, por una parte,
se descubrieron vetas de plata cercanas a los principales ríos y a la
terminación del macizo rocoso de la cordillera de Lepaterique en lo que
hoy conocemos como El Picacho, Santa Lucia y La Tigra ( La Montañita );
por otra el excelente clima y abundantes mesetas llamaron la atención de
aquellos que en Comayagua no habían tenido las oportunidades económicas
de avanzar hacia ciertos estratos sociales por lo que, la compra o
asignación de tierras en la surgiente Villa de San Miguel, la volvía muy
atractiva para el inicio de una nueva vida; inclusive en forma
posterior, se descubre la vocación ganadera del lugar en una modesta
medida. Es por ello que Tegucigalpa surge a la vida con el desorden de
una ciudad minera incrementado por el surgimiento de parcelas de
cultivos. Ante tales hechos, el capitalino debe despertar a la realidad
de que se encuentra en una ciudad cuya parte central posee un carácter
histórico tan digno como el de las viejas ciudades europeas. Para
entender mejor este proceso es necesario conocer el lugar desde sus
inicios.
La ciudad de Tegucigalpa está asentada en la zona central de Honduras,
en una porción del país caracterizada por la
existencia de varias mesetas pequeñas formando un grupo casi único en
el relieve nacional. En
cuanto al sitio se refiere, el surgimiento de esta parte del territorio
se dice que está conformado por basamentos de piedra relativamente joven
del cuaternario superior que se caracterizan por estratos superpuestos
de piedra caliza coloreada en rojo y verde, que cubren las capas de
yacimientos metalúrgicos en arenas subestratales.
Reyes Mazzoni al explicar el proceso formativo
de la zona central dice que
en el paleozoico se había producido tierra firme sobre mantos rocosos
rojos que se prolongaban de este a
oeste, una sedimentación del tipo Valle de Angeles continuó durante el
ciclo mexicano en varias partes de Honduras, sin embargo, los mantos
rojos fueron interrumpidos por rocas exclusivamente terciarias y las más
jóvenes contienen tobas y escombros volcánicos redepositados.
La existencia de vertientes de agua muy próximas unas de otras junto
con un clima balanceado por la foresta circundante, provocaba la
facilidad de vida basada en cultivos modestos. Las fuentes de agua más
abundantes, se centraban en el río Grande o Choluteca, el río Chiquito,
el Jacaleapa y el río Guacerique alimentados por quebradas o vertientes
como la de El Sapo, La Orejona y otras. De hecho en Tegucigalpa, la
unión de los ríos forma parte del Rio Choluteca (),
en aquel entonces con un caudal respetable suficiente para permitir la
navegación de pequeñas pangas.
De hecho, la existencia del río también provocó una sedimentación en
las áreas aledañas a los montes, generando pequeños valles sedimentarios
en ambas márgenes del río, la acumulación de arena y otros residuos en
la confluencia con el río Chiquito creó una isla artificial de regular
tamaño, en la que el río se partía en dos brazos, uno a cada lado de la
misma; de tanta significación fue este islote, que desde la época
colonial el lugar se conoce con el nombre de La Isla, aunque en épocas
recientes, su forma difiera tanto de la que originalmente tuvo. Frente a
este islote, el Rio también formó una gran planeada que será de gran
importancia en épocas posteriores; lo cierto es que para finales del
siglo XIV pequeños poblados indígenas se encontraban viviendo en el
lugar. Se presupone que estos pobladores fueron producto de la
trashumancia, ya que Tegucigalpa era una ruta alterna hacia el valle de
Comayagua para los pobladores de Texiguat y zonas aledañas, así como
para los que venían de Comayagua hacia el Valle de Olancho.
De hecho, en la mayoría de los documentos del siglo XVI se habla de
Tegucigalpa al referirse al poblado de aborígenes.
Estos primeros pobladores, fueron indígenas de diferentes etnias
aunque con un fuerte predominio de raza lenca, fuerte al momento del
contacto, aunque no podemos dejar por aparte la aculturación que en
épocas posteriores recibirían de otros grupos indígenas como ser
xicaques, payas y chorotegas ().
Estos primitivos habitantes dependían en su economía de los indígenas
del Valle de Comayagua. Los
habitantes del área de Tegucigalpa no eran más que grupos humanos con
culturas marginales que nunca tuvieron un centro urbano.
De hecho se encontraban dispersos, unos en lo que hoy se conoce
como el Barrio Abajo, otros en el área del actual mercado San Isidro en
Comayagüela y otros en las faldas del cerro El Picacho.
Sin embargo, estudios recientes han revelado que, quizás antes del
contacto con los españoles, las zonas circundantes que se encontraban el
la parte alta de las pequeñas mesetas del lugar, si crearon culturas
incipientes que dejaron montículos y otras estructuras de menor
importancia, como las encontradas cerca de la actual Colonia Kennedy y
El Tablón. El hecho de encontrarse en las partes altas de las mesetas
aunado al tipo de estructuras encontradas, hacen suponer que podrían
tratarse de pequeños fuertes defensivos o resguardos para el trafico
humano hacia los distintos lugares del país, aunque la falta de un
proyecto arqueológico para Tegucigalpa, nos impide comprobar la
veracidad de tal hipótesis. De hecho, mucho de lo que pudo haberse
rescatado se ha perdido con el crecimiento urbano, lo que hará mas
difícil la labor antes mencionada si
llega a hacerse.
El dato histórico más antiguo es el
documento redactado por Don Pedro de Alvarado al hacer el repartimiento
de la Villa de San Pedro de Puerto Caballos en 1536, donde aparece el
nombre de Tegucigalpa; aunque el primer documento más fiable sobre su
existencia es una carta informe de Alonso de Cáceres en donde refiere
los hechos que lo llevan a conocer el valle de Olancho y funda la Villa
de San Jorge de Olancho. Don Alonso de Cáceres informa al Adelantado de
Yucatán Francisco de Montejo
"que tanto
cuando iba como cuando venía de fundar la dicha Villa pasó por un pueblo
de indios que llaman Tegucigalpa y que está en un cruce de caminos que
conectan el centro con el oriente". Esta carta informe está fechada
en el Año de nuestro Señor de 1546, aunque a juicio del historiador
Mario Felipe Martínez es curioso que dicha población no se mencione en
otros documentos de la época, en especial los testamentos de varios
españoles ya afincados en el territorio. En 1580 el gobernador de Las
Honduras, Don Alonso Contreras de Guevara informa al Rey desde Guatemala
que "el 16 de Abril de 1580 comunico a S.M. que unos yndios del
pueblo de Tegucigalpa le llevaron al Justicia Mayor de Valladolid de
Comayagua Don José de Santiaponce un buen mineral que al fundirlo se vió
que era plata de buena lei".
Por ser una ruta alterna de tráfico comercial y migratorio, es factible
que entre 1540 y 1560, habitantes de Comayagua hayan emigrado a la zona
y posteriormente encontrado vetas de plata en las montañas, en especial
las de Santa Lucía y que desde esa fecha se haya iniciado una incipiente
extracción minera y por ende, un pequeño pero significativo flujo
migratorio hacia la zona. Prueba de ello podría ser los siguientes
hechos: “Hernando Bermejo, Teniente Gobernador y Visitador en las
Provincias de Higueras y Honduras, por el ille. señor Licenciado Alonso
Ortiz de Elgueta, Gobernador por Su Majestad de ellas, recibió una solicitud
de Lope de Cáceres,
vecino de la ciudad de Valladolid del Valle de Comayagua, en que éste
manifestaba tener una necesidad de poner una estancia de yeguas en la
Sacualpa Vieja del pueblo de Tapale. Serían ocho leguas del dicho pueblo
y quería tener allí unos garañones para su granjería y para ayuda a su
sustento. Pidió, pues, que se le hiciera merced del dicho sitio y
tierras. Bermejo hizo comparecer a los indios, les hizo entender la
solicitud por un intérprete y ellos dijeron que no tenían necesidad de
dicha tierra ni les causarían perjuicio las yeguas y hasta podía el
solicitante poner vacas, aunque éstas corrían mucha tierra. Atento a
esto, Bermejo, en nombre de Su Majestad, hizo merced a
Lope de Cáceres, en Agalteca, a 15 de Abril de 1567, de dicha
tierra y sitio, para que allí pudiera tener la estancia de yeguas y
garañones, a condición de tenerla poblada en dos años de la fecha y en
los siguientes años, porque, no haciéndolo y cumpliendo así, no habría
merced y se podría otorgar la tierra a otra persona. Cáceres podía
vender y enajenar el sitio, como no fuera a iglesia o monasterio ni
hospital ni cofradía ni a persona poderosa, salvo que fuera llana y
abandonada; se le hizo la merced sin perjuicio del tercero.
El primero de Agosto de 1576, Alonso de Cáceres, fundador de Valladolid
de Comayagua, Alcalde Mayor mandado por
el Licenciado Alonzo Ortiz de Elgueta, Teniente General de
la Provincia de Higueras y Honduras por el ille. señor don Diego de
Herrera, Gobernador y
Justicia Mayor de ella por Su Majestad, fue a la parte y lugar que le
señaló Gregorio Muñoz, para poner a éste en posesión del sitio que había
pedido, en señal de la cuál se paseó por el dicho sitio, y cortó unas
ramas, y arrancó, etc.... En el Valle de Agalteca, en la Ciuadad de
Valladolid en 16 de Septiembre de 1579, ante el Teniente Alonso de
Cáceres por Su Majestad, en estas provincias y ante Andrés de Rodas,
escribano nombrado, se presentó una petición de Gregorio Muñoz, en que
solicita éste cuatro caballerías en el Valle de Siria, riberas de un
Rio grande, para sembrar maíz. Estas caballerías, que no estaban
sembradas y eran tierras yermas, se medirían desde donde los indios
solían sembrar junto al paso viejo del Rio hasta el lugar de dicho Rio
por donde se pasaba a la vega en que estaba el hato de Muñoz. Se mediría
para arriba y para abajo. En estos idas el lugar aparece como cabecera
del partido de Agalteca y nada se habla de Tegucigalpa.”()
Mario Felipe Martínez en su escrito “Apuntamientos para una historia de
Tegucigalpa y su Alcaldía
Mayor”, hace referencia a un
documento en donde se hace saber al rey que "hará cosa de 12 a 15 años
se descubrieron unas minas de plata que llaman de Tegucigalpa y que al
presente están en escasa producción"(),
la fecha que el autor propone al hacer la retrospección a la fecha del
documento, es el año 1574 o 1577. La primera constancia histórica oficial de la existencia de Tegucigalpa como
poblado reconocido, data del año 1578 cuando la Audiencia nombra como
alcalde mayor a Don Juan de
la
Cueva. sin embargo, Carlos Molina Arguello, afirma que a 30 de Marzo
de 1580, desde Guatemala, el Gobernador de Honduras Alonso de Contreras
Guevara daba cuenta a Su Majestad del descubrimiento de las minas que ya
para entonces llamaban Tegucigalpa. La primera noticia
del descubrimiento que había dado un indio a un vecino de la ciudad
de Comayagua llamado Gaspar de Santiaponce, la remontaba él a quince
meses atrás, es decir, a fines de diciembre de 1578. Aunque lo más
probable es que el hecho no ocurriera a fines
sino exactamente el día 13 de dicho mes, en que se celebra
la fiesta de Santa Lucia, nombre con el que precisamente se bautizó
esta mina desde la primera carta de su descubridor Gaspar de Santiaponce.
En aquella carta refería el gobernador el entusiasmo inicial con que se
acudió al descubrimiento y del poco caso que luego se hizo de él. A
párrafo seguido, el gobernador añade la noticia del gran descubrimiento
efectuado en el mismo sitio por los vecinos de Comayagua Juan Moreno y
Pedro de Torres ocurrido hace seis meses. Esto debió ser a inicios de
Octubre
de 1579 puesto que el gobernador no se hizo presente en el paraje
del definitivo descubrimiento sino días después, el 15 de ese mes, como
lo decía expresamente(). Pero el presidente
Gobernador de Guatemala, el licenciado García de Valverde, se apresuro a
proveer una autoridad propia, por lo que a 22 de Junio de 1579 expidió
el titulo de Alcalde Mayor de las minas de Honduras que allí se
declaraban a favor de Juan de la Cueva y con jurisdicción en los pueblos
de Indios que allí se nombraban. Comenzó este servicio a 17 de agosto,
quedando erigida la Alcaldia Mayor que solamente dejaría de existir
entre 1788 y 1812 bajo el régimen de la Intendencia de Comayagua.
La ausencia de núcleos urbanos indígenas que pudieran ser ocupados como
mano de obra que auxiliase a los mineros está demostrada en una
autorización del rey Felipe II, dada en
Madrid el 14 de Noviembre de 1584, en donde autoriza que los indios
que viven dispersos sean sometidos a reducciones y agrupados en
Comayagüela, Río Hondo y que serían abastecedores de mano de obra
asalariada para el servicio de las casas o para el trabajo de superficie
de las minas.
Las primeras casas fueron producto de la necesidad o
intereses particulares de los propietarios de las mismas, unos
buscando la cercanía a las bocaminas o a la facilidad de tránsito a pie,
quizás por ello las primeras construcciones se inician en la zona
conocida hoy como La Leona en la parte alta de la ciudad, y otras en la
parte baja cercana al río.
Ciertos lugares comienzan a ser identificados, como el abrevadero
general para la población y que se le llamó La Fuente, la reducción de
indios de Comayagüela, la calle que llevaba
al río Chiquito que se le llamó la Cuesta del Río y la población, que se
asentó en la parte baja
aledaña a este río y que se llamó La Joya.
Entre 1574 y 1586 la orden franciscana funda el convento de San
Francisco, y hacia 1654 los mercedarios han finalizado la construcción
del convento de La Merced cuya parte posterior fue denominada Barrio El
Olvido, muy cerca de la Cuesta del Río y muy cerca del escandaloso
Barrio La Joya donde los jaraneros y trasnochadores alborotaban con sus
vihuelas y panderos sin dejar dormir a ningún vecino cercano (.
Como podemos observar, las políticas para el establecimiento de una
propiedad en Tegucigalpa, eran en este momento el estar cerca de la
fuente de agua: el Río Chiquito y el Río Grande como se les llamaba en
aquel entonces; el único barrio que no se encontraba a orillas de ellos
era el de La Fuente por el hecho que apuntamos antes, más bien éste
último daba servicio de agua a La Leona y las partes más altas de la
ciudad.
Los conventos, que por políticas coloniales de urbanización se
construían en los extremos de la ciudad, nos dan la idea de que el
poblado no era muy grande en aquel entonces. Otro patrón de asentamiento lo fue el estar cerca de la
fuente de trabajo, es decir las minas, esto ya lo habíamos apuntado
anteriormente, pero hacemos mención de nuevo a fin de reforzar el hecho
de que fueron las partes medias altas de La Leona y El Bosque las más
antiguamente pobladas, a pesar de que no había una fuente de agua como
en las partes bajas. Otro
hecho digno de apuntar, es que un antiguo poblado indígena es relegado a
un lugar especial en donde después encontrarían cabida otros
desheredados de la sociedad colonial como ser mestizos y mulatos; nos
referimos al Barrio Abajo, originalmente poblado indígena y por ello
denominado Pueblo Abajo que se convirtió después en una especie de
reducción no legal de poca importancia, pero que por cuestiones de
castas es ubicado dentro de la incipiente urbanización local como un
barrio de baja categoría.
Sin embargo, los curas fundan una iglesia y bautizan la parte más
cercana a la ciudad con el nombre de San Sebastían y por ende esta parte
del barrio toma ese nombre también; de allí que encontramos que
posteriormente se haga mención del Barrio San Sebastián y del Barrio
Abajo. Si los ubicáramos en
la actualidad, el Barrio de San Sebastián y su iglesia quizá lo
conformaron lo que en la actualidad es el lugar donde está el Correo
Nacional y el Palacio de los ministerios, en cambio el barrio abajo
sería lo que es la Plaza Henry Merriam la Iglesia los Dolores y la toda
la cuadra donde vive la familia Reina ldiáquez.
Mario Felipe Martínez es de la opinión que el barrio de San
Sebastián era desde la calle que pasa frente al Museo La República,
Larach y Compañía, Cantero y el cine Variedades hasta lo que es hoy el
Teatro Nacional y basa su creencia en una serie de testamentos que son
los que han servido para hacer algunas reconstrucciones de cuál habrá
sido posiblemente la configuración de Tegucigalpa. Como hemos podido observar, Tegucigalpa no tuvo una fundación
formal como las demás ciudades hondureñas, en realidad fue producto del
azar; pareciera que esto puede verse en forma tangible por el
ordenamiento de sus calles, tan desordenado como la ciudad misma.
El actual Barrio Abajo es de construcción muy reciente ya que en un
daguerrotipo de finales de siglo pasado puede verse que la ciudad
llegaba únicamente hasta una cuadra abajo de la iglesia Los Dolores y la
mayoría de los títulos de propiedad en relación a ese lugar son de este
siglo ().
Lo único que si se fue estableciendo poco a poco fue el cementerio
de Tegucigalpa ubicado en toda la cuadra donde funciona ahora el
Instituto Moderno; esto nos da una idea de cuán retirado se suponía que
estaba este predio de la ciudad.
Al crearse Y confirmarse el Real de Minas de Tegucigalpa, ya en el
siglo XVII se hizo necesario que las autoridades de este centro
administrativo de la alcaldía mayor se preocupara por el ordenamiento
urbanístico del pueblo dictando una serie de medidas para ordenar sus
calles y posibles plazas.
Si bien es cierto ya se cuenta con numerosas familias, aún con el
apogeo de la minería la población también refugia su economía en el
ganado; muchos se consideran vecinos por tener casa en la población y no
por vivir en ella, incluso el movimiento del ganado atraviesa en algunas
ocasiones la incipiente ciudad, el que pasta "donde está El Guanacaste y
después se le lleva a abrevar a La Fuente, subiendo por la loma que da a
ese lugar y que posteriormente daría origen a lo que se conoce como el
Callejón de las Vacas" (
).
A fines del siglo XVII va Tegucigalpa era una de las ciudades mas
bellas de centroamérica, tres
calles la atravesaban de este a oeste formando avenidas principales: la
que hoy pasa frente a la alcaldía que era la Calle Real, la que pasa
frente a la Iglesia San Francisco y que se conocía como Calle de Los
Horcones y la última la que pasa frente al Hotel La Ronda y que se conocía con ese nombre y
que dio origen al Barrio La Ronda.
En el centro de la población, a cien metros del convento de La
Merced se encontraba un espacio relativamente amplio que debió haber
tenido alguna importancia comunal no demostrable documentalmente hasta
la fecha, pero que no por eso podemos dejar de pensarlo ya que en ese
espacio estaba construida la
iglesia local. La misma era
de troncos de madera y de apariencia burda por lo que se dice en
documentos del Archivo de Indias a diferencia de los conventos de San
Francisco y La Merced que eran de construcción sólida.
Este templo se conoció como el de la Limpia Concepción ubicado
frente a la plaza Mayor y a un extremo de él se estaba erigiendo el
nuevo templo que más tarde se conocerla como la Catedral de Tegucigalpa.
En el otro extremo de la ciudad, donde los comerciantes se reunían
para intercambiar sus productos y hacer labores propias del comercio se
fue creando un núcleo definido que pasó a llamarse el Mercado Los
Dolores y cerca de él, indios, mestizos y mulatos construyeron un templo
para ellos, en respuesta a la construcción del templo de los españoles y
criollos al cuál ellos no tendrían acceso.
Durante todo el siglo XVIII la ciudad no se expande en mayor cantidad,
su crecimiento puede determinarse si comparamos que para fines del siglo
XVII el convento San Francisco continuaba siendo uno de los límites de
la ciudad y para fines del siglo XVIII ya se hablaba del barrio
La Plazuela, por
encontrarse allí una pequeña plaza local; si bien es cierto las medidas
tomadas por los diferentes alcaldes mayores habían ordenado un poco la
ciudad, el sentido de libertad con que fue creada no había desaparecido,
de aquí que ocurrieran hechos como el de que un vecino cerrara una calle
por conveniencia propia como fue el caso de Pedro Sevilla que había
construido unas tapias que bloqueaban la calle de Los Dolores, una de
las más importantes de la villa();
o el caso de que, como las casas pasaban abiertas todo el día, era
costumbre de los pobladores usarlas como vía de paso para salir a la
siguiente calle ().
No existe un trazado definido, se abren y cierran calles a
conveniencia, lo que si es de hacer notar es de que este fenómeno se da
únicamente en el terreno plano de la ciudad, donde la construcción es
mucho más fácil; de hecho ya existen casas de dos pisos y la zona
montañosa a fines del siglo XVIII comienza a volverse una zona exclusiva
de la ciudad como puede verse en el censo de la alcaldía correspondiente
al año 1785().
Por lo general la mayoría de las construcciones son de piedra extraída
de la parte superior del cerro El Berrinche ()
cuya cantera aún existe en la parte superior del cerro que da a la
ciudad ( es de hacer notar que la
cantera era pequeña, pero fue utilizada a fines de los altos sesenta por
la Fuerza Aérea Hondureña para realizar prácticas de tiro ) o sino de
adobe el cuál era producido en su mayor parte por los vecinos del Barrio
La Joya; esta parte del río Chiquito daba un excelente material para
construir adobes y posteriormente ladrillos, aunque estos últimos eran
de mayor producción en la zona de Santa Lucia.
La ventaja de todo ello era que no había necesidad de traer el
material desde tan largo y la mano de obra se encontraba también de
fácil alcance en la reducción de indios de Comayagüela.
Para inicios del siglo XIX la
ciudad se expande y sobretodo con la administración de don Narciso
Mallol se realizan varias obras de carácter comunal.
Debido a la necesidad de integrar de una forma más efectiva la
reducción de indios de Comayagüela a la alcaldía Mayor de Tegucigalpa,
se procede a la construcción del puente que unió a Tegucigalpa con la
reducción de indios de la Concepción de Comayagüela, así mismo se abrió
una avenida que se llamó Calle Real y se diseñó una Plaza de Armas para
el cabildo de pedáneos (aborígenes) y se pierde el prejuicio de los
criollos de habitar allí.
Si bien es cierto el crecimiento de la reducción de los indios había
llegado a orillas del río, no lo estaban para el lado de la Calle Real y
los criollos comienzan a construir las casas que se encuentran entre lo
que hoy son la primera y segunda avenidas.
Asimismo la vía culmina con otro puente de piedra que se dirige
hacía los Llanos del Potrero hacia la altura de Guacerique, dejando
completamente conectada Comayagüela a la alcaldía mayor de Tegucigalpa. Es obvio que se busca la planada del río por ser un terreno
en el que para construir es menor la inversión y por otra parte el
ejercer un mejor control sobre la reducción.
El otro punto a tomar en cuenta lo es el hecho de que la planada de
Tegucigalpa ya está completamente poblada y que por cuestiones sociales
nadie desea temieran de poblar la zona de barrio abajo. no con esto
queremos afirmar que los constructores de la época no dominaban la
diversidad topográfico de la ciudad, de hecho las casas que se
encuentran en las faldas de la loma del Bosque y la Leona dan una idea
de que se aprovecharon las técnicas de construcción españolas para este
tipo de terreno, utilizando piedra para hacer sótanos cerrados o
abiertos que dieran el nivel a la casa para continuar su construcción ya
fuera también de piedra, de adobe o utilizando una combinación de ambos
materiales, que se encontraban con facilidad en los alrededores de la
ciudad.
El 22 de Agosto de 1849, se eleva a Comayagüela a la categoría de Villa
v se le concede el título de ciudad el 10 de Abril de 1897.
Digno de mención es el hecho de que la municipalidad local vendió a
la alcaldía de Tegucigalpa un predio para ser usado como cementerio en
1879, siendo hasta la fecha la única propiedad que posee Tegucigalpa en
la ciudad vecina. En 1845
se construyó su propio cabildo.
Digno de mencionarse es el hecho de que en 1896 se levanta el edificio
de la Escuela de niñas de Comayagüela ahora conocida como Escuela
República de Argentina. En
1890, el Gral. Luis Bográn intentó la fusión de las dos ciudades en una sola
pero el intento fracasó debido a la fuerte oposición de los indios de La
Cuesta, El Carrizal, Lodo Prieto, La Soledad, La Quebrada Arriba y los
propios vecinos de la ciudad ().
La exposición anterior se
necesita para
poder explicar el siguiente planteamiento.
En la actualidad, políticamente
Tegucigalpa y Comayagüela conforman una sola entidad en los mapas:
Tegucigalpa, M.D.C. Sin embargo, se conserva la idea de que son dos
ciudades, y los nuevos lugares producto del
crecimiento citadino, se establecen entre estos dos lugares no por
asignación catastral sino por el hecho de estar en un determinado margen
del río. Todo lo
que se haga del lado del río que pertenece a Tegucigalpa, será de
Tegucigalpa y lo mismo para Comayagüela.
Esto provoca hechos tales como que cierta parte de la
actual Colonia Loarque esté en Comayagüela y otras colonias aledañas
estén en Tegucigalpa por estar del otro lado del río.
Cosas curiosas de esta ciudad.
La importancia del río en esta división de las dos ciudades y el
establecimiento de una identidad propia es innegable hasta la fecha y
los habitantes arrastran cierta herencia hasta nuestros días.
Si bien es cierto Comayagüela posee un mejor trazo urbano, es
únicamente en la planada del río, fuera de ello, también posee igual
desorden de calles que Tegucigalpa.
Con esto queda demostrado a nuestros ojos la importancia que la
geografía del lugar siempre ha tenido para sus habitantes.
Volviendo a Tegucigalpa, Marco Aurelio Soto decide trasladar la capital
de Comayagüa a esta ciudad, debido a la importancia que para su gobierno
tienen los enclaves mineros del centro del país.
Ello trajo consigo un flujo migratorio bastante fuerte lo que
obligó a la ciudad a expandirse un poco más; esta expansión se produjo
por una parte en las zonas bajas del Picacho hacia lo que se conoció
como Barrio San Miguel y que hoy es El Guanacaste, la otra parte en
Comayagüela en lo que hoy son la primera , segunda y tercera calles
hasta tener contacto con lo que fue la reducción.
Durante el gobierno de Soto la ciudad se llena de nuevos edificios
públicos entre ellos el Palacio de Sanidad que suplantaría el viejo
Hospital General.
Este edificio construido completamente en las afueras de la ciudad
provocaría la construcción de un pequeño puente que diera comunicación a
su calle de acceso. Esto
facilitaría en años posteriores que muchos vecinos de la ciudad
establecieran sus viviendas a lo largo de esa calle Y que por ser uno de
los Lugares más aledaños a la ciudad se fuera poblando poco a poco
primero de quintas familiares y posteriormente de casas propiamente
dichas. Otro hecho a tomar
en cuenta lo es que el camino para ir a la aldea de Suyapa partía de ese
sector del Barrio Guanacaste y cruzaba los carbonales de lo que hoy es
la colonia Lara, la San Miguel v Universidad Norte.
Otro ejemplo de como las rutas de acceso a los poblados determinan el
crecimiento de esta ciudad puede verse en la construcción de la
carretera del sur. La ruta
tomada para salir es la de Guacerique siguiendo la misma ocupada durante
muchos años para dirigirse a los Llanos del Potrero ( hoy Toncontín ) y
posteriormente hacia el Cerro de Hula.
A lo largo de toda esta ruta la ciudad va creciendo sobre todo
durante el siglo XX.
La mayor parte del crecimiento de la ciudad durante la primera mitad
del siglo XX, se basa en las carreteras que cubren los cuatro puntos
cardinales, en especial el norte y el sur y éste es durante muchos años
el patrón de expansión de la ciudad v de hecho también se expande hacia
las rutas que dan a las aldeas: Suyapa,
Jacaleapa, La Sosa, Cerro Grande, Río Abajo, Río Hondo son aldeas de las
que determinaron crecimiento de la ciudad en sus rutas al grado de que
en la actualidad muchas de ellas han sido absorbidas por la ciudad.
Sin una fundación definida, Tegucigalpa es producto de las necesidades
de sus habitantes y de lo que les permitió la topografía del lugar.
No hay fundación ya que fue producto de un fenómeno meramente
causal y no de una intención dirigida; la misma es tangible en la forma
en que la ciudad se fue construyendo a sí misma.
Aún ahora su crecimiento está limitado a la facilidad de vías de
acceso o a lo plano del terreno; en los últimos años se ha expandido a
puntos incalculables y se ha abusado por parte de las clases más balas
de las laderas de los cerros, nada seguras sobretodo en época de
lluvias.
Tegucigalpa no tiene calles estrechas y desordenadas como producto de
un Real de Minas, sino como producto de las conveniencias particulares
de los primeros habitantes y los que estamos ahora continuamos
arrastrando nuestras conveniencias al grado de que preferimos destruir
los antiguos edificios en vez de llevar toda la zona central a otro
lugar más apropiado a las necesidades de una ciudad del siglo XX.
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