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EL SISTEMA EDUCATIVO HONDUREÑO

Por Esther Garwer y Rolando Zelaya y Ferrera

En cuanto a la educación formal, el modelo educativo hondureño ha sido producto de la sucesiva incorporación de ideas desarrolladas en otras sociedades, con procesos de adaptación que no siempre han producido los efectos esperados. Las independencias que en realidad fueron la prolongación de sistemas coloniales sin pertenecer a su metrópoli, marcan una política de remiendos estructurales producto de la incapacidad de las élites de crear instituciones para construir la nación y del hecho de que, en su mayoría, se deshicieron de aquellos (que como Morazán y Bolívar) tenían claro ese proceso constructivo.

En el período colonial la Provincia de Honduras era eminentemente agro-ganadera con algunos centros de explotación mineral; la educación al igual que en otras partes del mal llamado “Reyno de Quauhtemallan” estaba en manos de las órdenes religiosas, únicas que se preocuparon por la educación en ese período: es necesario resaltar el papel de la iglesia Católica como garante de la enseñanza y conservación de todo patrimonio cultural en el período, aun cuando su metodología básica contaba con alto predominio del escolasticismo.

De la iniciativa eclesiástica nacen los colegios Tridentinos, la Universidad de San Carlos de Goatemala y otros centros menores de instrucción; aún los indígenas en especial hijos de caciques, contaron con el beneficio de una educación propia de la época. A juicio de Guillermo Varela Osorio “la iglesia católica fue la institución más poderosa en la transmisión de valores culturales; su influencia se denotaba profundamente sobre el mundo artístico e intelectual, ya que controlaba la enseñanza formal y dominaba casi todos los instrumentos de expresión cultural; la iglesia fue el instrumento con que España trasplantó su patrón cultural a las colonias americanas.”

En este sentido, en el aspecto educativo, desde el inicio de la colonización se instituyeron en el Nuevo Mundo escuelas y  universidades similares a las que existían en España y acordes con el sistema educativo imperante en Europa. En ese tiempo  la creación de instituciones educativas incumbía a la Iglesia y a las autoridades del Estado. Así el sistema educativo de América experimente la creación de Universidades, Colegios y Escuelas.

En todos los casos, las universidades fueran creadas conforme al modelo de la Universidad de Alcalá de Henares, que para ese tiempo era la más importante y prestigiosa de España. Dichos centros eran regidos tradicionalmente por la iglesia Católica, particularmente por los Jesuitas y Dominicos, por ello, los cursos fundamentales se regían en base al sistema Escolástico de enseñanza, que centraba toda la formación educativa en la Teología y la Jurisprudencia. En los mismos, se enseñaba por lo tanto con mayor énfasis Gramática Latina, Retórica, Filosofía Jurisprudencia y Teología. También los aborígenes debían recibir instrucción escolar. En América la creación de escuelas incumbía entonces a las instituciones eclesiásticas y a las, autoridades del Estado. Había también escuelas privadas que impartían los primeros rudimentos de educación a pequeños grupos de hijos de “buenas familias”.

La corona que conocía la importancia de una formación escolar elemental, exigía para la admisión como maestro, la prueba de cualidades morales y profesionales así como limpieza de la sangre. Para el siglo XVIII aumentó considerablemente el número de escuelas primarias en las ciudades americanas.

En general el analfabetismo entre la población banca en América, no era mayor que en metrópoli. Los indios y mestizos que vivían lejos de, las ciudades españolas empero, no recibieron casi ninguna formación escolar. Las escuelas superiores (colegios) fueron en su mayor parte establecimientos de los dominicos y más tarde de los jesuitas. Tras la expulsión de estos, muchos de los colegios dirigidos por ellos pasaron a ser propiedad del Estado. Para los hijos de los caciques y otros indios distinguidos, se crearon colegios especiales.

Pese a lo anterior, el territorio hondureño impone su magnificencia y los centros quedan aislados unos de otros, en especial el Colegio Tridentino de Comayagua, centro intelectual de la época. Por otra parte, la política social española toleraba que la iglesia protegiera a los indígenas y los educara si podía, pero no así la gran masa desprotegida conformada por mestizos de todas las clasificaciones, quienes, por temor a que crecieran demasiado en número, tenían prohibido las actividades mas elementales de vida como trabajar, casarse y hasta reproducirse marcando su vida al margen de la ley: ser mestizo es ser ilegal. Por ende la educación para esta gran masa es totalmente inexistente por lo que engrosan las filas del analfabetismo colonial que pagará su precio posterior a las “independencias nacionales” de principios del siglo XIX.

Al término de la época colonial había en América española 26 instituciones superiores dotadas de privilegios universitarios. A fines del siglo XVIII el nivel de la enseñanza en el nuevo mundo parece haber sido apenas inferior al de Europa.

Durante el período independentista nacieron los primeros lineamientos para la educación primaria. En 1821, al proclamarse el Concordato de Guatemala y el posterior surgimiento de la Federación Centroamericana; como parte de las políticas federales, surge formalmente la generalización pública de la enseñanza. El 30 de octubre de 1822 el Dr. Juan Lindo, en su carácter de Gobernador Político Superior e Intendente de la Provincia de Honduras, dicta una orden para la apertura de escuelas de primeras letras a las que debían asistir todos los niños desde los cinco a los catorce años sin distinción alguna. Pero las guerras entre colonialistas y liberales impidieron el desarrollo del país y por ende de cualquier estrategia de beneficio general que no apoyara políticamente la causa de alguna de las partes en conflicto, conflicto que no solo fue acérrimo y que dio paso a profundos odios que lograron enfrentar a los ciudadanos del mismo país como si fueran completos extraños. La escuela del odio surgida en el período colonial continuaba en la Centroamérica federal. Muy poca ejecución tuvieron las atinadas disposiciones de Juan Lindo.

En 1830 el jefe de Estado, Francisco Morazán —quien sostenía: «La educación es el alma de los pueblos y abono de los ejércitos de la libertad»— decretó la organización de la instrucción pública con una primera Ley de Educación, la que impulsó siendo presidente federal de Centroamérica, pero que como todo lo logrado en el período fue destruido al caer la nación en el divisionismo estatal. Impulsó el uso del método lancasteriano que consiste en utilizar  a los alumnos más aventajados para transmitir los conocimientos aprendidos a otros compañeros, método propicio en una Honduras con gran escasez de maestros. Simón bolívar fue uno de los primeros en utilizarlo.

A Centroamérica el método lancasteriano llegó pocos meses antes de que se iniciara el proceso federal en 1825. Las autoridades apoyaron el método y fue precisamente Francisco Morazán, Secretario General del estado de Honduras durante el gobierno de Dionisio de Herrera, quién distribuyó los folletos pertinentes al método que explicaban su uso y practicidad. Es obvio que, al asumir la Presidencia Federal, Morazán no dudó en patrocinar su empleo, en su primer informe de gobierno afirma que “han sido abiertas escuelas de primeras letras en todas partes y se ha hecho grandes progresos en aquellas creadas bajo las reglas del admirado sistema de enseñanza mutua”. En dicho informe planteó la necesidad de un Código de Educación Pública como el mejor medio de crear una base uniforme a la enseñanza y estimular su desarrollo.

Posterior a la desaparición de la Federación, el Estado de Honduras pasa por una reorganización retrógrada en sus inicios al eliminar todas las reformas legales impulsadas por Morazán y regresar casi a la fuerza a la misma situación de 1821. Sin embargo, aunque esta pésima obra inicial estuvo en manos de Ferrera, los gobernantes posteriores dieron señales de ir con los tiempos. El Dr. Juan Lindo, siendo presidente de la República, autorizó el 14 de diciembre de 1845 el funcionamiento de la «Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto», que sería elevada al rango de Universidad de Honduras el 19 de septiembre de 1847, quedando establecida la educación superior en el país. En el mismo año, el 23 de marzo, fue emitida la segunda Ley de Instrucción Pública.

En 1863 el presidente José María Medina decretó la creación de institutos de segunda enseñanza en los departamentos de la República. También emitió la tercera Ley de Instrucción, el 21 de febrero de 1866. En 1875 Don Ponciano Leiva fundó el Colegio San Carlos en Santa Rosa de Copán y el Colegio La Independencia en Santa Bárbara; además emitió el primer Reglamento de Instrucción Pública.

En la administración del Dr. Marco Aurelio Soto, enmarcada dentro del proceso de reforma liberal, la educación fue declarada laica, gratuita y obligatoria, y por primera vez quedó estructurado el sistema educativo en los niveles primario, secundario y superior. Fueron creadas las primeras escuelas especializadas y se desarrolló un vasto programa de fundación de colegios de segunda enseñanza. Inclusive, se fundó el primer colegio bilingüe de señoritas. El primer Código de Instrucción Pública fue emitido el 12 de febrero de 1882, fecha en la que se acordó también la fundación de las secciones de educación normal en las escuelas secundarias. El 12 de enero de 1889 quedó instalado el Ministerio de Educación Pública, se orientó la educación a los métodos de observación e inductivo en la enseñanza de las ciencias, y se alternaron los estudios académicos con el aprendizaje de un oficio, arte liberal o mecánico.

Es la presidencia del general Manuel Bonilla en la que se iniciaron las medidas más estructuradas de comienzos de siglo XX. Su gestión educativa fue quizás inspirada por su origen social y por su vocación educadora; consecuente con ella, realizó el primer censo escolar, las primeras bibliotecas escolares y sus normas, para el fomento de la lectura y el pluralismo cultural; asimismo efectuó un esfuerzo pionero por importar los mejores libros de texto.

Una de las medidas más relevantes fue normar la selección de maestros con criterios de idoneidad e imparcialidad. Igualmente trascendentales fueron: la emisión del primer Reglamento General de Instrucción Primaria; la creación de las escuelas primarias en los cuarteles; la inspección escolar; las primeras escuelas primarias rurales, y el inicio de la formación de profesionales y técnicos; la creación de más escuelas normales de señoritas y de varones, que proyectaron una filosofía educativa modernista y positivista, aunque centrada en el maestro y el conocimiento memorista, con una disciplina basada en el rigor y una didáctica rígida, que marcaron el sistema educativo en los años siguientes.

La escuela hondureña fue objeto de revisión y se redirigió hacia una escuela nueva en la administración del general Tiburcio Carias Andino, con programas de enseñanza primaria adecuados a la época y reformas a los programas del magisterio para introducir el estudio de los métodos pedagógicos contemporáneos. En tal sentido también creó los cursos de perfeccionamiento del magisterio nacional (1933), e impulsó la cultura física y la educación musical. En 1937 nació una escuela especial para sordomudos, y en 1942 la Escuela de Ensayos N.° 1 en la que se puso en práctica el método de los centros de interés, y se desarrolló el Programa de Maestros Asociados. En la organización y funcionamiento de este centro de enseñanza comienzan a aplicarse los principios de la escuela nueva. En 1942 hubo una campaña de alfabetización de adultos, tanto en las poblaciones urbanas como en las rurales, que permitió en 1945 una matrícula de 35,000 adultos en las escuelas nocturnas. En el mismo año se fundó la primera escuela normal rural.

La educación hondureña en la segunda mitad del siglo XX puede describirse a partir de procesos que se entrecruzan para permitir una caracterización, hablamos entonces de la expansión de la cobertura del sistema formal, la diversificación de los tipos de instituciones y de los programas educativos, la tendencia a la modernización en los aspectos propiamente curriculares, y la sucesión de políticas educativas y de reformas en la gestión.

De hecho en 1953 se define una nueva clasificación de la educación, surgiendo así la educación preescolar, educación primaria, educación de adultos, extraescolar, educación media y educación superior. En 1957 la Universidad Nacional Autónoma de Honduras adquiere su autonomía y se crea —con el auspicio de la UNESCO— la Escuela Superior del Profesorado «Francisco Morazán» para la formación, profesionalización y actualización de los docentes del sistema educativo nacional. Se emite el decreto N.° 173, mediante el cual se instituye la centralización administrativa y financiera de la educación primaria, que continúa en 1958. La primera etapa se concreta con la reforma de la educación media realizada en 1959 con la creación del ciclo común de cultura general, cuya duración es de tres años y cuyo fin es la orientación hacia la educación profesional y el ciclo diversificado. En 1965 se crea la Oficina de Planeamiento Integral de la Educación, como unidad dependiente del sistema de educación, con competencia sobre el proceso educativo encomendada por las leyes de educación en lo relativo a la investigación, planificación y evaluación de los programas.

En 1966, mediante la emisión de la Ley Orgánica de Educación, el sistema educativo fundamenta su estructura en un cuerpo de leyes que comprende los tres niveles, no solamente en el aspecto educativo propiamente dicho sino en los beneficios que proporciona el ejercicio de la docencia. En el año de 1967 se continúa con la revisión y reforma de los planes y programas de estudio para la educación primaria a través de COREPLA (Comisión Coordinadora para la Revisión y Reformas de Estudio). En 1972 se creó la Comisión Nacional de Reforma de la Educación (según acuerdo N.° 126-EP) como cuerpo técnico de alto nivel integrado mediante nombramiento del poder ejecutivo a través del Ministerio de Educación, con representantes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, los colegios de maestros y profesores, el Consejo Superior de Planificación Económica y el Ministerio de Educación. La Comisión tendría por finalidad el estudio, la orientación y la dirección técnica de los procesos de reforma de la educación nacional en los niveles de parvularia, primaria, media y Escuela Superior del Profesorado «Francisco Morazán», estableciendo las relaciones necesarias para la coordinación con la Universidad Nacional Autónoma y con todos los centros de nivel medio superior dependientes de otras secretarías de Estado.

En su lucha por mejorar la educación en el país, la Secretaría de Educación inició desde 1994 la implementación de un nuevo modelo educativo: la Escuela Morazánica, la cual formaba parte del Plan Nacional de Desarrollo Educativo 1994-1997. El modelo en referencia implica profundas reformas de fondo y de forma que se espera den origen al ciudadano que Honduras necesita para el desafío futuro.  A partir de 1996 se incorporó en la estructura del sistema educativo nacional el nivel de educación básica, ampliando los seis grados de la educación primaria actual a nueve grados, lo que conlleva una profunda transformación curricular en cuanto a contenidos, métodos y materiales educativos. En 1998 surge el Programa Hondureño de Educación Comunitaria (PROHECO) —constituido legalmente, mediante acuerdo N.° 008 de fecha 5 de mayo de 1998— como una respuesta a la necesidad urgente de brindar educación a aquellas comunidades mas postergadas de la nación, implementando una estrategia de participación comunitaria con la finalidad de incorporarlas activamente a las en los procesos de desarrollo educativo a través de asociaciones educativas comunitarias.

En 1999 se organiza el Foro Nacional de Convergencia (FONAC); en el marco de sus funciones, creó una comisión de educación encargada de coordinar las acciones de los actores principales del proceso educativo, tanto público como privado, formal y no formal y miembros de todos los niveles del sistema. El trabajo de esta comisión durante más de un año y medio dio como resultado la presentación de la «Propuesta de la Sociedad Hondureña para la Transformación de la Educación Nacional».

El sistema educativo de Honduras se considera como el más atrasado de Centroamérica pues apenas 32 de cada 100 estudiantes logran terminar la primaria sin repetir grados, indican estadísticas de Naciones Unidas. Datos del Programa para el Desarrollo de la Organización de Naciones Unidas (PNUD) revelan hoy, además, que el 51% de los matriculados termina la primaria con un promedio de 9,4 años y que los niveles de deserción escolar cada vez son más elevados. El más agudo problema es que el sistema educacional básico sólo cubre al 86,5% de quienes están en edad escolar, mientras el 13,5% restante no puede acceder a la enseñanza.

Aunque la Constitución hondureña estipula de modo formal que los menores deben ser atendidos por los servicios educativos, muchos arriban a la mayoría de edad analfabetos, mientras el Estado trata de justificarse con la insuficiencia de los recursos a su alcance. El analfabetismo abarca a más de medio millón de personas en este país, es decir, casi el equivalente de toda la población mayor de 15 y menor de 40 años. Las fuentes agregan que el problema se agudiza ante la escasez de recursos públicos y una insuficiente y poco equitativa oferta en el orden educacional, tanto en cantidad como en calidad. También la necesidad de mejorar los ingresos familiares obliga a muchos niños a dejar la escuela para dedicarse al trabajo, generalmente de forma permanente.

A esto se une el bajo nivel educativo alcanzado por muchos padres, por similares razones, y las condiciones precarias en que vive más del 80% de los hondureños. En 10 de los 18 departamentos en que se encuentra dividido este país, el segundo más depauperado de Centroamérica, más del nueve por ciento de los estudiantes se ven precisados a repetir grados. Las cifras acumuladas por el ministerio del ramo reflejan que ningún departamento de Honduras alcanza, como promedio, los seis años mínimos de educación primaria. Según datos recientes de indicadores de eficiencia educativa, por cada mil alumnos matriculados en el primer grado en 1990, sólo 292 (29%) completaron la escuela primaria en seis años y 468, es decir, un 46%, no lograron llegar al final. Mucho más preocupante resulta el panorama universitario, en el cual la tasa de aprobados no logra sobrepasar el 20%, incluso, en centros como la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Al ritmo que marcha el sistema educacional en este territorio, bajo la administración del presidente Ricardo Maduro, resultarían necesarios 23 años al menos para lograr un acceso a la escuela similar al registrado en naciones del área como Costa Rica y Panamá. Evaluaciones realizadas por organismos internacionales denuncian el atraso de la inversión estatal en el sector con respecto a la mayoría de los países de la región y que el modelo educativo vigente desde hace más de una década en Honduras ha llegado a sus límites.

 

Fuentes en esta investigación:

http://www.oei.es/quipu/honduras/cap02.pdf

http://www.cornellcollege.edu/spanish/courses/spa385/Honduras/Educacion.htm

http://rds.hn/index.php?documento=5305

http://www.globalexchange.org/countries/americas/honduras/EducationSp.html

http://rds.hn/index.php?documento=5304

 

 

 

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